Harry Potter 7. Libro Completo. [Cap 1]

Harry Potter 7. Libro Completo. [Cap 1]

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HOLA AMIGOS OS, HOY LES VENGO CON EL MAYOR LIBRO ESPERADO DEL MUNDO, [OBVIAMENTE YA SE PUEDE COMPRAR] PERO PARA QUE NO LO TENGAN, LES DEJO TODO EL PRIMER CAPITULO, SE PREGUNTARAN POR QUE NO LO PUSE ENTERO, ERA POR QUE EN UN POST NO SE PUEDE EXEDER MAS DE LOS 6500000000 CARACTERES CREO, QUE ERA LO MISMO A 1 O 2 CAPITULOS, PERO SE LES DEJO SEPARADO POR CAPITULOS





dijo:

Capítulo 1



EL ASCENSO DEL SEÑOR TENEBROSO




Los dos hombres aparecieron de la nada, a unas yardas de distancia en un

sendero angosto e iluminado por la luna. Por un segundo se quedaron quietos,

apuntándose con las varitas el uno al pecho del otro: luego, habiéndose

reconocido, las guardaron bajo sus capas y se pusieron a caminar, lado a lado, en

la misma dirección.

- ¿Alguna novedad?-preguntó el más alto de los dos.

-La mejor.-respondió Snape.

El sendero estaba bordeado a la izquierda por matorrales silvestres de lento

crecimiento, a la derecha con un alto y pulcramente recortado seto. Las largas

capas de los hombres flameaban alrededor de sus tobillos mientras marchaban.

-Aunque podría ser tarde, -dijo Yaxley, sus rasgos fofos entraban y salían de la

vista cuando las ramas de los árboles colgantes interrumpían la luz de la luna-.

Fue un poco más engañoso de lo que pensaba. Pero espero que esté satisfecho.

Pareces confiar en que tu recepción será buena.

Snape asintió, pero no se explicó. Giraron a la derecha, a un amplio camino de

acceso en el que desembocaba el sendero. El alto seto se curvaba alejándose de

ellos, extendiéndose en la distancia más allá del par de impresionantes verjas de

hierro que interrumpían el camino de los hombres. Ninguno de ellos dio un paso;

en silencio ambos alzaron sus brazos izquierdos en una especie de saludo y

pasaron a través del metal oscuro que era humo.

The yew hedges amortiguaban el sonido de los pasos de los hombres. Se oyó un

susurró en algún lugar a su derecha; Yaxley sacó su varita, de nuevo probó no ser

nada más que un pavo real blanco, pavoneándose majestuosamente a lo largo de

lo alto del seto.

-Lucius siempre se lo tuvo muy creído. Pavos reales... -Yaxley metió su varita de

vuelta bajo su capa con un resoplido.

Una hermosa casa solariega surgió en la oscuridad al final del recto camino, con

luces destelleando en las ventanas con forma de diamante del piso inferior. En

algún lugar del oscuro jardín más allá del seto una fuente estaba en

funcionamiento. La grava crujió bajo sus pies cuando Snape y Yaxley se

apresuraron hacia la puerta principal, que se abrió hacia adentro ante su

aproximación, aunque no había nadie visible que la abriera.

El vestíbulo era grande, pobremente iluminado, y suntuosamente decorado, con

una magnífica alfombra que cubría la mayor parte del suelo de piedra. Los ojos

de los retratos de caras pálidas en las paredes siguieron a Snape y Yaxley

mientras los pasaban a grandes zancadas. Los dos hombres se detuvieron ante

una pesada puerta de madera que conducía a la siguiente habitación, dudando

durante el espacio de un latido de corazón, entonces Snape giró la manilla de

bronce.

El estudio estaba lleno de gente silenciosa, sentada a lo largo de una mesa

ornamentada. El mobiliario usual de la habitación había sido empujado

descuidadamente contra las paredes. La iluminación provenía de un rugiente

fuego bajo una hermosa chimenea de mármol trasmontada por una ventana

dorada. Snape y Yaxley se demoraron un momento en el umbral. Cuando sus ojos

se acostumbraron a la falta de luz, fueron atraídos hacia adelante por los

extraños rasgos de la escena de una figura humana aparentemente inconsciente

que colgaba bocabajo sobre la mesa, revolviéndose lentamente como suspendida

por una cuerda invisible, y reflejada en el espejo y en la desnuda y pulida

superficie de la mesa de abajo. Ninguna de las personas sentadas bajo esta

singular visión estaba mirándola excepto por un joven pálido sentado casi

directamente bajo ella. Parecía incapaz de evitar mirar hacia arriba a cada

minuto o así.

