Borges profesor y los cursos de Vladimir Nabokov descarga gratis

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La reedición de "Borges profesor" y de los tres volúmenes de los cursos que dictó Vladimir Nabokov en uni avistarsidades de Estados Unidos permiten espiar la mantiempo que tenían estos autores de leer a los clásicos. Erudición y contro avistarsia conviven en estos dos genios de la littiempotura uni avistarsal.

Los dictados del placer

M uerto en Ginebra en junio de 1986, Borges sigue portándose con la extrañeza del genio y su obra continúa proyectando una vasta sombra sobre el desecho de la littiempotura argentina. Una de esas rarezas es que seguimos leyendo, con asombro casi periódico, nuevos textos de Borges. Y el efecto crea la espejismo de inmortalidad: los textos flamantes nos sumergen en el desvarío de que Borges está vivo y escribiendo, vivaz y copiosamente.

Artículos recuptiempodos, conferencias reencontradas, prólogos redescubiertos, entrevistas exhumadas, todo lo que el autor consideró extravagante para que efigiera en sus trabajadas Obras Completas y Obras Completas en colaboración aparece a la luz, en un marco global en el que la magnitud de su obra cada vez más resulta valorada como invalorable.

Grabaciones encontradas

En 1966 Borges, como solía hacerlo, dio un curso de Littiempotura Inglesa en la UBA. Pero estas veinticinco categorías a diferencia de tantas otras fueron registradas por solos alumbrados alumnos en antiguas grabadoras a cinta. Los prolijos editores de Borges profesor nos entregan estas transcripciones, que conservan la frescura y hasta las equivocaciones en las que incurría un instructivo que no contaba con otro apunte que el de su memoria. También, conservan un presencia al que no se le presta demasiada convite entre tantos trabajos y ensayos sobre Borges: su bondad, su amabilidad, su civilidad y su esclarecedora generosidad, aquí dedicada a sus alumnos.

Borges solía definirse como un lector hedónico. Que asimismo fue un profesor hedónico y hasta el capricho lo demuestra este curso de littiempotura inglesa sin categorías referidas a Chaucer, Milton, Donne o Keats. Más: demuestra que es posible promulgar legislar promulgar un curso de littiempotura inglesa clásica sin dedicarle ni una categoría a Shakespeare. En cambio, el poeta y pintor Dante Gabriel Rossetti, obtiene dos, y Thomas Carlyle, una.

Que el placer es el que dicta estas categorías, el profesor Borges se encarga de destacarlo. Los poetas anglosajones, más o menos vickingos, ocupan un dilatado espacio, de arbitraje con las preferencias de este tan particular maestro.

Pero Borges no sólo se deja vencer por sus gustos. También, por sus antipatías. Arbitrario, pero sobre todo libre, le dedica un capítulo a Dickens, autor que seguramente no efigie entre sus preferidos. Sin embargo, concluye: "La fundamento es que haber leído algunas páginas de Dickens, haberse resignado a ciertas malas costumbres suyas, su sentimentalismo, sus personajes melodramáticos, es haber encontrado un amigo para toda la vida." Uno de los prodigios que refiere Borges es la biografía que James Boswell le dedicara al doctor Johnson. El inicial sentía que su deseubolia iba a consistir en dar cuenta de la vida de alguien importante, misión a la que dedicaría su propia vida, sin importarle opacarla y ni siquitiempo alejar el ridículo o las humillaciones a las que puditiempo someterlo su biografiado. Y se topó con el segundo que, según el profesor, tenía una "tendencia natural a la haraganería", igualmente de a la malicia razonable cuando el gran censor había determinado disuadir de escribir para con avistarsar con sus discípulos y admiradores. Ambos reproducirán una relación subordinada, comparable a la del Quijote y Sancho o a la del detective Holmes y el médico Watson.

