Invasión Z (segundo capítulo)




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Esto es una continuación de....l











Capítulo 2: La escapada











Nos levantamos tarde, los gemidos de los zombies eran muy intensos, y golpeaban con furia la entrada del portal. Después de desayunar unos ricos espárragos blancos y mejillones hicimos el equipo, me asqueaba desayunar estas mierdas, pero no hay nada más con lo que alimentarnos. No tenía ningún arma de fuego, con lo que Víctor me dió su pistola USP compact reglamentaria, así que me equipé con mi katana atada a mi lado izquierdo, el cuchillo en la nalga derecha (atado al cinturón), la ballesta atada en la espalda y la pistola en su pistolera a mi lado derecho.





Cargué en una maleta todo lo necesario para el viaje, como la comida, agua, linternas, el SAI para alguna emergencia y montones de pilas que había rapiñado a mis vecinos, a parte, llevé una mochila pequeña por si había que hacer alguna pequeña incursión equipados con algo. Mi primo ya llevaba su equipo del CNP, con el g36 del ejército y un par de granadas de mano. Pero no bastaba con ir bien equipados, necesitábamos urdir un plan para salir de allí. Entonces Víctor se dirigió a mí.





-Tenemos que apartar los infectados de la puerta para poder salir, el todoterreno está a apenas 6 metros, pero con todos esos maricones esperándonos a salir será imposible. Hay que pensar algo.



Estuvimos pensando como poder llegar hasta el todoterreno, hasta que finalmente dí con una solución para apartar a los zombies.





- Creo que lo tengo.

- Dime -espetó Víctor-

- Si conseguimos activar la alarma de un coche alejado de esta puerta podremos hacer que los zombies vayan a investigarlo.

- Sí, no es mala idea, ¿pero como coño activamos la alarma de un coche desde tu casa sin llamar nosotros la atención?

- Podría lanzar una flecha con la ballesta, no hará ruido al disparar. Si logro romper el cristal con la flecha, algún infectado irá a investigar el ruido de los cristales, se meterá dentro del coche y activará la alarma.

- Podría funcionar... pues pongámonos a ello.





Cogí mi ballesta, y ví un mercedes cls aparcado a unos 30 metros de distancia. Salí desde mi balcón y salté al primer balcón de la derecha, todavía estaba lejos como para que la flecha tuviese suficiente fuerza como para romper el cristal así que tenía que saltar por lo menos otros dos balcones mas, pero estos estaban más lejos entre ellos, y a diferentes alturas.





Me aventuré a llegar al primero de ellos, estaba a unos dos metros de longitud, y un poco más elevado, calculé el salto, lanzándome con cuidado desde la barandilla. Salté y me quedé un poco corto, pero mis manos lograron llegar a la tubería de acero que hacía de barandilla, apoyé las piernas en la pared del balcón y subí ágilmente. El segundo era más complicado, tenía que llegar a él por una cornisa de unos 25 cm de anchura, recorrer 5 metros de esta y después saltar. Caminé cuidadosamente por la cornisa, todos los infectados me observaban inquietos, 4 o 5 estaban esperando mi caída, con los brazos erguidos hacia mí, como si no existiese la distancia entre nosotros y pudiesen alcanzarme. Sabía que si caía sería mi fin, así que comencé a caminar cuidadosamente sobre la cornisa, paso sobre paso. No pude evitar sentirme como en el circo, el trapecista ante el peligro, aunque si me cayese no sería una dura caída lo que me esperaría. Conseguí llegar al final de la cornisa, sólo me quedaba saltar, preparé mi salto y me agarré al igual que en el primer balcón, subí y preparé mi ballesta.





