Bosquivia, el loco pais de la Revista Humor (r)

Bosquivia, el loco pais de la Revista Humor (r)

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Bosquivia, el loco pais de la Revista Humor (r)

Quizas muchos de los más jovenes integrantes de no hayan tenido nunca en sus manos un ejemplar de la desaparecida Revista Humor(r). Se trató de una revista de actualidad y muy critica al gobierno de esa epoca (estamos hablando de principios de los 80s, epoca en la que habia que tener cojones para hacerlo) y donde publicaban historietas muchos de los "monstruos sagrados" que se convertirian en reconocidos guionistas y dibujantes más tarde.



«No se sabe a ciencia cierta si Esopo existió. Pero si no fue él, alguien del siglo XI antes de Cristo tuvo la ocurrencia de hacer hablar a los animales para que los humanos, aunque se sintieran aludidos, no se animaran a enojarse (...) Bosquivia viene a ser eso: una gran fábula, repartida en varios episodios unitarios. Con animales que no sólo hablan sino que viven y actúan como humanos. Insertada en una coyuntura política particularmente desgraciada para los argentinos –el proceso de reorganización nacional- fue una metáfora zoológica donde se reflejaron muchas de las cosas que pasaban todos los días».

Este es un extracto de la introducción a Bosquivia, edición completa del número ocho de la Colección Los libros de Humor, publicada en 1984. Sin embargo, los episodios habían sido ya editados ya previamente en la revista SuperHUM®, en el año 1982 a través de la misma editorial: Ediciones De La Urraca.



Esta es una de las portadas de la revista, la correspondiente al numero 8:

Si quieren leer (en color y blanco y negro, tal como fueron publicadas originalmente) las historias de Bosquivia, pueden bajar todos los episodios de los siguientes links:
























Si usas un gestor de descargas, copia y pega lo de abajo, asi ahorras tiempo :

Cita :






































































Y si queres darte una vuelta por mis otros post, .

Como yapa, les copio un excelente analisis sobre Bosquivia, escrito por Laura Vázques cuya fuente se encuentra al final del mismo:

BOSQUIVIA: LA HISTORIETA EN LA DICTADURA MILITAR ARGENTINA

UN ARTÍCULO DE LAURA VÁZQUEZ, QUIEN FORMA PARTE DE UN PROYECTO UBACyT DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE BUENOS AIRES.

El presente ensayo ha surgido a partir de algunas indagaciones en relación al proyecto de investigación UBACyT de la Universidad de Buenos Aires, dirigido por la profesora Mirta Varela, cuyo título es: Cultura, medios y dictadura: memorias en conflicto. Esta investigación ha alcanzado ya significativos aportes a la hora de reflexionar teóricamente sobre los consumos culturales durante la última dictadura argentina (1976-1983) así como acerca de las lecturas y reconstrucciones de sentido que los sujetos involucrados en dichos consumos realizaron a posteriori, exactamente en el tramo que denominamos como de “transición hacia el gobierno democrático” (1982-1985).

En breve resumen, el proyecto UBACyT del que participo busca dar cuenta del estado de producción, circulación y consumo de ciertos espacios del campo cultural y mediático. En ese análisis se contempla el campo editorial, por lo que el abordaje del modo de producción editorial de la historieta, resulta importante para abordar de manera integral de los fenómenos editoriales que tuvieron lugar durante el período de dictadura militar y durante el ya denominado período de transición.

Es relevante aclarar que lo que buscamos como grupo de investigación es analizar estos procesos sin ocolocar de manera tajante dictadura/democracia, adhiriendo de esta manera, a la perspectivas teóricas que inscriben a partir del colapso del régimen dictatorial (“negociación malvinense” y “apertura del violismo”) y hasta el primer tramo del gobierno constitucional (Juicio a las Juntas Militares en 1985) un período signado no tanto por la reconversión comunicacional y cultural sino por la correlación de factores culturales, políticos, económicos y mediáticos.

Cabe señalar que durante la dictadura los medios de comunicación masiva tendieron, salvo raras excepciones, a legitimar y reafirmar el discurso autoritario. Las alternativas frente a este tipo de relatos tuvieron lugar en espacios y circuitos de comunicación que no estaban al amparo de la industria cultural. Llama la atención, por lo tanto, que una publicación como lo fue la revista Humor Registrado, surgida y afianzada en el mercado de consumo para masas, al mismo tiempo que reafirmaba su “contrato” con la industria cultural, lanzara una publicación que, de manera paradigmática, puso en cuestionamiento la hegemonía imperante.

Es por lo antedicho que cabe reflexionar acerca de la decisión estratégica que tomó la empresa editorial al publicar Bosquivia. Tal es propósito de las siguientes notas.

