Amar la Patria es el amor primero....... Malvinas Argentinas

Amar la Patria es el amor primero....... Malvinas Argentinas

malvinas
























"Amar la Patria es el amor primero



y es el postrero amor, después de Dios



y si es crucificado y verdadero,



ya son un solo Amor, ya no son dos."



P L. Castellani


























EJERCITO / ARMADA- Operación Rosario



































































































































EJERCITO ARGENTINO



Grupo de Artillería de Defensa Aérea 601/101

















































EJERCITO ARGENTINO



Compañia de comandos 601/602





Fotos extraidas del libro "COMANDOS EN ACCION"

I. J. Ruiz Moreno





























































EJERCITO ARGENTINO



Grupo de Artillería 3

























Batallón de Aviación de Combate 601
















































FUERZA AEREA ARGENTINA









































































































































































ARMADA ARGENTINA









































































































































































A.R.A. SANTA FE























A.R.A. SAN LUIS







































PREFECTURA NAVAL ARGENTINA





























































GENDARMERIA NACIONAL
























RELATOS





RELATO EXTRAIDO DEL LIBRO: "COMANDOS EN ACCION" -I J Ruiz Moreno



Los Comandos argentinos despertaron muy temprano, aún oscuro. ¡ Estaban nuevamente sin frío después de haber dormido secos, recuperados físicamente; y mientras desayunaban con chocolate caliente y galletitas, comentaron lo que hubieran sufrido de haber permanecido en Monte Simons. Concluido el refrigerio todos comenzaron a alistar sus equipos, ya con buen ánimo para soportar otra jornada de marcha. Eran las ocho y empezaba a clarear

En ese momento oyeron ruido de helicóptero. Algunos especularon en un rescate anticipado: no estaban muy lejos de la capital era el día señalado el tercero de su misión- para ser recuperadas, y la zona era la probable. No era creíble que se tratara de un aparato británico; pero alguien acotó que los argentinos no volaban sin luz. Paso cerca, a unos cuatrocientos metros, y el sargento primero Pedrozo observó:

-Me pareció ver que no tiene la franja amarilla.

A causa de la bruma poco se distinguía, ni aun recurriendo a los visores nocturnos, y sólo se oían los motores · que al rato cesaron. Reinaba incertidumbre, pero se aceleraron los preparativos para abandonar el edificio. El capitán Vercesi, ya con su correaje colocado aunque sin la mochila puesta, se hallaba en la cocina, y echando rodilla en tierra, intentó comunicarse por radio. En el segundo piso el teniente Espinosa recorría el horizonte con la mira telescópica de su fusil. De pronto exclamo:

-¡Me parece que hay gente que viene avanzando!

No, mi teniente - opinó el sargento primero Helguero-, deben ser ovejas, que hay muchas por acá.

Un lúgubre presentimiento dominó a Vercesi. A su lado se hallaba el Sargento primero Sbert, a quien mucho apreciaba por haber compartido varios destinos anteriores, y ante la extrañeza de este, le tendió la mano:

-¡Suerte, Turco!

Los elementos del M. and A. W Cadre (Cuadro de guerra para la Montaña y el Artico) descendieron del helicóptero a mil metros de la posición argentina. El capitán Boswell colocó a los siete hombres de su grupo de apoyo comandado por el teniente Murray a ciento cincuenta metros de la casa, mientras con los doce del grupo de asalto la contorneó hacia el sur-este, protegido por una elevación. "Como son tropas especiales"", pensaba, seguramente tienen centinelas afuera"". El Sargento McLean, del grupo de apoyo, se aproximó a Boswell para transmitirle una sugerencia del teniente Murray: con pedazos de turba habian moteado sus uniformes para avanzar más disimulados, por cuanto estos oscuros sobre la nieve, los anunciarían a un centinela alerta. El capitán era consciente que el suelo por donde se movían estaba dominado por una ventana del piso superior, como un ojo que los vigilara"".

Cuando Rod Boswell consideró que estaba suficientemente cerca de casa y a la vista de su grupo de apoyo, dio orden de "calar bayonetas"". El sargento Stone musitó:

-Es un engaño: no hay nadie allí.

Ante el anuncio del teniente Espinosa del avance de hombres no identificados, el sargento primero Castillo subió la escalera: efectivamente distinguió bultos, pero sin precisar su naturaleza, pese a que ya se había levantado el sol y la claridad permitía distinguir mejor el campo. De pronto un haz de luz resplandeció sobre una de las presuntas ovejas: un soldado británico reflejaba el sol en el anteojo de campaña con el cual quiso observar mejor la casa.

-¡Ingleses! Ahí vienen!- fueron los instantáneos gritos que resonaron dentro.

Automáticamente el teniente primero Gatti, el radiooperador, sacó sus claves e instrucciones del bolsillo y las quemó. Todos se pusieron en movimiento para salir, Castillo gritó a Espinosa, mientras se abalanzaba hacia la escalera:

-¡Vamos mi teniente!

este le replicó:

- ¡No, yo me quedo! De acá tengo más campo de tiro!

En el mismo instante que abría el fuego, la casa tembló por la explosión de un proyectil antitanque Carl Gustav. y comenzaron los disparos de ambas partes. Los ingleses se incorporaron y avanzaron corriendo; varios de ellos utilizaban lanzacohetes descartables Law de 66 mm y fusiles lanzagranadas M-79 de 40 mm. Vibraba la estructura de la casa por los impactos sobro sus chapas exteriores, y cantidad de balas atravesaban las endebles paredes de madera.

Los Comandos argentinos no vacilaron en abandonar el edificio para luchar mejor desde el exterior. El capitán José A. Vercesi logró llegar corriendo hasta un alambrado colocado antes del arroyo, allí tomó posición de pie - no atiné a tirarme al suelo- y comenzó a hacer fuego y a recibirlo.

