Bersuit Vergarabat: extracto del libro Verborrea

Bersuit Vergarabat: extracto del libro Verborrea

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Bersuit de entrecasa. El Cóndor (Sbarbati, coros) recorre con un cuchillo enorme el quincho del estudio-madriguera llamado Del Cielito. Va y viene, algo inquieto, porque recibió el ultimátum: el asado tiene que estar a las diez en punto. Un grupo de rock sueco —que vino a grabar su disco aquí para ahorrar costos—, cena puntual y espera las achuras prometidas desde la mañana. La carne luce roja y el olor tienta a Parque Leloir. “Mirá como pintan los chorizos... Se les va a hacer agüita la boca, se les va a hacer”, grita el cantante, compenetrado en otro rol. Es todo un chef: galera negra con bastones blancos, delantal al tono y un rostro de asador intachable.

Cuenta Carlos (Martín, batería) que hacía falta estar juntos, así. Más allá de un show puntual en Chile, y algunas reuniones compositivas por focos, escaseaba la comunión en la banda. Comunión para hablar, mirarse a los ojos, y reírse o carajearse. Más aún sabiendo que desde principios de enero, el bersuit más famoso huyó hacia La Paloma en busca de anonimato y de paz, contra el ataque de pánico. “Fui a desintoxicarme y me hizo bien”, dice Gustavo Cordera.

El ambiente es relajado, sereno. Pepe Céspedes, con diez kilos menos, prefiere no participar de la nota. Y espera el primer chorizo. El resto anda más o menos en la misma, deambulando. Como en un equipo de fútbol, sólo hablarán tres: Juan Subirá (teclados), Daniel Suárez (coros) y Cordera. Aparecen cinco cervezas y un par de vinos, El Cóndor aletarga el fuego y el Pelado deja en claro que Bersuit no pierde la memoria: “Nuestros procesos compositivos son orgiásticos. Nos juntamos y pasa como en las orgías: ‘Uh, mirá que lindo culo, ¿la pongo ahí?’. ‘Uh me metieron un dedo en el orto, ¿eras vos? Mirá, me gusta que me lo meta él”’. Y así sigue un rato... En verdad, habla de las canciones del próximo disco, que piensan editar en octubre. “Los temas están dando vueltas. Tenemos ganas de hacer un proceso experimental antes de acabarlos para llegar con otra base sonora. El juego está abierto y no tenemos presiones”, procesa el Pelado. La primera aproximación al sucesor de Testosterona es una carencia: a diferencia de todos los discos de estudio, de Libertinaje para acá, no estará Gustavo Santaolalla matizando el desenfreno y los arrebatos de Bersuit. El ex Arco Iris, factótum del éxito de una banda que estaba destinada a navegar en el fango del under, decidió decir no. Y los dejó varados en el medio del océano. “El siempre fue de pedir muchos temas, hasta que un día le dimos más y se encontró con un problema. Le llevamos cien canciones y no lo toleró. Y bueno, inventó un monstruo y después no se lo pudo bancar”, lanza Cordera, a medio camino entre el humor y la realidad.





—¿Los despistó la situación?

Juan Subirá: —Planteó la problemática de la realización, porque Santaolalla es un grande en ese aspecto. También en transmitir confianza, contener y sacar lo mejor de vos. No es fácil.



Cordera: —Fue así: una vez le pedimos la llave del auto, pasaron diez años y ahora nos la dio. Había una dependencia muy importante hacia él, porque sus ojos son los de una persona distinta. Es como tener a Maradona en el equipo y decir “se va y no pasa nada”. Pero, ¿quién juega de 10 ahora? Se fue Maradona y tenemos que rearmar el equipo.



—Como en la época de Don Leopardo. ¿Temen sufrir una regresión?

Subirá: —Espero que no. No sé si estamos fuertes espiritualmente para soportar el caos que se vivía en una época en la que reinaba el desorden y nosotros nos movíamos con cierta naturalidad en él. Estábamos acostumbrados a vivir así, y todo se hacía como se podía. Eran días de sucesos locos, abiertos. Prácticamente no había responsabilidades: fiestas a cualquier hora y hasta los fracasos se vivían con una algarabía absoluta. Provocaba desprecio en otros ver gente que vivía con tanta felicidad la derrota.