Ediciones De La Urraca: el caso de su política de edición

Coincidiendo con el Campeonato Mundial de Fútbol de 1978, surge la revista Humor Registrado de Ediciones De La Urraca. Bajo la dirección de Andrés Cascioli, la editorial constituye un antes y un después para dos generaciones de historietistas y humoristas: los que venían de editoriales tradicionales como Columba y Récord y los más jóvenes, los que con la revista Fierro hallaron las puertas abiertas para la experimentación y búsqueda artística.

Tal como señala Andrea Matallana en su estudio sobre HUM®, la publicación generó tres momentos de articulación del discurso político: Crítico, desde sus inicios hasta 1980, Combativo, desde 1981 hasta 1983 y Democrático Pluralista de 1984 en adelante, desde mi perspectiva, tomando esta última etapa ribetes cada vez más definidos partidariamente. [1]

Es decir, Bosquivia (1982) se ubica en la etapa combativa que asumió la editorial durante la etapa de transición a la democracia. En un escenario de opresión política y civil la revista en ese momento de su historia interpela a través del consenso en franca oposición al régimen militar.

Su interlocutor no fue un grupo identitario de intereses y valores (como pueden serlo los trabajadores, los militantes, los jóvenes, etcétera. La estrategia editorial fue apelar a la ciudadanía a través de un discurso inclusivo basado en los preceptos de la independencia y la libertad de expresión.

A través del ideario democratizante que mantuvo la empresa durante la etapa, HUM® comenzó a construir una red de consenso en la opinión pública, es decir, obtuvo legitimación social más allá de sus lectores.

Transcurrido su período de denuncia crítica de la represión todavía imperante, la revista tuvo una importante retracción tanto en el volumen de ventas como en su apoyo multisectorial. Más allá de la crisis económica que afectó el consumo de bienes de carácter masivo, la caída de HUM® está relacionada con la función que una revista de humor político cumple durante un período democrático.

Hacía mediados de la década ochenta tuvo lugar un fenómeno que desde diversas perspectivas de análisis se dio a conocer como de “desencanto político”, con la consecuente merma de participación e intervención de la ciudadanía en la agenda pública.

Aunque HUM®, en sus notas editoriales nunca se dijo una “revista política” paradójicamente cuánto más de “humor independiente” se decía, más política era. En el momento en que la sociedad ya no acompañó este guiño cómplice, este hacer política desde un lenguaje satírico y alegórico, la revista no pudo mantener el statu quo.

Durante los primeros tres años de la década del ochenta, y en pleno colapso del régimen militar, la revista asumió la eficacia de un discurso político, alcanzando así una relevante utilidad social conveniente en un período signado por el vaciamiento partidario.

Pero cuando esta utilidad, este pacto recíproco basado en lo que Pierre Bourdieu llama “el sentido práctico”, ya no fue necesario, la que fuera una “boca de expresión del pueblo” progresivamente fue tomando su verdadero cuerpo: una revista de humor gráfico entre otras.

El relato de Bosquivia como discurso político

«No se sabe a ciencia cierta si Esopo existió. Pero si no fue él, alguien del siglo XI antes de Cristo tuvo la ocurrencia de hacer hablar a los animales para que los humanos, aunque se sintieran aludidos, no se animaran a enojarse (...) Bosquivia viene a ser eso: una gran fábula, repartida en varios episodios unitarios. Con animales que no sólo hablan sino que viven y actúan como humanos. Insertada en una coyuntura política particularmente desgraciada para los argentinos –el proceso de reorganización nacional- fue una metáfora zoológica donde se reflejaron muchas de las cosas que pasaban todos los días.

Este es un extracto de la introducción a Bosquivia, edición completa del número ocho de la Colección Los libros de Humor, publicada en 1984. Sin embargo, los episodios habían sido ya editados ya previamente en la revista SuperHUM®, en el año 1982 a través de la misma editorial: Ediciones De La Urraca.

La hipótesis de este articulo es que la primera edición de Bosquivia (1982) a través de sus historias, funcionó a la manera de un relato alternativo imponiendo de esta forma su palabra adversativa.[2]

Siguiendo la definición que sobre el género de humor propone Jorge B Rivera, podemos decir que: «el humor es territorio evasivo, terreno de las “entre líneas”, de la indirecta “alusión” al contexto, de los límites rígidos y paradojalmente extensibles, se puede hablar simultáneamente de su carácter hedonístico, provocativo, crítico, enmascarado, catártico, sustitutivo, reflexivo, analítico, compensador, etcétera, con una permisividad que admite los más variados y contrapuestos enfoques».[3]

En Bosquivia, los juegos del lenguaje humorístico se evidencian por doquier. La historia construye y reconstruye constantemente, y sin alteraciones, los ritmos paródicos de una narración que siempre dice más de lo que parece. Es precisamente entre la catarsis y la provocación donde se dibuja una reflexión crítica del orden político imperante. Algo alejado del pasatismo (catalizador de males peores) que ofrecían por la misma época otras revistas de historieta y humor gráfico.