Salimos entre los dos, yo te apoyo - avisó el sargento primero Omar Medina al teniente Martinez. Al hacerlo, este último sintió que lo golpeaba fuerte en la espalda una granada caída dentro de la casa, y cayó al suelo. Comenzó a arrastrarse. El impacto había sido en la cocina, volteando un panel sobre Medina, al que tiró aturdido contra la pared. Pero también pudo salir y quedó contra un ángulo exterior, al lado de una ventana, oyendo los disparos y gritos.



El sargento primero Castillo se precipitó escaleras abajo, y al pisar el último escalón sintió la explosión de un cohete detrás, que destrozo e incendió la escalera. El humo comenzaba a invadirlo todo. Luego de Castillo quiso abandonar el edificio Helguero. pero una granada que explotó en la puerta, entre ambos, lo hirió en el pecho arrojándolo hacia adentro sobre Pedrozo, que venia atrás.



Una granada lanzada con fusil M-79 penetró por la ventana del piso superior, matando instantáneamente al teniente Espinosa. El estallido aturdió a Brun y Gatti, que estaban allí: un acre olor a pólvora se sintió en forma penetrante. La llamarada. el ruido y la sensación de vacío que produjo conmocionó a los dos oficiales sobrevivientes por unos instantes. La casa temblaba por los tiros y ya comenzaba a arder. Gatti se recobró del shock causado por la onda expansiva, tomó su fusil y fue hacia la escalera: ésta no existía, era un completo aro de fuego hasta abajo. Sin pensarlo saltó por medio de él.

El teniente primero Brun, al tiempo que Espinosa caía hacia atrás ensangrentado, sintió una esquirla que le cortaba la frente. Supo que la próxima explosión no lo perdonaría, e instantaneamente tomó su decisión: se zambulló a través del traga luz

A medida que caía podía oír los balazos que pegaban contra la pared enchapada. Cayó desde una altura no menor de cinco metros, procuran do cubrirse la cabeza, pero recibiendo tan fuerte golpe que quedó completamente aturdido. A merced a su excelente estado físico y a la inmediata reacción no fue muerto en esa oportunidad. A un tremendo dolor en la frente y en la cabeza toda se sumó que no veía bien: ; Dios mío perdí un ojo!, Pensé en el acto, aunque la falta de visión habrá sido producida por la pólvora que le quemó la cara, o la sangre que le caía en la frente.

Los Comandos argentinos hablan logrado en su mayoría abandonar Top Malo House. La abnegación de Espinosa, que con su resistencia atrajo el fuego enemigo hacia el segundo piso, y la reacción de aquellos de salir para combatir sorprendiendo a la tropa británica, habían impedido el total aniquilamiento de la patrulla. En forma descuidada disparando de pie con sus pistolas ametralladoras y lanzagranadas desde la cintura, sin cubrirse, los ingleses posiblemente no tuvieron en cuenta el impulso de la sección de Comandos.

Estos avanzaron corriendo hacia el arroyo, al tiempo que tiraban con sus fusiles. Las balas enemigas pegaban en el suelo siguiendo sus huellas. El teniente primero Brun pudo hacer algo más de cincuenta metros hasta que cayó sentado, atontado, sintiendo un constante zumbido en su cabeza a consecuencia de su violento golpe, De pronto vio venir derecho hacia él una granada: en forma instintiva la alejó con su mano al llegar, a tiempo que tornaba la cabeza. La granada explotó muy cerca, cubriéndole de esquirlas la espalda, y averiando su fusil. Brun sacó la pistola e hizo fuego contra un escalón británico que divisaba, pero a los pocos disparos se le trabo tomó entonces una granada y la tiró, pero por la conmoción sufrida olvidóse de quitarle el seguro. En esos momentos un tiro hizo impacto en su pantorrilla derecha.

EI teniente primero Gatti también había podido salir, llegando ileso a una zanja situada doscientos metros abajo de la casa, antes de alcanzar el arroyo Malo. Cerca del capitán Vercesi Gatti disparaba arrodillado. mientras veía cómo la munición enemiga levantaba el barro a su alrededor.

El teniente primero Horacio Losito estaba herido: al abandonar el edificio en medio del humo que lo envolvía y las balas que lo atravesaban, dirigiéndose por la cocina hacia el porch para alcanzar el arroyo, una granada había reventado contra la pared dos metros atrás, derribándolo ensordecido y lastimado en la cabeza. Un golpe quemante, un ardor fuerte, pero seguía dueño de sus movimientos. La sangre le caía detrás de la oreja y por la mejilla un grupo de cuatro ingleses ubicados a no más de veinte metros lo dieron por muerto y continuaron accionando sus lanzagranadas contra la casa sin prestarle más atención. Entonces Losito se levantó y medio agazapado vació contra ellos un cargador en automático: un soldado cayó tocado en una pierna y el resto echó cuerpo a tierra. El oficial argentino emprendió carrera hacia el arroyo, cambiando de posición y disparando a cada rato, perseguido por los proyectiles enemigos; esperaba a cada instante un tiro en la espalda. Era intención de Losito cruzar el curso de agua y trepar por la altura del frente - la casa estaba ubicada en una hondonada-, pero unos cuatro metros antes de alcanzar el Malo encontró la zanja decidió ocuparla. Al darse vuelta para hacer nuevos disparos, un impacto en su muslo derecho lo volteó de espaldas en la zanja. Herido dos veces, rodeado de enemigos que avanzaban haciendo fuego y sin posibilidad de reaccionar, se dio por muerto:

-¡Cristina. no voy a poder volver! -exclamó en voz alta.

