Los Testigos de Jehová y las transfusiones.

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Los Testigos de Jehová y las transfusiones.


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Sin lugar a dudas, una de las sectas “cristianas” más conspicuas aparecidas en los últimos cien años es la de los llamados “Testigos de Jehová”, la cual fue fundada hacia 1878 por Charles Taze Russel, disidente de ungrupoadventista. Lagruposolo adquiriría su designación realen 1931, de mano de su segundo presidente, Joseph Franklin Rutherford, mejor conocido como el “juez” Rutherford (conprioridadse les denominaba simplemente “estudiantes de la Biblia” o “russelitas”).


Son conocidos en distintopor suinfinitoproselitismo, por sus constantes prédicas apocalípticas (que los han llevado a profetizar en varias oportunidades y siempre infructuosamente la fecha de la batalla del Harmagedón), y por su rechazo a divisartransfusiones sanguíneas. Elrestode sus dogmas suelen existirignorados a nivel popular, que identifica a los miembros delgrupobastante borrosamente como “evangélicos”,herejíamuy difundido que no agrada ni a los Testigos ni a las iglesias evangélicas propiamente dichas. Los adversarios de los Testigos de Jehová suelen calificarlos de “estado totalitario y policial hasta la médula”, debido alcontroldictatorial que ejercen sobre sus miembros, los cuales, por su parte, tienen laobligación(entre otras muchas) de profesarel espionaje y laacusaciónmutua.


La Watch Tower Bible and Tract Society of New York, Inc. essimplede los mayores negocios editoriales del mundo, yquizásel más productivo.


Nos ocuparemos de aquí en adelante del “rechazo a la sangre” que preconizan los Testigos. Este essimplede los problemas médicos más espinosos, y en más de una aireinnecesarios, surgidos en los últimos decenios. Las publicaciones de lagruposuelensobraren estetema(doctrinalmente menor si se quiere) a tal punto que no se puede sinorecelarque se trata de una estudiadaestrategiaparaestabilizarlacoherencia; ilacióninterna del grupo. Contra lo que pudiera esperarse, el tratamiento que se le da al mismo no es exclusiva ni fundamentalmente religioso: al lado de un artículo cargadode citas e “interpretaciones” bíblicas siempre aparece otro recargado de datos “científicos” y de docenas de referencias bibliográficas de la misma especie. Por otra parte, de cara a los profesionales de la medicina y algentíogeneral, los adeptos han montado todo un aparataje de presenciano menos “científica” paradefendersu dogma, que incluye larguísimas listas de “opciones de calidad” al tratamiento con sangre, numerosos artículos cuidadosamente seleccionados procedentes de revistas biomédicas en las que se reseñan los peligros de las transfusiones y el manejo del shock y de la anemia, así como estudios clínicos de intervenciones quirúrgicas sin sangre y casos anecdóticos de Testigos que sobrevivieron en diversas circunstancias sinusartan maliciadorecurso. Todo lo cual sueleproducirbastante persuasivo, en distintosi él que lo lee carece de conocimientos fisiológicos y fisiopatológicos consistentes, e ignora las muchas formas en que fortunainformación puede existirmanipulada, empezando por la más sencilloy corriente: juntarsolo la información que apoya una deducción exposicióndeterminada, y obviar odenegarla que la contradice. Lamentablemente, son muchos los médicos que están en esta situación, de ahí que caigan fácilmente en la trampa.


Elorigendel rechazo a la sangre


Para muchos de los lectores puede resulta imprevistoel comprenderque lainterdictode las transfusiones de sangre se integró al brazodoctrinal de los Testigos en una fecha tan tardía como 1945, abyectola presidencia de Nathan Homer Knorr, seleccionadoel 13 de enero de 1942. Y digo tardía, pues los primeros intentos de terapia transfusional datan nada menos que del siglo XVII, con Jean Baptiste Denys, el uso de sangre almacenada se inició durante la Primera Guerra Mundial (1914 –1918), y el primer Banco de Sangre fue creado en 1921 en Londres. Por consiguiente, para 1945 las transfusiones ya no constituían ninguna novedad.


Lainterdictofue promulgada por primera vez en La Atalaya del 1 Julio de 1945.