Cordera: —Es como un tipo que hace saltos ornamentales. A los 20 años da cinco saltos y ya a los 55, hace diez años que no da ninguno. Alguna vez lo hemos hecho. Hoy no podría vivir tres o cuatro días como vivía en esa época... No tengo ni la nariz ni los pulmones para soportarlo. Remitir a ese tiempo me hace acordar a los viejos socialistas que siguen hablando de Alfredo Palacios, y se enojan porque no hay más Palacios. No me atrevería a tirar mierda contra ese tiempo porque fueron las bases de mi vida. Esa pulverización de lo que creía sobre mí me hizo bien, comprendí que no era tan buena persona, que no era tan sensible y que era capaz de cualquier cosa. Además me sirvió para conocer lo peor de mis amigos.



Subirá: —Fueron años difíciles para nosotros. Tuvimos dos discos que murieron antes de ver la luz. Creativamente estábamos al palo, más allá de que no podíamos realizar las ideas que teníamos.



—Siempre hablan de excesos y descontrol. Ahora, ¿cómo instrumentan la responsabilidad que implica ser una banda tan grande?



Cordera: —Me rebelo contra el tener que subirme a River destrozado por la idea de que me haya ido bien en la vida. Me rebelo a esa parte del rock: eso es lo que salva.



—¿Acusan recibo de las críticas que reciben desde la parcial conversión cumbiera, fiestera, de los discos posteriores a Don Leopardo?

Cordera: —Entiendo que ver a ocho pelotudos con tanto éxito lo único que genera es violencia. En cierto punto tienen razón quienes nos critican. Pero en otro, hay prejuicios importantes: en la Argentina se considera al rock como algo hermético y solemne, más de lo que dicta la Real Academia Musical Interplanetaria. Entonces, encontrarse con gente que juega, se divierte y se caga de risa de sí misma y de sus prejuicios, genera rechazo. Lo cierto es que somos una banda de mierda, de cumbia y rock, exitosa y fiestera, pero tenemos otra faceta más introspectiva que se deja de lado.



Suárez: —Salvando las diferencias, es lo mismo que atacar a Frank Zappa. Acá hay mucha cosa británica y conservadora.



Subirá: —Nosotros admiramos mucho a Spinetta y a Litto Nebbia. Sabemos que el Flaco repudia a la banda. Pero, bueno, a nosotros nos causa gracia su opinión y no deja de gustarnos por eso.



—¿Genera miedito River?

Cordera: —Es rara la sensación. Por ahí, un día antes me enfermo y me quedo sin voz, o me quedo duro arriba del escenario, yo qué sé... No sé qué puede llegar a pasar, uno es muy creativo para boicotearse. Me tranquiliza que la banda esté haciendo cosas que nunca imaginé que iba a hacer. Son horas de corazón abierto, cabeza relajada y cuerpo alegre. En lo personal, estoy en un momento de restablecimiento emocional, físico y auditivo como para encarar veinte años más de carrera.



Subirá: —El de River es “el” show. Si bien está bueno tomarlo como un show más, en el fondo todos sabemos muy bien que no lo es. No podés sobrar ni minimizar la situación.



—¿Cómo quedó posicionado el grupo después de haber llegado a ese pico popular que fue La argentinidad al palo?

Cordera: —Si el organismo artístico que uno inventó y desarrolló en su esplendor tiene que morir, está bueno que muera y nosotros podamos renovarnos para convertirnos en otro organismo artístico. Digo, hace tiempo queremos tener experiencias musicales nuevas para salir de nuestros propios prejuicios. De nuestros clichés. Bersuit es una cosa muy fuerte y con mucha historia. Con grandes canciones, por la cantidad de ellas que tuvieron inserción en la sociedad: Negra murguera, Yo tomo, Un pacto, La murguita del sur, etcétera. Pero se puede salir de ahí y emprender otro viaje artístico.



—¿Todos están dispuestos a correr ese riesgo?

Subirá: —Si fuera una decisión totalmente personal, yo lo correría. Pero esto es una banda y es la banda la que tiene que tomar la decisión. La historia es la identidad y de un día para otro no dejás de ser quien sos porque te pinta. Estamos frente a una encrucijada sin final resuelto. Es lo mismo que colocar un auto a 200: es un riesgo, pero estás a un paso de la locura.