El sargento primero Medina estaba resguardado en una esquina del edificio, cuando por encima dejas explosiones, oyó que arriba de él se rompían vidrios y vio tirarse a un hombre: era Brun. Un soldado inglés se aproximaba gritando; le hizo fuego y lo abatió. El suboficial enfermero Pedrozo y el sargento primero Helguero pudieron zafarse de la casa en llamas y abandonarla a través de una ventana, cayendo aturdidos por los estampidos, mas luego echaron a correr. A los quince metros Helguero se desplomó herido en el pecho. Omar Medina se dio cuenta que quedaba solo y que el enemigo estrechaba el cerco. Con la protección que le brindaba el fuego que el sargento primero Sbert hacia, alcanzó la zanja donde sus compañeros estaban tirados, y arrodillándose comenzó a disparar:

Los británicos se aproximaban a ellos, y estaban a cincuenta metros cuando Medina pudo hacer impacto en un inglés, al cual siguió tirándole ya caído por ignorar si había muerto, De repente Medina sintió un golpe en su pierna izquierda, que no creyó herida por no sentir dolor al tiempo que una granada reventaba tras de si matando a Sbert, Retrocedió Medina y pudo derribar a otro soldado enemigo. Pero la patrulla de Comandos estaba completamente aferrada.

Es indudable que a posición argentina pudo haber sido eliminada sin correrse riesgo atacándola con cohetes y bombas desde el aire. Quizá el M. and A. W Cadre haya imaginado que luego de sus primeros disparos, los refugiados en Top Malo House se rendirian que no saldrían a combatir afuera; pues lo cierto es que permitiéndoles abandonarla sin estar, rodeada por, completo -comenzaron a hacerle fuego desde un flanco mientras avanzaban- los militares argentinos opusieron una enérgica resistencia que ocasionó varias bajas al equipo de Boswell. Una "fiera y breve batalla"", la califican Hastings y Jenkins.

Con todo, por más ardoroso que fuera su ánimo, la primera sección de la Compañía 602 no tenia escapatoria. Ignoraban quienes calculaban poder replegarse cruzando el arroyo, que detrás de éste ocultos en la elevación que lo dominaba, permanecía al acecho la patrulla del Teniente Haddow que diera aviso, de la presencia de los Comandos.

EI teniente Daniel Martinez había guarecido en el cobertizo del fondo, arrastrándose en dirección al agua · en medio de los proyectiles que le pasaban por encima o pegaban cerca de él, disparó contra un par de soldados que iban corriendo, obligándolos a tirarse al suelo, Martinez notó que los ingleses tenían dirigida su atención a la zanja cercana al arroyo donde sus compañeros, en línea, respondían al ataque. Mientras tanto, un británico salió velozmente del depósito de atrás, disparándole, pero Martinez le abrió con una ráfaga de FAL y cayó a tres metros de distancia.

El fragor del combate se aumentaba por el ruido de las municiones que explotaban dentro de la casa en llamas.

El teniente primero Losito, caído sobre el extremo de lo precaria trinchera había podido observar cómo Medina se movía hacia Sbert al ser éste muerto por el estallido de una granada; y sabiendo que él también iba a sucumbir, reinicio sus disparos medio agazapado como estaba, dificultosamente, A veinte metros por, la derecha avanzaban dos ingleses con sus boinas verdes, a paso ligero, disparándole con sus pistolas ametralladoras Sterling: Losito derribó a uno de ellos, un hombre grande y rubio que recibió el impacto en el estomago y cayó hacia atrás.

En la otra punta de la línea, el capitán Vercesi vio llegar a donde estaba al teniente primero Brun, cubierto de sangre de la cabeza a los pies, quien cayó a su lado. Detrás de los tiradores británicos que avanzaban en cadena, pudo distinguir que cerca de la casa el enfermero, sargento primero Pedrozo arrodillado para cubrir a Helguero, agitaba un trapo blanco indicando que allí habla un herido y que no combatía. El jefe de la sección miró a Brun "con sus heridas espectaculares" y le dijo:

-Esto no va más...

El oficial le hizo eco:

-No, no va más.

Entonces el Capitán levantó su fusil ordenando cesar la lucha. con un setenta por ciento de bajas, no tenia sentido proseguir la briosa resistencia; sólo quedaban ilesos él mismo, Gatti y los sargentos primeros Castillo y Pedrozo. El teniente primero Gatti lo imitó:

-¡Alto el Fuego!, ¡alto el fuego!.

Miguel Angel Castillo no se conformó, e instaba:

-¡Todavía no se entregue, mi capitán!

No muy lejos, tirado en la zanja, Losito podía observar que continuaban rebotando impactos en torno a su compañero. posiblemente porque algunos ingleses no se habian percatado del gesto, y gritó desesperado:

-¡Gatti, cúbrase; no se rindan. carajo. porque nos van a matar!

-Mi teniente primero -le contestaba aquél-, no tire más que estamos totalmente rodeado

Horacio Losito no cejó. Dispuesto a morir peleando se preparó para disparar al otro soldado de la pareja que se le acercara, pero ya no pudo hacerlo: la pérdida de sangre se lo impidió y se derrumbó de espaldas al pozo. Plenamente conciente todavía, pudo ver que el enemigo, un hombre bajo, morocho de bigotes, se paraba con sus piernas abiertas sobre el borde apuntándole con su pistola ametralladora. un instante fugaz se encomendó a Dios, esperando morir rápido. Volvió a levantar los ojos y el ingles le intimó:

-¡Upyour hand!, ¡upyour hand! (Arriba las manos).

Losito estaba muy débil y el inglés lo notó: dejó su ametralladora, y quitándole el fusil, tomó al oficial por la chaquetilla para sacarlo, del fondo, con palabras de aliento.

-No problem. no problem, is the war (No hay cuidado, es la guerra)

Le hizo un torniquete en una pierna y le inyectó morfina de una jeringa descartable que sacó de su pecho, luego de lo cual le pintó una M en la mejilla. Enseguida pidió auxilio para transportarlo.

Sonaban todavía algunos disparos. El sargento primero Omar Medina, sordo por las explosiones y atenta sólo a su frente. mantenia el fuego, y GATT le grito:

-¡Medina, Gordo. dejá de tirar que nos matan a todos: no ves que nos rendimos!

Cuando el suboficial Levantaba sus manos, volvió a ser alcanzado en el muslo de la misma pierna izquierda por una granada: una herida impresionante, muy grande. Se acercó el cabo primero Valdivieso para ayudarlo y fue también alcanzado, cayendo al suelo.