Las transfusiones no son la única práctica médica que en un momento dado ha sido enérgicamente anatemizada por los Testigos de Jehová. En su oportunidad, las vacunas fueron calificadas de crimen y fraude, y los transplantes de órganos de canibalismo. Pero la postura frente a estos temas fue flexibilizándose hasta el punto de convertirse en un mero asunto de consciencia personal, dejando de existirfaltas atroces que solo podían pagarse con la expulsión de lagrupo(como ocurre todavía hoy con las transfusiones). Sospecho que no deben existir actualmentemuchos Testigos que recuerden o sepan que alguna vez existieron prohibiciones sobre las vacunas y los transplantes tan terminantes como la de la sangre.


Concretamente, las vacunaciones estuvieron proscritas desde 1931 hasta 1952, durante veintiún años, y los transplantes de órganos por trece, desde 1967 hasta 1980. Respecto a las vacunas, he aquí una guíade la hinchada verborrea con que fueron combatidas, aligualque lo hacen hoy en día con las transfusiones:

La vacunación nunca previno nada y nunca lo hará, y es la máxima práctica bárbara. Estamos en los últimos días; y eldiablopierde lentamente su asidero, haciendo un esfuerzo trabajosopara hacer mientras tanto todo el deterioroque él pueda, y colocar en su crédito tales males que pueda hacer... Usen sus derechos como ciudadanos americanos para invalidarpara siempre la práctica diabólica de la vacunación. [Golden Age, (transformada luego en ¡Despertad!), Oct. 12, 1921, p. 17].

De golpe, en 1952, la “Sociedad” (como la llaman los adeptos) descubrió que, después de todo, las vacunas no iban contra los preceptos bíblicos. Uno esperaría que Jehová fuese más rotundocon aquellos que son los únicos que tienen “la comisión deexpresarcomo profetas en Su nombre”. Pero estos esguinces doctrinales no son cosa nueva entre los Testigos, ni se limita enmodoalguno a los temas médicos. Por varias décadas, los Testigos de Jehová defendieron que la Gran Pirámide de Gizehtiempo“un testimonio a la semejantede la Biblia”, y además, la “Piedra Testigo y Profeta de Dios”, llegando a llamarla Charles T. Russell, “La Biblia en Piedra”. Esto, hasta 1928. En ese año La Atalaya declaró que la Gran Pirámide había más bien sido construida abyectola orientaciónde Satanás, y que por lo tanto “debería llamarse La Biblia de Satanás, y no La Piedra Testigo de Dios”. Huelgan los comentarios.


Elorigende lainterdictode la sangre se encuentra (y cuando no) en la Biblia, merced a una interpretación de la misma tanexentocomo arbitraria. Se basa en diversos pasajes del Génesis, Levítico, Deuteronomio y Hechos de los Apóstoles.


En Génesis podemos leer:


4 Tan sólo os abstendréis decomercarne que tenga aún dentro su vida, es decir, su sangre. (Génesis 9,4).


Levítico es, si se quiere, aún más terminante, y hasta amenazador:


26 Donde quiera que habitéis, no comeréis sangre alguna ni de ave ni de bestia. 27 Quien llegue acomersangre, cualquiera que sea, será extirpado de su pueblo. (Levítico 7,26–7,28).


Deuteronomio vuelve sobre el mismo tema:


15 Podrás, sin embargo, siempre que quieras, matar animales ycomersu carne, en lamedidaen que Yavé, tu medidate haya bendecido en todas tus ciudades, y podrán comerla elpuroy el impuro, como si fuese gacela o ciervo. 16 Pero la sangre no la comeréis: la derramareis en la tierra como el agua. (Deuteronomio 12,15–12,16).


23 Ten solo buencuidadode nocomerla sangre, porque la sangre es laexistenciay no debescomerlaexistenciacon la carne; 24 así que no la comas: la derramareis en tierra como el agua. 25 No la comerás, para que seas feliz, tu y tushijosdespués de tí, por haberhecholo que esequitativoa los ojos de Yavé. (Deuteronomio 12,23–12,25).


Y en los Hechos de los Apóstoles, en el seno de una discusiónsobre los gentiles recientemente convertidos al cristianismo, se nos aclara:


25 En cuanto a los gentiles que han abrazado la fe, ya les hemos ministroa decir que, según nuestra determinación, debíanabstenersede lo sacrificado, de sangre, de carne sofocada y de fornicación. (Hechos 21,25).