El tiro no era difícil, estaba a unos 10 metros en diagonal, pensé que tendría más posibilidades de romper una ventanilla lateral, ya que estas no están pensadas para parar objetos frente a un accidente como la delantera, así que me dispuse a disparar. Apunté, respiré hondo, y sentí como mis pulsaciones disminuían lentamente... apreté el gatillo y la flecha salió disparada. Esta hizo un agujero en la ventanilla y se coló por dentro. No era la reacción esperada, pero igualmente resultó, el primer zombie comenzó a golpear la ventana, rasgándose la mano. Viendo el éxito del plan, comencé la odisea de volver a mi balcón, no podía saltar a la cornisa, así que tenía que buscar algo que hiciera de pasarela entre el balcón y la cornisa. Comencé a buscar por la casa, hasta que encontré un tubo de hierro robusto, preparado para algún tipo de cañería. Me dirigí hacia el balcón y lo coloqué de tal forma que se quedara trabado y no se moviese mientras pasara por él.





Puse el primer pie. El infectado seguía golpeando la ventanilla, rompiéndola casi en su totalidad. Tenía que darme prisa para no estar a la vista de los zombies cuando la alarma sonara. Habían 7 o 8, pidiendo al cielo que cayese sobre sus manos, y por lo visto sus alabanzas se cumplieron. Cuando llevaba 5 o 6 pasos sobre la barra, esta se destrabó y me hizo caer. Durante mi caída, me agarré a un cartel luminoso de un pequeño negocio de fisioterapia, el cual comenzó a ceder. Sentí sus frías manos palpándome las piernas, agarrándolas, y tirando de ellas para hacerme caer, por suerte su boca no llegaba a mis pies todavía. Oí el chirrido de los tornillos, cediendo ante mi peso y la fuerza de los no-muertos que me tenían agarrado, el corazón me iba a explotar, la adrenalina recorría mi cuerpo, y ante la idea de morir, me sentí dotado de una fuerza superior a la normal. Comencé a flexionar los brazos, trepando por el cartel, el cual cada vez estaba más inclinado. Casi estaba arriba, a penas me quedaban unos centímetros, cuando otro no-muerto decidió juntarse a la piñata y coger mis piernas. Era demasiada fuerza en contra, no podía hacer nada, y cuando ya me daba por muerto, los sesos del último infectado se esparcieron por los rostros de los demás. Mi primo había cogido el G36, y empezó a disparar ráfagas a los podridos, los cuales comenzaron a caer como moscas bajo el calibre 5,56. Cuando Víctor me zafó de ellos, volví a intentar levantarme, notaba la sobrecarga en los músculos, el límite de mis fuerzas, y la inclinación del cartel era más que evidente, estaba a punto de caer. En el último momento, salté al balcón, agarrándome a la metálica barandilla y quedándome colgado en ella de milagro, me aupé, y conseguí llegar finalmente a mi hogar.





En un par de minutos el zombie del mercedes metió medio cuerpo dentro, lo que hizo sonar las alarmas de movimiento. El coche comenzó a pitar, y emitir toda la escala de sonidos posible, para advertir el intruso. Preparé el equipo, me coloqué todo, y mientras veíamos que todos los infectados se encaminaban a explorar el cls comprobamos las armas.





Bajamos por las escaleras, y nos quedamos en frente de la puerta del patio. Coloqué la mano izquierda sobre el homoplato izquierdo de mi primo y desenfundé la pistola. Abrimos la puerta y caminamos agachados, pocos zombies se percataron de nuestra presencia. El primero era una mujer entrada en años, tenía la mandíbula desencajada y un tobillo roto, Víctor la tumbó de un culatazo mientras yo con la espalda apoyada en la de mi compañero mataba al segundo, un hombre de pelo canoso y jersey de chaleco a cuadros, de un disparo en la frente. Proseguimos con las espaldas pegadas hasta llegar al todoterreno. Me metí en el asiento del copiloto por la puerta que daba a nosotros, mientras mi primo descargó un par de ráfagas a ambos lados, eliminando a dos no-muertos más, se subió al vehículo y arrancó, mientras los
pútridos cuerpos de los infectados se agolpaban alrededor del semiblindado.













Autor: stealth_117
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