Biofacto. Novela de misterio y conspiraciones: Capítulo 1




HEADER por epicero, en Flickr



Biofacto es una novela de misterio, conspiraciones y ciencia ficción que se edita semanalmente por medio de http://epicero.megustaescribir.com (mi blog en la red social de Random House Mondadori).

Hace años escribo e intento editar pero los tiempos son larguísimos por lo que he tomado la decisión de lanzar una novela en formato digital. La misma viene acompañada de material multimedia compuesto por: trailers, musica (con sus videos) y wallpapers HD. Todo de mi autoría, excepto por la música que la compone un artista electrónico pampeano: Johan.

La idea es proveer de una historia que se pueda seguir semana a semana, capitulo a capítulo, como si de una serie se tratase. Todo lo que tienen que hacer es leer, ya que es totalmente gratis.



A partir de ahora publicaré dos capítulos por semana hasta alcanzar los que tengo en el blog (que son 24). Saldrán Lunes y Viernes. Cada uno vendrá acompañado de wallpapers y —en ocasiones— música original y/o trailers.



Les recuerdo que este es un emprendimiento ciento por ciento argentino, a pulmón y con el único objetivo de llevar una buena historia a los lectores que decidan seguirme como usuario.



Los espero, un abrazo o.










cap1 por epicero, en Flickr



Biofacto



Autor: Fernando Silva



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Y en el octavo día, el hombre creó a Dios.



Y pudo así descansar de sus insoldables cuestionamientos.



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Parte Primera:



Caos dialéctico.



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Capítulo 1. Círculo dentro de un cuadro.




(25.05.1980)



Exogénesis (Hoy y hacia atrás)



Creemos que algún día seremos capaces de saberlo todo. Creemos en nuestra inteligencia, madre de Dios y de la ciencia, para que nos guie por entre los pasajes de la oscura dimensión del conocimiento; pero la verdad es que nunca hemos llegado a ver mucho más allá de nuestras narices.



Podemos comprender que, en el final, solo somos átomos en eterno movimiento, estemos vivos, estemos muertos. Podemos emular vida, clonar lo natural, alterar la ecuación de un gen e incluso combinar y crear. Pero dos pasos adelante se encuentran el sentido dado, el significado de la existencia… la gran incógnita humana. Y allí, donde todo falla, solo queda un pretexto, y ese es Dios. Importa poco el nombre con que se lo llame, aún menos si nos observa en soledad o si es líder de alguna legión de deidades menores, porque lo que nos calma, lo que nos sirve como el mejor siervo, es que estará, por siempre y para siempre, dispuesto a cubrir todo aquello que escape a nuestra comprensión con el manto sagrado de la respuesta mágica, con el bálsamo sanador del perdón cósmico.



Miramos entonces a las estrellas y caemos en que aún bajo Su ala seguimos sin comprender la quimérica inmensidad que las abriga. Porque nadie en esta tierra ha estado allí. Porque no existe alma humana que haya surcado el espacio de un sol a otro, que haya visto la inmensidad más allá de la luna, del vecindario celeste en el que apenas salimos a gatear. Y es desde este arenero que pretendemos determinar si el Génesis es un programa que se ha ejecutado también más allá de nuestras narices. Y jugamos a comprobarlo todo y escribir libros que han de ser reescritos por hombres que escribirán aún más libros que serán también reescritos por otros practicantes de este caótico jardín de pruebas y probetas. Y seguimos elevando la mirada, estemos en un centro astronómico o en una vereda, continuamos esperando una respuesta, un trozo desprendido de la gran verdad que venga a darnos de lleno en la cara, que venga a contarnos acerca de nosotros mismos.



Y al mismo tiempo, esa vastedad, ese espacio que tanto nos intriga, de algún modo nos aterra. Esa oscuridad no iluminable parece juntarse a todos los procesos de nuestros cuerpos, conectar con lo oculto, con la materia estelar interior. Y llama al alerta, al conocimiento primigenio desaprendido gracias a milenios completos dedicados a la manipulación de la verdad. Solo los hombres primigenios conocían la procedencia, la fuente de la semilla que cayó del sol. Y aquellos fallaban en lo mismo… no sabían bien porqué pero temían a la noche y sus verdades. Será que la oscuridad muestra lo que el sol vela. Será que las estrellas inquietaban también al Homínido primitivo.








* * *



No me van a dejar en paz, se dijo Alino mientras acariciaba la hoja amarillenta que acababa de releer por enésima vez. No, no van a dejar de perseguirme. El muchacho sacudió la cabeza y se puso de pie. Caminó hasta una ventana tapiada con bolsas de supermercado y, de un tirón, arrancó la del ala derecha. Si me buscan… pues que me vean, pensó al tiempo que asomaba el rostro buscando algún rayo de sol. Es que llevaba una semana recluido en el inmundo departamento que alquilaba a su único pariente vivo; un primo lejano que siquiera había conocido a sus tíos políticos. De hecho, Alino tampoco conocía a sus padres. Pero ese distaba de ser su desvelo por aquellos días. Primero porque era un trauma con el que ya había lidiado en años de adolescencia, segundo porque sentía la sombra de una amenaza y no terminaba de identificar la fuente o el porqué. Después de todo no solo no tenía padres. A la lista se le agregaba una marcada carencia de estudios, trabajo, mujeres, salud e incluso cama. Su único sustento provenía de los magros dividendos que dejaba el carterismo en la era de las tarjetas de crédito. Y ahora siquiera eso. Se había obsesionado con los hombres y mujeres de gris, como solía llamarles. Parecían estar en cada esquina, en el bus, el metro e incluso el mercado del que provenían aquellas bolsas amarillas. Le miraban, siempre le miraban. Algunos habían llegado a seguirle hasta la esquina del edificio. Alino se preguntaba quiénes serían. No creía que fueran policías, le habrían apresado varias veces. Tampoco mafiosos, como los de las películas. El no tenía nada que ver con el crimen organizado si es que realmente existía. No, no comprendía porqué, pero le seguían y les temía. Siempre allí, callados, observando. Como ese… el que acababa de cruzar la calle.