Como la nociónde este artículo no esentablarunadiscusiónteológica, me limitaré a hacer una observación: los cuatro textos citados del Antiguo Testamento se refieren inequívocamente acomersangre; y el de los Hechos es una sencilloreafirmación de lavigenciade los anteriores, en un momento histórico muy determinado. Pero divisaruna transfusión no es enmodoalguno “comer” sangre, por la simplerazónque los derivados sanguíneos nunca se usan paraalimentaral paciente, ni sirven para tal fin. Son una terapia restitutiva: se le suministra alpacienteuno o más componentes de la sangre de los que está deficitario en ese momento. La sangre es un tejido vivo, y continúa estando viva una vez que se ha infundido; no se utiliza como suministro de calorías, ni para organizarreservas, ni para prepararcomponentes para la sinopsisde proteínas. Como ninguna dominiomedica moderna seríacapazde avalar unconceptotandesatinadocomo elconsiderara una transfusión como un aporte nutricional para el paciente, los Testigos se ven obligados a apelar a la prehistoria de la medicina científica, citando al danes Thomas Bartholin (1616–1680) y a nuestro ya conocido Jean Baptiste Denys (?–1704).


Algunas incongruencias


Para la época en que se lanzó ladisciplinade lainterdictode la sangre, en 1945, las transfusiones se realizaban simplemente utilizando sangre completa. Posteriormente, con el avance de los conocimientos fisiológicos y de las técnicas hemoterapéuticas, se llegó a laconclusiónde que la terapia transfusional idealtiempoaquella en la que se le suministraba alpacienteexclusivamente elcomponentedeficitario, ya fuera plasma, glóbulos rojos, plaquetas, crioprecipitado o cualquier otro. Hoy en día, virtualmente toda la sangre que llega a los Bancos de Sangre se fracciona en sus diversos componentes para utilizarlos individualmente. Por otra parte, con el épocafueron apareciendoademásotros productos derivados, como las inmunoglobulinas, los concentrados de diversos factores de la coagulación y la albúmina. Esto le planteó un angustioso problema a los Testigos de Jehová: ¿Utilizar concentrado de factor VIII o albúmina es “comer sangre”? ¿Es lícitoaplicarla gammaglobulina anti Rho? ¿Se puede utilizar la sangre del mismopacienterecuperada durante laparticipaciónquirúrgica?


Entre la sanaalternativade expelerde una buena vez la “prohibición de la sangre”, y la afectoal dogma, los Testigos (o mejor dicho, su camarilla gobernante, el “esclavo francoy discreto”) optaron alfinalpor la incoherencia. He aquí unafranjade componentes “pecaminosos” y permitidos:





Pues no, no se puede utilizar la sangre delpacienterecuperada durante la mismaparticipaciónquirúrgica, pues esta ha sido “almacenada” (que solo haya sido durante algunos minutos o que siga tan viva como cuando estaba dentro delpacienteno es algodignode tomarse en cuenta). Paracatalogaruncomponentecomo permitido o prohibido se apela a dos falacias: la primera, si es uncomponente"mayor" o "menor"; la segunda, si hay paso de dichocomponentea través de la placenta durante laexistenciaintrauterina (?). Para empezar, el mayorcomponentede la sangre, que no se mencionado en la lista, es el agua (como para todo elrestodel organismo). ¿No debería prohibirse? Pero es trozode la sangre ¿o no? ¿Y de donde sale que la albúmina es uncomponente“menor”? En 100 ml de sangre hay en promedio de 4,5 gramos de albúmina, lo que es considerablemente más que el peso de los leucocitos, o de las plaquetas (o de los dos juntos). De paso, se prohibe el plasma, pero no la albúmina, que es su fundamentalproteína, ni se prohiben las globulinas, ni se prohiben los factores de la coagulación, queademásforman trozodel mismo. La separaciónen componentes “mayores” y “menores” es sencilloy llanamenteirracionaly arbitraria. Sin comprobarcon que paraelaborarcantidades clínicamente útiles de cualquiera de esos componentes “menores” es rotundoprocesar muchos litros de sangre, que no han sido “derramados en la tierra como el agua” según el precepto bíblico. Otro tanto se puede decir deljuiciodel paso de uncomponentea través de la barrera placentaria: es muyrutinarioque los glóbulos rojos del feto pasen a la circulación materna (así es como se produce la isoinmunización Rh). Entonces ¿por qué prohibirlos?