-Yaxley, Snape, -dijo una voz alta y clara desde la cabecera de la mesa-. Llegáis

convenientemente tarde.

El que hablaba estaba sentado directamente ante el fuego, así que fue difícil, al

principio, para los recién llegados divisar algo más que su silueta. Cuando se

acercaron, sin embargo, su cara brilló a través de las sombras, sin pelo, con

aspecto de serpiente, con rajas por nariz y brillantes ojos rojos cuyas pupilas

eran verticales. Estaba tan pálido que parecía emitir un brillo perlado.

-Severus, aquí, -dijo Voldemort, señalando el asiento a su inmediata derecha-.

Yaxley... junto a Dolohov.

Los dos hombres ocuparon sus lugares asignados. La mayoría de los ojos

alrededor de la mesa siguieron a Snape, y estaban posado en él cuando Voldemor

habló primero.

-¿Y?

-Mi Señor, La Orden del Fénix tiene intención de trasladar a Harry Potter de su

actual lugar seguro el próximo Sábado, al anochecer.

El interés alrededor de la mesa se agudizó palpablemente. Algunos se tensaron,

otros se inquietaron, todos miraban fijamente a Snape y Voldemort.

-Sábado... al anochecer, -repitió Voldemort. Sus ojos rojos se fijaron en los

negros de Snape con tanta intensidad que algunos de los observadores apartaron

la mirada, aparentemente temerosos de que ellos mismos resultaran quemados

por la ferocidad de la mirada. Snape, sin embargo, devolvió la mirada

tranquilamente a la cara de Voldemort y, después de un momento o dos, la boca

sin labios de Voldemort se curvó en algo parecido a una sonrisa.

-Bien. Muy bien. Y esta información proviene de...

-... de la fuente que hemos discutido, -dijo Snape.

-Mi Señor.

Yaxley se había inclinado hacia adelante para mirar mesa abajo hacia Voldemort

y Snape. Todas las caras se giraron hacia él.

-Mi Señor, yo he oído algo diferente.

Yaxley esperó, pero Voldemort no habló, así que siguió,

-A Dawlish, el Auror, se le escapó que Potter no será trasladado hasta el día

treinta, la noche antes de que el chico cumpla diecisiete.

Snape estaba sonriendo.

-Mi fuente me dijo que plantarían un falso rastro; este debe ser. Ni dudo de que

Dawlish está bajo un Encantamiento Confundus. No sería la primera vez; se sabe

que es susceptible.

-Te aseguro, mi Señor, que Dawlish parecía bastante seguro, -dijo Yaxley.

-Si estaba Confundido, naturalmente que estaría seguro, -dijo Snape-. Yo te

aseguro, Yaxley, que la Oficina de Aurores no tomará parte en la protección de

Harry Potter. La Orden cree que tenemos infiltrados en el Ministerio.

-La Orden tiene razón en algo entonces, ¿verdad? -dijo un hombre bajo y grueso

sentado a corta distancia de Yaxley; soltó una risita silbante que resonó allí y a lo

largo de la mesa.

Voldemort no rió. Su mirada había vagado hacia arriba hasta el cuerpo que se

revolvía lentamente en lo alto, y parecía estar perdido en sus pensamientos.

-Mi señor, -siguió Yaxley-. Dawlish cree que toda una partida de Aurores se

ocupará de trasladar al chico...

Voldemort alzó una larga mano blanca, y Yaxley se calló al instante, observando

resentido como Voldemort volvía a girarse hacia Snape.

-¿Dónde van a ocultar al chico a continuación?

-En la casa de un miembro de la Orden, -dijo Snape-. El lugar, según la fuente,

ha sido equipado con cada protección que la Orden y el Ministerio juntos han

podido proporcionar. Creo que habrá poca oportunidad de cogerle una vez esté

allí, mi Señor, a menos, por supuesto, que el Ministerio haya caído antes del

próximo Sabado, lo cual podría darnos la oportunidad de descubrir y deshacer los

suficientes encantamientos como para romper el resto.

-Bien, ¿Yaxley? -llamó Voldemort mesa abajo, la luz del fuego iluminaba

extrañamente sus ojos rojos-. ¿Habrá caído el Ministerio para el próximo Sábado?

Una vez más, todas las cabezas se giraron. Yaxley cuadró los hombros.

-Mi Señor, tengo buenas noticias sobre ese punto. He... con dificultad y después

de grandes esfuerzos... tenido éxito al colocar una Maldición Imperius sobre Pius

Thircknesse.

Muchos de los sentados alrededor de Yaxley parecieron impresionados; su vecino,

Dolohov, un hombre con una larga y retorcida cara, le palmeó la espalda.