* * *





— ¡No! ¿Desde cuándo se animan a entrar en el edificio? —Alino gritaba presa de un arrollador sentimiento de vulnerabilidad. Había quedado junto a la ventana, apoyado con ambas manos en ella, pero de cara a la puerta. Miraba, buscaba con desesperación pero ninguna de sus posesiones parecía ajustarse al concepto de arma, siquiera de garrote. Lo sabía, el extraño venía por él y no encontraba manera de hacerle frente más que con las manos. Para colmo hacía ya varios días que sentía una alarmante debilidad en el cuerpo. Como si una gripe sin fiebre le hubiera pescado. No, perdí mucho tiempo pensando, se dijo. Si intento escapar… seguramente le encontraré en la escalera. Quizás sea mejor esperar y rezar porque esa cerradura oxidada le detenga.



Pero el sonido de los pasos del extraño en los escalones de madera que llevaban al tercer piso disipó toda perspectiva de seguridad. Como un puñetazo en el rostro, furtivo, se estaba acercando. Si, podía ver ahora aquella sombra colándose por debajo de la puerta; se hacía más ancha y real que todos los miedos acumulados en su mente. Ya era imposible evitarlo. La puerta de pino se movía, el hombre debía de habérsele apoyado. Fue entonces que llegó hasta Alino un sonido seco, un chasquido impensado, descolocado, fuera de contexto. Y también llegó el terror.



* * *







La secuencia de eventos terminó por desconcertar al muchacho que, un poco mareado, estuvo a punto de perder el equilibrio cuando se percató de que la sombra del extraño retrocedía y se perdía. La presión se desvanecía muy rápido, era como si le llevaran de diez mil metros de profundidad a un barco en segundos. Al menos eso se imaginaba dentro de esa especie de fugaz debacle nerviosa que estaba experimentando. Alino apoyó el peso de su cuerpo en el brazo derecho y este en el piso, mientras que con el izquierdo se rodeaba el estómago en un intento por frenar las terribles nauseas que le doblaban el tronco. Tengo que ver si sale del edificio, se dijo al cabo de unos segundos y gateó hasta la ventana. Y allí estaba, con su abrigo gris bajo ese sol abrasivo. Era el mismo aunque su actitud fuera diferente. Es que ese aura de seguridad absoluta, común a todos sus compañeros, se había desvanecido dejando entrever el rostro de un hombre desesperado, desencajado, temeroso. Giraba la cabeza de lado a lado, también hacia arriba, daba un par de pasos adelante, tres o cuatro hacia atrás, se frotaba el pelo con ambas manos y volvía a mirar hacia las esquinas de la cuadra. Parecía dudar acerca de sus opciones, sin dudas un error, porque apenas un minuto más tarde aparecía desde el oeste un automóvil negro de vidrios ahumados. Llegaba a toda velocidad y frenaba haciendo rechinar los neumáticos. Un hombre y una mujer, también enfundados en trajes de un riguroso gris, descendían y tomaban al que estaba en la vereda por los brazos. Alino creyó escuchar súplicas pero todo sucedía muy rápido. Tanto que para cuando logró colocarse de pié el automóvil se perdía entre el tránsito, a mas de dos cuadras.



* * *



El muchacho se llevó ambas manos al rostro mientras suspiraba, apenas aliviado. No llegaba a comprender nada de cuanto había sucedido. Si antes estas gentes le habían significado una incómoda incógnita ahora, la brecha en su psiquis, alcanzaba el rango de insoldable. No podía imaginar que debía hacer, era demasiado para esa simple e insignificante vida a la que estaba habituado. Y sin embargo allí estaban, llegando hasta su puerta, dejando… ¡El chasquido! Eso había sonado a papel.



Alino caminó despacio hasta la puerta, quitó los cerrojos y giró la llave. Lentamente fue abriendo y, a medida que la movía, volvía a escuchar aquel sonido que tanto le llamara la atención. Entonces, mirando el lado que siempre daba hacia afuera, vio al fin un sobre arrugado. Alino posó sus rodillas en el suelo y se dispuso a revisar aquello. Por fuera había un símbolo, un círculo dentro de un cuadro. Esto lo he visto antes, reflexionó. Por dentro lo que parecía ser una nota pero que, una vez desplegado el papel, brilló por su directa simplicidad. Era un mensaje impreso en tinta y ansiedad:



Busca concordancias con el símbolo en el sobre. Escapa ahora y no vuelvas nunca más.



TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS BAJO LICENCIA SAFE CREATIVE

Code: 1012158076683

Date Dec 15, 2010 10:34 PM UTC










Aquí los wallpapers que diseñé para el capítulo de hoy:





wall-3.33-1 por epicero, en Flickr



wall-3.33-2 por epicero, en Flickr



wall-3.33-5jpg por epicero, en Flickr



wall-3.33-7 por epicero, en Flickr







Y el trailer de la novela en su versión 1.0:





enlace: http://www.youtube.com/watch?v=o-j5i3mfm0o







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¡Gracias!






















Autor: fernomenoyde
http://libros-online-gratis.blogspot.com/

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