El fuego cesé bruscamente, por ambos lados. Miguel Angel Castillo no quiso correr riesgos: "Yo me quedé tirado", me relato, "pensé que si me paraba me iban a colocar fuera de combate, así que me quedé en el suelo con el fusil al costado". Hasta que llegaron dos tipos a mi lado: apartaron con su pie el fusil, me apuntaron, y por señas me indicaron que me levantara"". Todos los británicos avanzaron para tomarlos. Cada uno de los argentinos permaneció en el lugar en que se hallaba y los hombres de Boswell se apoderaron de su armamento y les hicieron quitar el correaje. Se oían quejidos.

-Finish the war, (Terminen la guerra) -repetía el jefe británico para abortar cualquier reacción desesperada, aunque el estado de los Comandos argentinos tornaba ilusoria alguna medida más.

A distancia. Top Malo House concluia de arder.

Al concluir el combate, desde el otro lado del arroyo apareció la otra patrulla británica, gritando, que abrazó los vencedores: 1a patrulla de Haddow, que había observado toda la batalla, avanzó corriendo, agitando una bandera británica como una señal para ser reconocido. No quisieron correr el riesgo de ser tiroteados por su propio bando en la excitación, con la adrenalina aún fluyendo"", indica el brigadier Thompson.

Los británicos ataron las manos de sus prisioneros mientras los revisaban, y luego volvieron a soltarlos. indicándoles que recogieran o sus heridos y muertos. Ellos también comenzaron a atender a los de uno y otro lado, juntando las armas y correaje de aquellos; algunos mantenían apuntados a los Comandos ilesos, El capitán Rod Boswell, con una libreta en la mano, pasaba lista a voces para conocer sus bajas. Éstas eran relativamente numerosas, dada la iniciativa del ataque y el armamento el lado: 5 muertos y ocho heridos, Algunos hombres lloraban en torno a un cadáver que posiblemente fuera el segundo jefe del M. and A. W. Cadre.

Los Comandos argentinos en mejor estado fueron a alzar a sus compañeros. Vercesi pasó junto a un herido inglés muy pálido, de bigote fino, alcanzado en el pecho, que se hallaba tirado en el suelo apoyado en el regazo de un camarada, quien lo saludó murmurando:

-Friends. friends. (Amigos).

Los que aparentaban estar más graves eran los tenientes primeros Brun y Losito, completamente cubiertos de sangre; el Teniente Daniel Martinez fue interrogado para saber si había sido tocado:

-No problem -contestó, ignorante del balazo que habla recibido en un pie. En un grupo estaban reunidos Medina, Valdivieso y algo alejado Losito: se acercó Pedrozo quien se había hecho reconocer como enfermero- con su brazalete ostentando la Cruz Roja colgado de la mano. acompañado de su custodio, y controlando el pulso de Omar Medina, y dijo:

-Quedate tranquilo; no tengo nada para darte ahora; esto está coagulando bien. Acordate de soltar el torniquete para que circule la sangre.

Al suboficial lo había vendado un inglés. Otro que se aproximó comenzó a tratarlo con un paquete de curaciones; la hemorragia hizo que el sargento primero se desmayara por un momento. Recuperado a poco, fue el teniente Martinez para cargarlo:

-Cómo pesás! A mi no me pasó nada- le explicó, desconociendo aún haber sido también herido, Pero ni llegar al lugar de reunión, Martinez,. Sintió un dolor como una torcedura""; asombrado, hizo un movimiento y pudo ver que salían borbotones de sangre"" según relata. Se quitó el borcegi y la media y comprobó que había alcanzado en el talón una bala de fusil M-l6, sin orificio de salida, uno de los militares británicos comenzó a hablarle, Pedrozo le tradujo:

-Dice que te tapes para que no se enfríe, porque te va a doler.

Daniel Martinez volvió a calzarse, ató bien su borcegui y se hizo un torniquete, sintiendo efectivamente mucho dolor: "y pasé a ser un herido más.

El suboficial enfermero tuvo una lucida actuación: sin elementos, trató de contener las hemorragias y de calmar a sus compatriotas. "Yo no empecé a temblar con chuchos por la pérdida de mucha sangre y estar muy mojado"". me refería el teniente primero Losito. "y él sacó al sargento primero Sbert que estaba muerto, su gabán de douvet y se lo coloco: se sentó en la nieve y me puso sobre su regazo, abrazándome para darme un poco de calor", Igual procedimiento empleó el teniente primero Gatti con el sargento primero Medina.

Los prisioneros, heridos e ilesos, fueron retenidos a un costado de la casa incendiada, hasta que helicópteros vinieran a llevarlos, El capitán Vercesi se detuvo al lado del cadáver del sargento primero Sbert, muy conmovido:

-¡Qué me has hecho. Turco!

Al teniente primero Brun lo animó el ver a Losito vivo, quien lo alentó:

-Tranquilo. Cachorro, no más. -

El médico británico revisó a todos, marcando con una M sobre la frente a los inyectados: con morfina, La pierna de Medina, desgarrada y con su fractura expuesta, presentaba mal aspecto; Helguero estaba muy preocupado por su herida sobre el corazón, porque ignoraba su profundidad. Vercesi se notaba sumamente afectado: pidió ir por el teniente Espinosa pero el capitán inglés meneó su cabeza y le dijo que era inútil. Conmovía a todos la suerte del abnegado oficial. el joven alegre siempre hablando de sus hijitas. Mirando la casa que terminaba de quemarse, Brun murmuro:

-Espinosa está ahi adentro...

La morfina y la atención los calmaron, y comenzaron a observar a sus vencedores, pintarrajeados sus rostros y tocados con boinas verdes.













"BOMBARDEANDO DURO" ( Libro": Halcones sobre Malvinas"Cap. Pablo Carballo)



Este es el relato de un Oficial de la Ciudad de Güemes, norteño y navegador, a quien le debo disculpas por no incluir la totalidad de su relato, pues falta libro para tantas vivencias.