-Es un comienzo, -dijo Voldemort-. Pero Thicknesse es solo un hombre.

Scrimgeour debe estar rodeado por nuestra gente antes de que yo actue. Un

atentado fallido contra la vida del Ministro me hará retroceder un largo tramo

del camino.

-Si... mi Señor, eso es cierto... pero ya sabe, como Jefe del Departamente de

Refuerzo de la Ley Mágica, Thicknesse tiene contacto regular no solo con el

propio Ministro, sino también con los Jefes de todos los demás departamentos del

Ministerio. Será, creo yo, fácil ahora que tenemos a un oficial de tan alto rango

bajo nuestro control, subyugar a los otros, y después podemos trabajar todos

juntos para someter a Scrimgeour.

-Mientras nuestro amigo Thicknesse no sea descubierto antes de convertir al

resto, -dijo Voldemort-. En cualquier caso, parece improbabe que el Ministerio

vaya a ser mío antes del próximo Sábado. Si no podemos tocar al chico en su

destino, debemos hacerlo mientras viaja.

-Tenemos ventaja ahí, mi Señor, -dijo Yaxley, que parecía decidido a recibir

alguna porción de aprobación-. Ahora tenemos a varias personas plantadas

dentro del Departamento de Transporte Mágico. Si Potter se Aparece o utiliza la

Red Flu, lo sabremos inmediatamente.

-No harán ninguna de las dos cosas, -dijo Snape-. la Orden está esquivando

cualquier forma de transporte que esté controlada o regulada por el Ministerios;

desconfían de todo lo que tenga que ver con ellos.

-Todavía mejor, -dijo Voldemort-. Tendrá que salir a campo abierto. Más fácil de

tomar, con mucho.

De nuevo Voldemort levantó la mirada hacia el cuerpo que se revolvía

lentamente mientras seguía,

-Me ocuparé del chico en persona. Se han cometido demasiados errores en lo que

a Harry Potter concierne. Algunos de ellos han sido míos. Que Potter viva se debe

más a mis errores que a sus triunfos.

La compañía alrededor de la mesa observaba a Voldemort aprensivamente, cada

uno de ellos, por su expresión, temiendo que pudieran ser culpados por la

continuada existencia de Harry Potter. Voldemort, sin embargo, parecía estar

hablando más para sí mismo que para ninguno de ellos, todavía dirigiéndose al

cuerpo inconsciente sobre él.

-He sido descuidado, y así me he visto frustrado por la suerte y la oportunidad,

demoleroras de nada más y nada menos que de los planes mejor trazados. Pero

ahora soy más listo. Entiendo lo que no entendía antes. Debo ser yo quien mate a

Harry Potter, y lo haré.

Ante esas palabras, aparentemente en respuesta a ellas, sonó un repentino

aullido, un terrible y desgarrador grito de miseria y dolor. Muchos de los sentados

ante la mesa miraron hacia abajo, sobresaltados, por el sonido que había

parecido surgir de debajo de sus pies.

-Colagusano, -dijo Voldemort, sin cambiar su tono tranquilo y pensativo, y sin

apartar los ojos de cuerpo que se removía arriba-. ¿No te he dicho que

mantuvieras a nuestro prisionero tranquilo?

-Si, m...mi Señor, -jadeó un hombrecillo en mitad de la mesa, que había estado

sentado tan abajo en su silla que ésta había parecido, a primera vista, estar

desocupada. Ahora se revolvió en su asiento y salió a toda prisa de la habitación,

no dejando tras él nada más que un curioso brillo plateado.

-Como estaba diciendo, -continuó Voldemort, mirando de nuevo a las caras

tensas de sus seguidores-. Ahora soy más listo, necesitaré, por ejemplo, tomar

prestada la varita de uno de vosotros antes de ir a matar a Potter.

Las caras a su alrededor no mostraron nada menos que sorpresa; podría haber

anunciado que quería coger prestado uno de sus brazos.

-¿Ningún voluntario? -dijo Voldemort-. Déjadme ver... Lucius, no veo razón para

que sigas teniendo una varita.

Lucius Malfoy levantó la mirada. Su piel parecía amarillenta y cerosa a la luz del

fuego, y sus ojos estaban hundidos y sombríos. Cuando habló, su voz era ronca.

-¿Mi Señor?

-Tu varita, Lucios. Exijo tu varita.

-Yo...