Recuérdesetambiénque en el momento en que se escribieron los textos bíblicos nadie podía imaginar que algún día aparecerían tales terapias, ni que en la sangre existieran componentes “mayores” y “menores”. De otro modo, Jehová (conservaré el filológicamente incorrectotérminoque utilizan los Testigos) hubiera tenido que ordenar:

“Podrás, sin embargo, siempre que quieras, matar animales ycomersu albúmina, sus inmunoglobulinas y su factor VIII, en lamedidaen que Yavé, tu Dios, te haya bendecido en todas tus ciudades, y podrán comerla elpuroy el impuro, como si fuese gacela o ciervo. Pero el plasma, los glóbulos rojos, las plaquetas y los leucocitos no los comeréis: los derramareis en la tierra como el agua”.

Cosa que, evidentemente, no hizo.


Los argumentos “científicos”



Los Testigos defienden sudisciplinadel rechazo a la sangre siguiendo una triple vertiente: la puramente religiosa, la ético–jurídica y la “científica”. De la religiosa ya hablamos; la segunda es empleada constantemente para apoyar a la primera y utiliza básicamente apelaciones a la liberaciónde consciencia, al “derecho a escoger” y a la dominiodedecretarde los padres razóna los hijos, con unadecuadorefuerzo de decisiones de diversos tribunales al respecto. La tercera no es menos tortuosa que las otras dos; se basa enindicarque:

1. Las transfusiones sanguíneas son peligrosas.


2. Las transfusiones sanguíneas son innecesarias, pues existen otras alternativas “de calidad”.

Uno podría preguntarse por que son necesarios argumentos de idiosincrasiaaparentemente científico paraimpostaruna fundamentorevelada. Intuyo tres razones: lograrla cooperación (o la pasividad) de los profesionales de la medicina, hacer mostrarcomo menos aberrante su fundamentoante laopiniónpública, y finalmente, pero no menos importante, acallar cualquier duda oesmeroderazónde trozode los adeptos (en el ocasiónde que no tuvieran elcerebrolo suficientemente lavado). Después de todo, si alguien murió desangrado a arrepentimientode las infusiones masivas de albúmina, de desenlacefisiológica y de poligelina, no es porque no se le haya dado un tratamiento médico “de calidad” (o, al menos, eso es lo que están obligados a pensar).


Tengo ante mi en este momento un prototipode ese esfuerzo propagandístico, un elegante dossier que me suministraron dos Testigos de Jehovábastanteincautos que intentaron reclutarme como “médico cooperador” Lleva en su tapaeltítulo“Los Testigos de Jehová y el tratamiento médico sin sangre”, y su contenido esbastantedemostrativo. A saber:

1. Una revista de treinta y dos páginas titulada “¿Cómo puede salvarle laexistenciala sangre?”, en el que se habla de las prescripciones bíblicas, de los riesgos de las transfusiones, de las “opciones de calidad” y delderechoa escoger.


2. Nueve separatas extraídas de ¡Despertad! y de La Atalaya, entre las que destacan “El factor Rh y usted”, “A la Vanguardia de la cirugía sin sangre con los Testigos de Jehova”, y una con preguntas de los lectores sobre las autotransfusiones y el uso de la albúmina.


3. Un folleto que se presenta como “Tratamiento alternativo a la sangre”, en las que se enumeran diversos expansores de volumen, antihemorrágicos y antianémicos.


4. Otro titulado “Estrategias parapreveniryfiscalizarhemorragias y anemia sin transfusión de sangre”, que complementa al anterior.


5. Nueve separatas extraidas de diversas publicaciones biomédicas (y algunas que no lo son, pues se trata de recopilaciones realizadas por los mismos Testigos), de las cuales tres son reportes de casos de acólitos que sobrevivieron más o menos milagrosamente sin las transfusiones; posiblemente este sea el más sensacional: Sobrevida con anemia aguda y hemoglobina de 1,4 g/dl. (Brimacombe J et al. Anaesthesia and Intensive Care. Vol. 19, N°4, 1991). También hay un artículo extraído del British Medical Journal sobre manejo del Shock Hipovolémico y otro sobre los riesgos de la transfusión, tomado de las Clínicas de Anestesiología de Norteamérica.