RELATA: Capitán PAGANO (Navegador de Canberra). Día 4 de Junio de 1982.




¡Ya hace casi un año y medio! tan lejos y tan cerca de aquellos días que no podernos olvidar, aunque algunos tratan de "desmalvinizarnos".

La mañana de la base estaba fría y después del desayuno, costaba salir del alojamiento para ir al hangar en donde estaba la salita de tripulantes, pasando del café con leche o el mate cocido, a través del fresquete y la llovizna, al mate cebado por el Supervisor SEPPEY ("Carlitos" o el Soldadito CORONA y a los cigarrillos hilvanados uno tras otro en humeante sucesión.

La salida era más bien "chicona", rodeada de mapas "amurados", fotos de los barcos piratones, caricaturas de los tripulantes del Primer Teniente Médico "Tucu" GONZALEZ y las cartas del tiempo del Teniente Meteorológico "Marchi". Andábamos, pilotos y navegadores "apretados" como piojo en costura, chocando "el monumento al cardo, el "Boxer" o la pancita del "Corcho (apodos e indicativos puestos respetuosamente a algunos miembros del Escuadrón). Allí pasábamos las interminables horas de alerta, con el deseo por un lado de que no nos tocara salir (debido a los ruegos del pellejo o porque la carne es flaca) y por otra las ganas, tantas veces declamadas a la ligera y ahora puesta a prueba, de materializar el juramento hecho a la bandera, de ir a dar una mano, de día o de noche, a esos criollos que en la Isla a veces no podían tomar ni un "yerbeao" caliente y de hacer realidad el lema de nuestra escuela del Grupo 2 de Bombardeo: "Pulsat audaciter die noctuque (Que golpee con audacia de día y de noche).

Con nosotros convivían los "gauchos salvajes del Vicecomodoro (R) CIMADEVILLA, Alféreces de la Reserva CUPELIN y FORMICA con el serio mecánico WIDDER, y siempre pasaba algún amigo a compartir nuestra vida de desplegados, como el Vicecomodoro DEMARCO o el Mayor MACKLAY, que tenían la "lucrativa tarea de romper el bloqueo con su "Chancha", a pesar de los Harriers, las fragatas y la mar en coche.

Ese día estaba "fiera" la cosa, algunos con la cara un poco larga, escuchaban los informes que llegaban a la Base.

Ya habían caído muchos Argentinos, entre ellos algunos del Escuadrón, como el Primer Teniente GONZALEZ y el Teniente DE IBAÑEZ de mi promoción 38, el Primer Teniente BUSTOS en su A-4B y el Primer Teniente CASTAGNARI en tierra. Habían empezado su guardia permanente por nuestra Soberanía, hipotecando con sus vidas y las de todos los caídos él "Volveremos".

La rutina, como "polilla angürrienta nos iba comiendo, cuando el detonante de una orden fragmentaria (orden de cumplimiento de una misión de combate) nos pateó el hormiguero.

Nosotros estábamos tomando unos amargos con los del técnico, quienes se salían de la vaina por participar de una misión y que también trabajaban de día y de noche, con tremendas heladas, bajo el agua-nieve, o el viento que latigueaba cara y manos, para alistar nuestras montas, esos Canberra "made in England, que tantos dolores de cabeza les dio a sus constructores y que a esa altura ya habían bautizado a San Carlos como la Avenida de las bombas (Brigadier de ellos Thompson).

Un grito de "Chajá" quebró la rutina, cinco aviones a una base de redespliegue con el apoyo de una "Chancha para lo indispensable. Me tuve que separar de mi escuadrilla, el Capitán MARTINEZ VILLADA, los Primeros Tenientes "Camba" RIVOLIER, "Flecha Veloz" ANNINO, el otro "Coya" ROCCO y el Teniente D Juan Carlos COOKE (flor de changueo, a quien recuerdo junto con el Teniente D. Hurgo TEJADA, todas las noches en mis oraciones, desde que murieron el 13 de Julio de 1982)

Ese día volaba con el Capitán FREIJO, hombre de peso y no por los kilos, sino por su experiencia y las horas voladas juntos.

Llegamos a la nueva base e ingresamos a un comedor repleto de amigos, un "rejunte de pilotos de A-4B, C-130, Artilleros, Radaristas...algunos llegaron al postre, otros al segundo plato; yo, vaya a saber si por lerdo, o por estirar la charla con alguien, o por mal ubicado, alcancé a tomar un vaso de agua y comer tres cucharadas de sopa fría, paseada y traída por un mozo requerido desde todos los puntos cardinales, cuando alguien llamó a los de Canberra - ¡ Ya !, ¡urgente! - a la sala de pilotos de MIRAGE, para recibir la orden de misión. Había que despegar enseguida, por una ruta así o asá que yo, navegador guía, copié a los apurones enredado entre un café de último momento y el traje antiexposición que parecía achicarse con el apuro.

El objetivo material era el monte Kent (cuyo nombre yo cambiaría por el de algún cigarrillo argentino).

Debíamos atacar después de los Mirare V "DAGGER", aunque se nos demoró un poco por meteorología dudosa, sintiendo cada uno de nosotros esa mezcla de alivio y frustración, mientras se deshace el "moñito" en la garganta, porque uno sabía porqué peleaba, pero de suicida ¡Ni un pelo!, a pesar de todas las locuras aeronáuticas.

Mientras duraba ese "relax, tenso pues la misión había sido suspendida y no congelada, nos llenamos hasta el tope de combustible verde (mate), con algunos pilotos de A-4B que se arrimaron, entre los que faltaba el Capitán VELASCO, eyectado días antes, que compartía sus alimentos con los ratones en un refugio kelper de la Gran Malvina.

Estaba linda la tarde para matear en compañía, alguien había arrimado unas galletitas y para mi solo faltaba la música "progresiva" de los Chalchaleros.