Malfoy miró de reojo a su esposa, que estaba mirando directamente hacia

adelante, tan pálida como él, su largo pelo rubio colgaba por su espalda, pero

bajo la mesa sus dedos esbeltos se cerraron brevemente sobre la muñeca de su

esposo. Ante su toque, Malfoy metió la mano en la túnica, retirando una varita, y

pasándosela a Voldemort, que la sostuvo en alto delante de sus ojos rojos,

examinándola atentamente.

-¿Qué es?

-Olmo, mi Señor, -susurró Malfoy.

-¿Y el centro?

-Dragón... nervio de corazón de dragón.

-Bien, -dijo Voldemort. Sacó su propia varita y comparó sus longitudes. Lucius

Malfoy hizo un movimiento involuntario; durante una fracción de segundo pareció

como si esperara recibir la varita de Voldemort a cambio de la suya. El gesto no

le pasó por alto a Voldemort, cuyos ojos se abrieron maliciosamente.

-¿Darte mi varita, Lucius? ¿Mi varita?

Algunos de los miembros de la multitud rieron.

-Te he dado tu libertad, Lucius, ¿no es suficiente para ti? Pero he notado que tú y

tu familia parecéis menos felices que antes... ¿Qué hay en mi presencia en tu

casa que te disguste, Lucius?

-Nada... ¡nada, mi Señor!

-Que mentiroso, Lucius...

La suave voz pareció sisear incluso después de que la cruel boca hubiera dejado

de moverse. Uno o dos de los magos apenas reprimieron un estremecimiento

cuando el siseo creció en volumen; algo pesado podía oirse deslizándose por el

suelo bajo la mesa.

La enorme serpiente emergió para escalar lentamente por la silla de Voldemort.

Se alzó, pareciendo interminable, y fue a descansar sobre los hombros de

Voldemor; su cuello era más grueso que el muslo de un hombre; sus ojos, con sus

rajas verticales por pupilas, no parpadeaban. Voldemort acarició a la criatura

ausentemente con largos dedos finos, todavía mirando a Lucius Malfoy.

-¿Por qué los Malfoy parecen tan infelices con su suerte? ¿No es mi retorno, mi

ascenso al poder, lo que profesaban desear durante tantos años?

-Por supuesto, mi Señor, -dijo Lucius Malfoy. Su mano temblaba cuando se limpió

el sudor del labio superior-. Lo deseabamos... lo deseamos.

A la izquierda de Malfoy su esposa hizo un extraño y rígido asentimiento, sus ojos

evitaban a Voldemort y a la serpiente. A su derecha, su hijo, Draco, que había

estado mirando fijamente hacia arriba al cuerpo inerte en lo alto, miró

rápidamente hacia Voldemort y apartó la mirada una vez más, aterrado de hacer

contacto ocular.

-Mi Señor, -dijo una mujer oscura en mitad de la mesa, su voz sonaba

constrecnida por la emoción-, es un honor tenerte aquí, en la casa de nuestra

familia. No puede haber mayor placer.

Sentada junto a su hermana, tan diferente a ella en aspecto, con su pelo oscuro

y ojos pesadamente perfilados, como lo era en aguante y comportamiento;

donde Narcissa se sentaba rígida e impasible, Bellatrix se inclinaba hacia

Voldemort, como si las meras palabras no pudieran demostrar su anhelo de estar

más cerca.

-No hay más alto placer, -repitió Voldemor, su cabeza se inclinó un poco a un

lado mientras evaluaba a Bellatrix-. Eso significa mucho, Bellatrix, viniendo de ti.

La cada de ella se llenó de color, sus ojos se inundaron de lágrimas de deleite.

-¡Mi Señor sabe que no dijo mas que la verdad!

-No hay más alto placer... ¡ni siquiera comparado con el feliz evento que, según

he oído, ha tenido lugar esta semana en tu familia!

Ella le miró, con los labios separados, evidentemente confusa.

-No sé lo que quieres decir, mi Señor.

-Estoy hablando de tu sobrina, Bellatrix. Y la vuestra, Lucius y Narcissa. Se acaba

de casar con el hombrelobo, Remus Lupin. Debéis estar orgullosos.

Hubo una explosión de risas socarronas alrededor de la mesa. Muchos se

inclinaron hacia adelante para intercambiar miradas divertidas, unos pocos

golpearon la mesa con los puños. La gran serpiente, disgustada por el disturbio,

abrió la boca de par en par y siseó furiosamente, pero los mortífagos no lo

oyeron, tan jubilosos como estaban ante la humillación de Bellatrix y los Malfoy.

La cara de Bellatrix, tan recientmente ruborizada de felicidad, se había vuelto

de un feo y manchado rojo.