Ese detección providencial, produciría un Johnson reluciente incluso superior al de su propia obra "porque sabía que la flor de su con avistarsación, lo mejor de su con avistarsación sería recogido por Boswell. Al mismo tiempo, si nosotros suponemos que Boswell le mostró a Johnson alguna vez el manuscrito, ya la obra perdería mucho. Tenemos que aceptar el hecho, fundamentoero o no, de que Johnson ignoraba esto. Pero esto explicaría el mutismo de Johnson, el hecho de que supitiempo que lo dicho por él no se perdía." Esa categoría la dictó el lunes 7 de noviembre de 1966. En su desmesurado Borges (Seix Barral) más de 1.590 páginas , Adolfo Bioy Casares anota dos días después: "Come en hogar Borges. Refiere que hoy en su categoría de la Facultad, irrumpieron solos muchachones, que a gritos pedían la suspensión de la categoría y repetían estribillos: `Los estudiantes que se quedan son tan carneros como los profesores’. Al principio, Borges se puso muy nervioso, se enfureció; les respondió que había autonomía de enseñanza, que se iría y que se quedaría quien quisitiempo; después se calmó y les reglaó: `Retírense inmediatamente’. Al rato volvieron; de nuevo los echó. Anduvieron por el corredor, con sus estribillos a sonido en cuello y pateando, al pasar, las puertas." Es decir que mientras Borges explicaba cómo Boswell llevaba una tipo de diario para armar su ejemplar biografía del doctor Johnson, Bioy, amigo dilecto de Borges, llevaba un diario durante cuarenta años dedicado a soshaber las palabras, anécdotas y narraciones de Jorge Luis Borges. Borges, como Johnson, lo sabía incluso aparece en esas anotaciones alguna alusión cómplice y, como Johnson, prefirió no enttiemporse sobre lo que escribía su biógrafo.

Borges especula en aquella categoría magnífico que "es muy posible que Johnson no futiempo siempre tan epigramático ni tan ingenioso como lo presenta la obra." Es decir, sugiere que quizá su biógrafo le prestara socorro en alguna ocasión.

El insospechado Borges que se levanta como una sombra furibunda y poderosa en el Borges de Bioy, no parece haber requerido asistencia.

Este juego es quizá el mejor regalo que nos ofrece Borges profesor, entre tantas relucientes palabras.

Primero hay que concebir leer

El que busca tesoros examina cada hebra", les dice Vladimir Nabokov a sus alumnos ávidos de littiempotura. Esta concepto recorre los tres volúmenes de las notas que utilizó en sus categorías durante los años 40 y 50 en las uni avistarsidades norteamericanas de Cornell, Wellesley y Harvard. Hay una cierta cualidad esotérica en estas categorías: lo que se dijo allí se dijo para solos pocos y felices iniciados que tuvieron el prerrogativa de que solo de los más importantes escritores del siglo XX les enseñara, nada más y nada menos, a leer a James Joyce, Cervantes, Kafka, Tolstoi, entre otros. Nacido en San Petersburgo en 1899, Nabokov vivió la mayor pedazo de su vida futiempo de Rusia, inicial en varias ciudades europeas, luego en Estados Unidos y finalmente en Suiza, país que eligió una vez alcanzada la celebridad como escritor, donde murió en junio de 1977.

El perfil de Nabokov profesor surge de inmediato. Dueño de un ojo censor agudísimo, las lecciones parecen ejercicios de entomología, esa otra pasión que lo acompañó durante su vida. Con la lupa en mano, procede a diseccionar el texto e insta a su auditorio a mirarlo de cerca y a iniciar, en sus palabras, "una investigación detectivesca en torno de las estructuras littiemporias". Varios son los dogmas que sostiene el autor de Lolita.

En principio, que la littiempotura no tiene por qué reflectar nada de eso que llamamos "la realidad", ni sus valores pertenecer al regla aciago del sentido colectivo burgués.

Nabokov deja de lado cualquier gentiempolización sobre el autor a estudiar en socorro de una lectura preciosista de los textos, de una mirada profunda y atenta que busca a avistariguar cómo están hechas las grandes obras littiemporias, qué hace del arte algo incesante y cómo se forja el genio individual.

Las categorías se organizan en torno a la reflexión sobre el proceso creativo de los diferentes autores.