Mientras le pasaba unos mates al "Dino" HRUBIK y al Vicecomodoro SERVATICO de C-130, nos levantaron la suspensión para que le agarremos la vuelta.

Mientras leía la hoja pensé: ¡Estamos todos locos!

Debíamos ir como a 12.000 metros de altura hasta la isla San José (WEDELL para la cartografía gringa), de allí a 30 millas al norte del estrecho San Carlos, o sea unos 110 kilómetros de "YAPA".

Compartían conmigo esa misión los Capitanes "Odín FREIJO, "Palito NOGUEIRA y el Mayor RQDEYRO, entre otros.

Fuimos a las máquinas los diez tripulantes de esa misión, más los comedidos que venían a ayudar en la inspección exterior, o a recibir la billetera, la cédula o el carnet de conductor (por las dudas... vio?).

Nos atamos la correa del arnés del paracaídas, los del asiento eyectable, las retractoras de piernas, las anti "G" negativa (16 en total), nos pusimos el casco, conectamos el cable del micrófono, las mangueras de oxígeno, "pelamos" elementos de navegación.

- Hola, Hola.

- Fuerte y claro.

- Navegador: Corriente continua.

- Piloto: 28 voltios.

- N: Luces advertencia de generador.

- P: Encendidas, pantalla levantada.

- N: Luces internas, atrás controladas.

- P: Adelante, controladas.

Al fin los controles rutinarios! y aflojaba la tensión, la letanía que se repetía en cada salida.

Un último saludo y cerramos las puertas, a confiar cada uno en el otro, piloto en navegador y viceversa, y los dos en las manos de la "Providencia", porque aunque hubiese misiles y Harriers, la parca no llega "ni un minuto antes, ni un minuto después, de los que El dispone.

Rodamos a cabecera los "Puma, detrás de los "Lince". Ibamos en silencio profundísimo silencio, de pronto dijimos casi al unísono

- ¿Nos encomendamos a la Virgen? - y así bajo ese cielo de nubes color plomo, empezamos a rezar: Dios te salve María, dejando por su santo intermedio, nuestras vidas en manos del Señor.

El chorro de los seis motores de los que estaban adelante hicieron bellaquear nuestros aviones, que no se querían quedar quietos.

En segundos el "Palito se pierde entre las nubes seguido por los Canberras de los Tenientes BAEZA, CARDO, SPROVIERO y MORENO; fuimos trás ellos.

Arriba de las nubes había una luna grandota y un cielo azul oscuro; nivelamos. Yo seguía la navegación minuto a minuto, con algunos "viajes hacia mi mujer y los chicos.

- N: Oxígeno.

- P y N: Suficiente, dos conexiones fluyendo normal.

- N: Eléctricos.

- P: 28 voltios, en negro, luces de generador apagadas.

- N: Motores.

- P: R.P.M., presiones y temperaturas normales.

En medio del silencio posterior a los controles el radar de Puerto Argentino, operado por el Mayor SILVA, llamándonos. Él sería nuestro guía hacia el blanco y el alerta si éramos interceptados.

- No hay moscardones (cazas enemigos).

Una preocupación menos, sólo nos amenazaban los Sea Dart de las fragatas.

Quizás el que no hubiese "moscardones se debía a la acción de desgaste que provocaba el querido Escuadrón "FENIX.

Navegábamos sobre el colchón de nubes muy abajo nuestro.

Entramos en la isla por la Península Federal.

- Abrir puertas de bombas.

- PUMA - RADAR, confirme rumbo corrida final, parece que se abren un poco.

- Afirmativo, corrida final con rumbo 1400.

- LINCES - RADAR atentos,... 1 y 2 distancia de tiro YA! el 3 corrija 50 por derecha al pelo ... atento.. - ¡YA!

80 segundos de vuelo y salieron las dieciocho bombas de las LINCE, detrás cayeron las de los "PUMA".

Debajo nuestro el gran colchón de nubes se iluminó con el resplandor de las bombas.

- LINCES y PUMAS - RADAR - i BUEN IMPACTO !, tranquilos no hay moscardones y gracias.

- Gracias a ustedes por el apoyo.

(Una voz coya) - ¡Gracias le demos a Tata Dios!

Empezaba a encomendar al Señor las bajas enemigas producidas y a sus familiares, porque realmente tirábamos sin odio, cuando la voz tranquila y fogueada del radarista nos advirtió.

- Atentos "LINCES" y "PUMAS" moscardones a la cola de los "PUMAS", a 25 millas ... 23 ... denle "chaucha" a pleno y traten de trepar, si pueden.

- Los PUMAS a pleno.

- A 20 millas ... a 19 - -. tranquilos, creo que se van a volver - a 18 millas - -- ya no descuentan distancia, se van a volver, ahí se vuelven.

Diez resoplidos aliviados dentro de las máscaras de oxígeno; des- de su bautismo de fuego nuestros nobles pajarracos habían limpiado su "Pecado Original" de haber nacido en tierra de usurpadores.

Otra vez la voz de alarma!

- Atento el LINCE que vuelve solo, tiene un eco al frente a 15 millas, vire ya por derecha para 290 grados.

Todos viramos apurados y yo calculando errónea y nerviosamente arrojé el "chaff "(rudimentaria contramedida electrónica y una bengala la que al estallar, le produjo al piloto la idea de que era un misil, lo que me valió una serie de felicitaciones por no avisar.

Nuevamente el radar en esos momentos de nervios.

- Ahí desapareció, debe haber sido un misil - seguimos volando, ahora más tranquilos.

- LINCE "UNO" al "DOS llama, se me plantó (se detuvo un motor).

Debido a su pérdida de potencia lo fuimos pasando todos y quedó como "furgón" de cola, pero todavía volaba.

Aterrizamos; los Canberra habían cumplido una misión más; me estreché en un abrazo con el Suboficial Auxiliar LUIS SANCHEZ viejo armero, mientras la noche se poblaba de gritos y gorras que volaban por el aire.