-No es prima nuestra, mi Señor, -gritó sobre el regocijo-. Nosotros... Narcissa y

yo... nunca volvimos a ver a nuestra hermana desde que se casara con el

sangresucia. Esa mocosa no tiene nada que ver con ninguna de nosotras, ni

ninguna bestia con la que se haya casado.

-¿Qué dices tú, Draco? -preguntó Voldemort, y aunque su voz era queda, fue

llevada claramente a través de silbidos y risotadas-. ¿Harás de canguro a los

engendros?

El regocijo creció; Draco Malfoy miraba aterrorizado a su padre, que bajaba la

mirada a su propio regazo, entonces captó la mirada de su madre. Ella sacudió la

cabeza casi imperceptiblemente, después reasumió su propia mirada impasible

hacia la pared opuesta.

-Ya basta, -dijo Voldemort, acariciando a la furiosa serpiente-. Ya basta.

Y la risa murió al instante.

-Muchos de nuestros más antiguos árboles familiares se han vuelto un poco

descuidados con el paso del tiempo, -dijo cuando Bellatrix le miró fijamente, sin

aliento e implorante-. ¿Qué debes podar y qué no para mantenerlo saludable?

Cortas aquellas partes que amenazan la salud del resto.

-Si, mi Señor, -susurró Bellatrix, y sus ojos se inundaron de nuevo con lágrimas de

gratitud-. ¡A la primera oportunidad!

-Debes hacerlo, -dijo Voldemort-. y en tu familia, al igual que en el mundo...

debemos cortar el cáncer que nos infecta hasta que solo los de la sangre

auténtica permanezcan...

Voldemort alzó la varita de Lucius Malfoy, apuntándola directamente a la figura

que se revolvía lentamente suspendida sobre la mesa, y le dio una pequeña

sacudida. La figura volvió a la vida con un gemido y empezó a luchar contra

ataduras invisibles.

-¿Reconoces a nuestra invitada, Severus? -preguntó Voldemort.

Snape alzó los ojos a la cara que estaba bocabajo. Todos los mortifagos estaban

mirando hacia la cautiva ahora, ya que se les había dado permiso para mostrar

curiosidad. Cuando volvió la cara hacia la luz del fuego, la mujer dijo con voz

rota y aterrada.

-¡Severus! ¡Ayúdame!

-Ah, si, -dijo Snape cuando la prisionera volvió a girar lentamente hacia otro

lado.

-¿Y tú, Draco? -preguntó Voldemort, acariciando el hocico de la serpiente con la

mano libre de la varita. Draco sacudió la cabeza tirantemente. Ahora que la

mujer había despertado, parecía incapaz de seguir mirándola.

-Pero no tendrás que asistir a sus clases, -dijo Voldemort-. Para aquellos de

vosotros que no lo sepáis, nos rejuntamos aquí esta noche por Charity Burbage

quien, hasta recientemente, enseñaba en la Escuela Hogwarts de Magia y

Hechicería.

Se produjeron pequeños ruidos de comprensión alrededor de la mesa. Una mujer

ancha y encorvada con dientes puntiagudos cacareó.

-Si... la profesora Burbage enseñaba a los hijos de brujas y magos todo sobre los

muggles.... como no son tan diferentes a nosotros...

Uno de los mortifagos escupió en el suelo. Charity Burbage volvió la cara de

nuevo hacia Snape.

-Severus... por favor... por favor.

-Silencio, -dijo Voldemort, con otro golpe de la varita de Malfoy Charity cayó en

silencio como amordazada-. No me alegra la corrupción y contaminación de las

mentes de niños magos, la semana pasada la Profesora Burbage escritió una

apasionada defensa de los sangresucia en el Profeta. Los magos, dijo, deben

aceptar a ladrones de su conocimiento y magia. La mengua de los purasangre es,

dice la Profesora Burbage, una circunstancia de lo más deseable.... Haría que

todos nosotros nos emparejáramos con muggles... o, sin duda, con

hombreslobo...

Nadie rio esta vez. No había duda de la furia y el descontento en la voz de

Voldemort. Por tercera vez, Charity Burbage se revolvió para enfrentar a Snape.

Corrían lágrimas desde sus ojos hasta su pelo. Snape le devolvió la mirada,

impasible, mientras ella giraba otra vez lentamente.

-Avada Kedavra.

El destello de luz verde iluminó cada esquina de la habitación. Charity cayó con

un resonante golpe sobre la mesa de abajo, que tembló y se partió. Varios de los

mortífagos saltaron hacia atrás en sus sillas. Draco cayó fuera de la suya hasta el

suelo.




Cap. 2 ->En Conmemoracion<- [Proximamente]




















Autor: Animal4146
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