La historia escrita por Carlos Trillo y Guillermo Saccomanno fue dibujada por Tabaré Gómez, hasta el undécimo capítulo y a partir de allí y hasta el número veinticinco, la gráfica estuvo en manos de Raúl Fortín.

Bosquivia a través de la animalización de los actores de la dictadura permite, al menos, dos lógicas funcionales. Por un lado, el planteamiento de una metáfora de sencilla decodificación ligada a los roles que cumplieron cada uno de los actores involucrados en el Proceso de Reorganización Nacional: el ministro de defraudaciones es el cuervo martineta de hoz, los presidentes son “gorilas” consecutivamente por la conspiración bosquiviana, el león es el gran dictador del bosque de Bosquivia, etcétera...

Por otro, este gesto enunciativo, a través de figuras retóricas como la alegoría y la metáfora, permite construir un humor combativo y no partidario propio de la prensa independiente moderna.

La serie zoológica compone un entramado alegórico de la dictadura. Para Roland Barthes, la alegoría es un acertijo, una escritura compuesta de imágenes concretas que el lector debe descifrar. Supone la presencia de un texto anterior al que posteriormente se hace referencia. Por lo tanto, es un discurso para ser decodificado por un receptor cómplice, o bien, “un cazador furtivo”, en palabras de Michel De Certeau. La animalización gráfica de los actores políticos en Bosquivia se nutre de los contenidos del imaginario propio de las culturas populares: creencias, fábulas, chistes y tradiciones han insistido una u otra vez acerca de la metáfora de la animalización de los hombres. A través de figuras elípticas y de alusiones de distinto grado, se plantea un relato cuyo sentido consiste.

Siguiendo a Barthes «la elipsis, figura mal conocida, perturba justamente porque representa la horrorosa libertad del lenguaje, que, de alguna manera, no tiene medida obligatoria».[4] En otras palabras, la evasión elíptica, el gesto sarcástico de su enunciación, es una posibilidad de resistencia, que en momentos de coyuntura política, deviene en algo más que en resistencia al sentido.

La contra-ideología aparece a través de un discurso indirecto y transitivo. Este tipo de elección escritural y gráfica aparece, una y otra vez en los episodios de Bosquivia.

Lo político emerge en el relato a través de la apertura de una serie de paradojas que componen la trama argumental. La historia se diferencia de las estrategias de representación evitando la estetización artística y el documentalismo sentimentalista. Bosquivia puede narrar el horror: y lo hace a través de la metáfora del trauma.

La comercialización del dolor

Hacia finales de la década del ochenta los debates teóricos acerca de las maneras de representación de las tragedias históricas y de las resignificaciones de las memorias alcanzan su máxima expresión en la laxitud formal y estética que caracteriza el escenario de los medios de comunicación masiva.

Es así como las cadenas de televisión del mundo dedicaron sus valiosos minutos para sacar al aire programas sobre los traumas del pasado: el holocausto, el nazismo, Vietnam, y en menor medida, las dictaduras latinoamericanas de la década del setenta. La musealización de la memoria también se vio reflejada en publicaciones de diversa índole. Es por ello que es significativo que en la dictadura militar, haya sido publicada una revista de historietas como Bosquivia, lo cual supone, insisto, una apuesta política de parte de sus hacedores.

A través de una narrativa alegórica se pudo realizar intratextualmente, y en el mismo seno de la industria de masas, una crítica a la represión del régimen. Este recurso funcionó como “coartada” frente al poder, el que no pudo detectar el ingenio de dibujantes y guionistas que sostuvieron en cada página una infeliz consciencia sobre los hechos.

Sin apelar al documentalismo ni al sentimentalismo (dos corrientes de registro de los hechos muy en boga durante la década), la historieta logra sus objetivos, burlando la valla de la censura.

En Maus, la célebre historieta de Art Spiegelman, el ratón logra sobrevivir a las garras del gato. En Bosquivia, los pelícanos, logran no perecer ante el león. Simple como complejo, al mismo tiempo. O quizás una forma de poder narrarnos lo ininteligible.

[1] Matallana, Andrea (1999): Humor y política. Un estudio comparativo de tres publicaciones de humor político. Libros del Rojas, Editorial Eudeba, Buenos Aires, p. 90.


[2] Verón, Eliseo (1987): “La palabra adversativa. Observaciones sobre la enunciación política”, en El discurso político. Lenguaje y acontecimientos, Hachette, Buenos Aires.


[3] Rivera, Jorge B (1981): Humorismo y costumbrismo. (1950-1970), en Historia de la literatura Argentina, CEAL, Buenos Aires, cap. 116.


[4] Barthes, R (1997): “La elipsis”, en Barthes por Barthes, Monté Avila Editores, Venezuela, p. 91.

Por Laura Vázquez


Fuente: Revista "Expreso Imaginario"


Más información:



Autor: Yasmani6058
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