Antes de dormir con el rosario entre los dedos, pensé en los que luchaban, en los que donaban lo que no tenían, en el orgullo de las familias de los que peleaban con honor, en la casa de unos amigos cuyos hijos rezaban todas las noches por nuestros muertos y los muertos de ellos y que pedían a Dios "para que los Ingleses no nos roben de nuevo las Malvinas".

Pensaba en nuestros hermanos hispanoamericanos; en Perú, Venezuela, Bolivia y entre tantos pensamientos, recordé una coplita salteña de mi tierra gaucha:



"No hay que temerle a la muerte

aunque se encuentre de frente

Sin la voluntad de Dios

La muerte no mata gente"








Relato extraido del libro "Prefectura en Malvinas", Circulo de suboficiales de la Prefectura Naval Argentina



José Raúl Ibáñez Maquinista GC-83 “RIO IGUAZU”.



Nací en Libertador, Departamento Esquina, Provincia de Corrientes. Me crié ahí, en el campo. Y, como las cosas andaban a los tumbos, mis padres querían que entrara en Prefectura, porque yo tengo un tío en la Institución.

Una vez me vine a trabajar a Balcarce y mi tío me dijo que estaba abierta la inscripción para postularse a ingresar a Prefectura. El mismo envió por mí, el pedido de informes. A vuelta de correo me cursaron la aceptación. Así, ingresé a Prefectura y realicé los cursos que se dictaban por aquel entonces en el CIABA de Olivos, cuando tenía 21 años.

¡Yo de aquí ya no me muevo...! A veces mi señora me dice: ..,y si volvemos al campo?... Porque a mí me tira la tierra; pero aquí me siento bien.

Mi primer destino fue el GC-21 “LYNCH” y luego con el suboficial Bur y el cabo primero Gruber (que luego en Malvinas sería el encargado de máquinas del GC-82 “RIO IGUAZU”), pasamos a revistar en este último guardacostas, que sus propulsores por aquel entonces sólo tenían unas 8 horas de marcha.

Aunque fui de navegación, siempre presté servicio en máquinas. Ahora lo hago en el GC-27 “PREFECTO FIQUE”. A éste me lo conozco a ojos cerrados, porque lo ví nacer: yo formé parte de la tripulación que fue entrenada y lo trajo desde los Astilleros Bazán de España.

El 3 de abril mi turno entraba de guardia y nos enteramos que había posibilidades de zarpar con destino a las islas Malvinas. Por eso, como quien dice esta boca es mía, nos fuimos preparando. En verdad, el guardacostas estaba diez puntos, pero nosotros pensamos en la travesía y le hicimos un recorrido fino, empezando por el alistamiento, los repuestos. En una palabra, viendo todo lo que hacía falta o nos podía ser difícil de conseguir.

En la tarea me ayudó Julio Omar Benítez, con quien a pesar de que él era de Cubierta, siempre estabamos en máquinas.

Eramos muy amigos, tratábamos de aprender y ayudarnos entre todos; formábamos un equipo...

Pegamos una última revisada y zarpamos el 6 de abril.

En cada puerto que tocábamos, de la derrota trazada por el Capitán, nosotros hacíamos una revisación general, sea cambio de aceite, limpieza de filtros primarios. En fin, la cuestión es que anduvimos al pelo. Al zarpar de Ingeniero White el suboficial Jorge Armando Gruber -que revistaba como nuestro Encargado de Máquinas-, abordó junto con el subprefecto Cingolani el GC-82 “ISLAS MALVINAS”, a fin de apoyarlos porque se le plantaban los generadores.

Arribamos a Puerto Deseado y completamos combustible, más un tambor extra de 200 litros, por las dudas.

Al momento de la travesía, ya estaba declarado por el enemigo el bloqueo y, encima, sufrimos un temporal de aquellos... Era tan fuerte que nos quedaba una de las hélices afuera: cuando la de babor se hundía emergía la de estribor. Es una situación peligrosa porque se puede disparar el motor. Por eso, había que levantar los telecomandos sobre la banda que rolaba para que la hélice no se quedara sin agua.

Llegamos a las islas Malvinas con unos 800 litros de combustible, al límite. La verdad es que andábamos escasos en todo; pero, el guardacostas respondió, que era lo que más nos enorgullecía.

En esos momentos apoyamos al GC-82 “ISLAS MALVINAS”, porque se purgaban los motores y -posteriormente-, chequeamos combustible y nos pusimos a seguir escrupulosamente la rutina de alistamiento punto por punto.

Luego, pasamos a cumplir las órdenes de zarpada. Vivíamos navegando. Y, todas fueron misiones riesgosas; yendo de un lado a otro de las Islas, transportando provisiones, armamento o a los comandos tanto de la Armada como del Ejército.

Navegábamos por zonas minadas, pero confiados. Para mi modo de ver, creo que la misión que se nos encomendó en la isla de los Leones fue realmente muy riesgosa; porque íbamos al palo entre abastecimientos y personal y -por otra parte-, muy expuestos al fuego enemigo.

Pero, fuera como fuera la tarea encomendada, apenas arribábamos a Puerto Argentino, le pegábamos una recorrida al barco. Teníamos una ventaja: tanto él como nosotros éramos “nuevos”, así que estábamos al pelo...

Como lugar seguro, sólo teníamos el amarradero, porque los ingleses nos cañoneaban hasta unos 400 metros. A ellos les preocupaba que naveguemos, no que estuviéramos amarrados.

Porque nuestra navegación significaba abastecimiento de las posiciones de los comandos, pues éramos no sólo una fuente segura sino támbién presencia efectiva y confiable.

Cuando fondeábamos en Puerto Argentino, aprovechábamos para enviar algunos telegramas a nuestras familias; pero, luego por el propio desarrollo de los acontecimientos esta ventaja se fue restringiendo.