—Ahora, aunque esa identidad no pierda su esencia, ¿no se modifica con el paso de los años?

Cordera: —Más que modificarse, toma nuevos rumbos. Muta, como todo organismo vivo. Todos pasamos por situaciones de esplendor y decadencia. Tengo la necesidad de darle a Bersuit la más hermosa de las sepulturas.



—¿Pero se viene otra Bersuit o no?

Cordera: —Son sólo deseos, la mutación no está programada.



Subirá: —Es un lugar muy imaginario... Tal vez, una experiencia sónica.



Cristian, asistente puntual de El Cóndor en la parrilla, opera como puente humano entre esta banda que mueve millones y aquella que solía tocar para 80 locos parejitos y nadie más. Grita, desde la barra, que le armó una lista con 70 entradas a los pibes de El Pueblito. Y El Pueblito activa la neurona del recuerdo. En ese barrio de Villa Castellino apareció la primera célula bersuitera. Cordera recuerda y analiza: “Cuando una banda es under, los fans tratan de apropiarse de ella, pero muchos se dieron cuenta de que cuando la banda crece tienen que formar parte de lo que pasa, porque ya no son los dueños. Siempre hay un vínculo medio perverso entre las bandas nuevas y su gente, porque ésta se empieza a sentir presionada cuando la banda crece. Pero eso es lo mismo que le pegues un tiro a tu perro cuando deja de ser cachorro”. Sigue Subirá: “Igual, siempre entendimos ese vínculo, porque esos 50 o 100 tipos que te siguen desde el principio son como la vida de la banda. Fue muy fuerte el cara a cara. En una época conocíamos a todos los pibes que venían a vernos y entiendo que nuestro éxito fue y es difícil para ellos”.



—¿Cómo hace una banda categoría ‘65 para sostener un mensaje que llegue a tanto adolescente?

Cordera: —La idea no es sostener un mensaje sino ser real. Contar las historias con tu alma y tal vez, alguna vez, dejes de conectar con ellos. Corremos ese riesgo también, aunque sabemos que una canción bersuitera siempre pega.



—¿Siempre?

Cordera: —Hasta ahora fue así. Siempre fuimos muy celosos de lo que estábamos diciendo, lo defendimos contra viento y marea. Hoy tenemos muchos rótulos: dicen que somos una banda fiestera, grosera, cumbianchera... Muchos estigmas. Y nosotros nos sublevamos a todos los estigmas, porque un día empezamos a hacer cumbia, murga uruguaya, candombe, huayno, chamamé, pop beatlero, experimentaciones croatas... Abordamos con naturalidad nuestras inquietudes artísticas. Ojo, todas las buenas ideas son fruto de la casualidad y en nuestro caso se comprobó a lo largo de la historia. Todo lo estúpidos que podemos llegar a ser se hizo canción, se hizo vida. El genio acude cuando escucha el canto de tu estupidez.



—¿Cómo funciona el grupo con Cordera viviendo fuera del país?

Suárez: —Mejor (risas). Podés hacer otras cosas que cuando está Gustavo no podés. Cuando está, está. Y está en todo sentido.



“Andá y matá al Indio”

“Recuerdo que un día estaba borracho en el Bar Británico, muy paranoico. La Negra Poli y el Indio estaban sentados en una mesa y no sé por qué motivo, una sonrisa tal vez, me lo tomé como una provocación personal a mi condición de desgraciado. Pasé al lado de la mesa y los miré mal, me fui indignado. A la vuelta estaba Enrique Symms y le conté lo que sucedió. Sacó una navaja, me la dio y me dijo: ‘Esta es tu oportunidad. Andá y matalo’. Salí con la navaja, y la verdad es que lo que menos quería era matar al Indio Solari. Me acerqué hasta el lugar y no supe ni siquiera lo que les estaba diciendo. Sólo hubo un momento medio de tensión, que yo pensé como el punto inicial de una matanza o de una pelea, mientras que ellos se lo tomaron con extrañeza. No sabían qué mierda le estaba pasando a ese señor que ni conocían. En realidad sí me conocían, pero estaba desdibujado. Y me fui con la anécdota encima, por cierto muy graciosa...”



Extracto del libro Verborrea: Conversaciones con Bersuit Vergarabat, de Yumber Vera Rojas.




















Autor: andresvb11
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