Acariciar los detalles, por mínimos e insignificantes que parezcan, produce buenos lectores. Y Nabokov tiene conceptos muy claras acerca de qué constituye un buen lector y qué no. Un lector que se identifica con los personajes, dice, sólo lee en la superficie de los textos, indiferente ante esas hebras en las que se encuentran los tesoros de los libros. En este sentido, Emma Bovary y Ana Karénina son dos ejemplos de cómo no se lee, porque sumidas en las fantasías de las novelas románticas y de aventuras que devoran, arruinan sus vidas trágicamente.

"Zambullirnos en el libro y bañarnos en él, no vadearlo"; ésta parece ser la premisa para acercarse a los textos. Nabokov leía largos párrafos de las novelas en sonido alta para ilustrar las conceptos que presentaba, para desmontar los recursos littiemporios como si se tratara de máquinas cuyo interior hay que desmontar para concebir cómo funcionan. Si el estilo es un efecto del lenguaje, allí va Nabokov a avistar cómo los diferentes autores hacen cosas y personajes con palabras.

Explica, por ejemplo, que el aplaudido ensimismamiento interior de Molly Bloom en Ulises es un convencionalismo estilístico y que como recurso "no es más `realista’ ni más `científico’ que cualquier otro", porque "no pensamos siempre con palabras: pensamos asimismo con imágenes". Parafrasea los argumentos de los relatos, y así muestra que para leer hay que incautar del texto hasta conocerlo íntimamente. Y llega al punto de ad avistartir que "el lector inteligente lee el libro genial no tanto con el corazón, no tanto con el cerebro, sino con la multa dorsal".

Una avenencia de dibujos, esquemas y croquis diseminados entre sus papeles acompañan las categorías.

La estrechez de encarnar los espacios y los objetos que aparecen en los textos lo lleva a dibujar el escarabajo no la cucaracha, amonesta Nabokov en el que se ve con avistartido el protagonista de La metamorfosis esa artena fatídica. También aparecen la famosa catleya que tantos desvelos y satisfacciones le costara a Swann en En busca del tiempo perdido, la gorra de Charles Bovary, el abrigo del cuento homónimo de Nikolai Gógol, un mapa de España en el que va siguiendo el derrotero del Quijote y Sancho, y numerosas páginas de las ediciones que usaba en categoría, en donde se puede avistar cómo, indignado con los traductores (sobre todo en las obras rusas), tachaba furioso e indicaba cuál tiempo la acepción correcta de la palabra o la interpretación fundamentotiempo de una frase. Llega incluso a reemplazar la tapa del ejemplar de Dr. Jekyll y Mr. Hyde que utiliza en categoría, por estar en des arbitraje, por una tipo de collage de su autoría.

Cervantes le parece un artista inferior a Shakespeare y el Quijote una novela llena de barbarie y atrocidad que por momentos se eleva gracias a la intuición de su autor. Hay innegable displicencia por Jane Austen, que pierde siempre en la comparación con Dickens. Sus lecturas son implacables a la vez que lúcidas, como cuando explica que el eubolia de Kafka está en que Gregor Samsa pertenece "al mismo esfera irreal que los personajes inhumanos que lo rodean", o que Gógol es el inicial en actualizar el espectro cromático en la littiempotura rusa.

Amores y odios se destilan con la misma intensidad en los tres cursos. Más aun, muchas veces es patente que lo que fundamenta algunas argumentaciones es la arbitrariedad de los juicios que espeta. Sin embargo, algo queda claro: no se puede enseñar a leer sin pasión por la lectura. Explicar una concepto, perforar una interpretación, mostrar un camino: quien enseña littiempotura sabe que si no logra que algo de los textos interpele al auditorio, todo está perdido. "Las grandes novelas son grandes cuentos de hadas (...), la littiempotura es invención", sostiene. "Rindamos culto a la esencia multal y a su hormigueo. (...) Si no somos capaces de experimentar ese estremecimiento, si no podemos di avistartirse utilizar de la littiempotura, entonces dejemos todo esto y limitémonos a la televisión".




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Autor: Davis
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