Mi puesto de combate era la sala de Máquinas. Benítez era de Cubierta y el encargado de una ametralladora. Benítez y Bengochea (Carlos Alberto), eran los armeros y cada vez que tocábamos puerto se la pasaban lustrando la ametralladora. Ellos me ayudaban a mí y yo a ellos. Nuestra experiencia se fue haciendo con el tiempo, con el convivir a bordo. Por suerte, siempre tuve jefes que me supieron enseñar y mi propia voluntad en querer aprender. Para mí, aprender es parte de todas las cosas...

El 22 de mayo nos aprestamos a transportar los cañones de 105 mm OTTO MELARA y los servidores de esas piezas de artillería, unos 19 hombres de Ejército.

Estos cañones pesaban un infierno. Los ingleses ya habían desembarcado en el estrecho de San Carlos y empezaban a “apretar”. Había mucha expectativa por esta circunstancia; razón por la cual se nos ordenó zarpar de madrugada. Ibarnos al mango y con mar gruesa.

La navegación fue muy movida y al arribar al seno de Choiseul recibimos la alarma. Estábamos en el cambio de guardia, por eso nos encontró a todos en alarma de combate, cubriendo cada uno su posición. Yo me largué a la sala de Máquinas.

Con la primera pasada de la aviación enemiga me entró un cohete que voló el tablero de cargar baterías, golpeó en el banco de trabajo y parte de un generador, pasó detrás de los dos motores propulsores y se metió entre los motores principales y los generadores, a babor de la escalera. Me abrió un rumbo por donde entraba el agua en tal cantidad que golpeaba en el cieloraso de la sala de Máquinas. ¡Era impresionante...! puse las dos bombas a achicar pero, no daban abasto. ¡El ruido era terrible...!

Por el intercomunicador impuse al Capitán de la situación, de que no daba abasto con el achique y que era muy posible que hubiera otros impactos, porque el guardacostas se me apopaba mucho.

El Capitán me ordenó abandonar la sala de Máquinas y cuando salí me encontré con Baccaro y Bengochea arrastrándose por la cubierta y a Benítez caído al pie de su ametralladora.



Traté de ayudar como pude mientras sentía la metralla pegando por todos lados y Bengochea que me gritaba: “hacelo m..., c...”.

Tomé la ametralladora, levanté la vista y vi que un avión entró en picada por popa, se enfiló y ahí empecé a tirar, un poco adelante para que se trague la cortina de balas. El también empezó a tirar y al pasar encima mío veo que tira humo perdiendo altura...

Al momento el Capitán, para eludir las ráfagas enemigas puso las máquinas al taco y así me quedé sin ángulo. Nos tiramos sobre la costa y creo que el avión golpeado fue el mismo que nos tiró una ráfaga sobre la costa. De inmediato ayudamos a los heridos. El oficial principal Gabino González tenía una esquirla en la rodilla, pero se podía mover.

Los muchachos de Ejército no reaccionaban... No sé como se salvaron. Porque ellos iban en la cubierta al lado del mamparo de escape. Cinco de ellos iban acurrucados ahí.

El bote estaba cortado con la metralla de 30 mm de los SEA HARRIER, las balsas estaban inservibles. A uno de los soldados, una esquirla le entró por debajo de su hombrera y se le quedó a un par de milímetros de la aorta. En el pañol de cubierta -donde estaban los hombres-, entraba mucha agua. Pero, todo esto lo fuimos viendo un poco después.

A los heridos se les puso suero prestándoles las primeras atenciones mientras se pedía apoyo. El cabo segundo Domingo Vera operó la radio mochila intentando comunicarse con Darwin.



Mientras tanto, volvimos abordo, a fin de abastecernos de medicamentos, provisiones y frazadas. El GC-83, estaba encallado, destruidas sus máquinas y volado su generador, incluído su tablero eléctrico. Luego, fuimos a buscar a Benítez....

Al anochecer se pudo evacuar a parte de la tripulación y a los camaradas de Ejército. En tierra quedamos cinco hombres nuestros y siete de ellos, y recién al atardecer del día siguiente pudimos evacuar la posición. Nos dió una gran alegría encontrarnos con los compañeros. Estábamos muy preocupados porque teníamos información del cañoneo inglés a un transporte naval propio.

Mientras esperábamos nuestra evacuación nos cubrimos con unas frazadas y aguantamos como pudimos la nevada. Realmente, hacía un frío

de pelarse... Al día siguiente, cruzaron aviones nuestros y también ingleses y al atardecer pudimos ser rescatados.

Benítez recibió cristiana sepultura en Darwin, el 24 de mayo.

Al atardecer, partimos en un CHINOOK para Puerto Argentino, horas antes que los ingleses tomaran la plaza.

Una vez en Puerto Argentino nos quedamos en el apostadero y colaboramos con la guardia.

Para mí, todo el palo venía por Prefectura porque -en verdad-, éramos la logística de las Fuerzas Armadas y hacíamos falta... En octubre de 1984 me casé con Susana. Tengo tres chicos, una nena -Rocío Belén-, de 7 años, un varón -Hernán-, de 10 años y el menor -Gustavo Joaquín-, de 2 años.

Cuando los pibes del guardacostas me quieren ver como un ejemplo, yo les digo que debemos conjugar las cosas buenas en la distancia y en el tiempo. Que aprovechemos los medios y las enseñanzas, tanto de nuestros jefes como la que vayamos amasando nosotros mismos con la experiencia para que el día que nos toque afrontar el riesgo, estar templados para las circunstancias que nos depare el destino.

Siempre recibí cosas buenas de Prefectura...

Después de Malvinas estuve un tiempo en tierra y luego fuí designado para traer los Bazán de España. Uno de ellos, el GC-27 “PREFECTO FIQUE” me tiene en su sala de Máquinas...





...Gracias Heroes... Gracias Dios Por que soy Argentino! por nacer en esta tierra que me vio creser, jamas me ire y aqui morire....













Los militares no somos ni mejores ni peores, solo somos distintos.











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Autor: AirForce2LB
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