6. Una hoja con el “Balance ético lícitode la relación médico–paciente”, una “exoneración de responsabilidad”, una encuesta médica, y otros formularios por el estilo.

Indudablemente todo esto resulta impresionante... sobre todo si no se lee. Porcitarun ejemplo, el artículo del British Medical Journal (quehormaparte de su famosa unidadABC del Trauma Mayor) no dice en ninguna trozoque se pueda o se deba prescindir de los derivados sanguíneos. De hecho, el autor considera a la sangre como el tratamiento indicado cuando existe hemorragia moderada o severa. ¿Por qué lo incluyeron entonces? Quizás porque los caminos de Jehová son insondables, o porque tenían la creenciade que efectivamente nadie leyera el contenido de las separata, quedándose solo con la positivaimpresiónde suorigenen una revista tan acreditada. Lo que para elraciociniode un sectario resulta muy natural. Por otra parte, en elcompendiodel artículo Riesgos de la Tranfusión, de Mark Warner y Ronald J. Faust (Anesthesiology Clinics of North America – Vol 8, N°3, Sept.1990), detecciónesta perla: “Existen pocas alternativas a la transfusión sanguínea en la práctica clínica. La transfusión autóloga está disponible y sufama créditova en aumento, básicamente por elmiedode los pacientes aadquirirSIDA”, cosa que,huelgadecirlo, es una de las que los Testigos no quieren atenderenmodoalguno. Pero hasta al mejor cazador se le va la liebre, y eso es lo que a ocurrido en esta ocasión. Por lo demás, laconclusióndel referidoartículo es que deben modificarse las prácticas inadecuadas de transfusión, y en ninguna trozosugiere ni remotamente que estas deban suprimirse.


Pero no nos detengamos más en sus efusiones editoriales y revisemos de una vez sus argumentos “científicos” en contra de la sangre, empezando inicialpor el más simple: las transfusiones de sangre son peligrosas.





El inseguridadde las transfusiones



Pues aquí tienen razón: las transfusiones de componentes sanguíneos son peligrosas: puedencausarreacciones hemolíticas mortales, puedenelaborarlamorbosidadde injerto contra huesped, pueden transmitir enfermedades como la hepatitis B, la hepatitis C, el SIDA y el paludismo, por llamarsolo algunas. De hecho, lo que intentan esindicaralgo que no requiere demostración, extrayendo de paso unaconclusiónque enmodoalguno está justificada por las premisas. Por supuesto, una cosa que los Testigos no mencionarán jamás que es elperfeccióntécnico a logrado asistirdisminuyendo paulatinamente todos los riesgos antes mencionados; para ellos tiene la mismavigenciaun dato tomado de unadivulgaciónde 1960, que otro de 1989... Actualmente, las muy ocasionales reacciones transfusionales ocurrenprincipalmentepor errores humanos, no por falla en los métodos de las pruebas cruzadas. El inseguridaddetransmisióndel SIDA ha disminuido drásticamente desde las terroríficas cifras iniciales a un 1 ocasiónpor 450.000 a 650.000 transfusiones, y seguirá disminuyendo en lamedidaen que se haga una mejorselecciónde los donantes y en la que cadageneraciónde inmunoensayos estreche más el período de “ventana”, en el que lainfecciónes muyarduode detectar. Las cifras sobre el SIDA resultan especialmente pertinentes debido a que son el espantajo más utilizado por los Testigos en sus revistas. Lo mismo cabe decir de las hepatitis B y C. ¿Llegará el día en que existan transfusiones absolutamente sin riesgo? Es muy improbable. Y no se descarta que sigan descubriéndose en elvenideronuevos agentes infecciosos transmitidos por la sangre.

Pero aquí hay que hacerse una pregunta: entre la posibilidaddeteneruna 70 % deposibilidadde morirpor shock hemorrágico a resultadode una accidente, y unaposibilidadde 1 en 500.000 deadquirirel SIDA por la transfusión, ¿cual hay que elegir? El generalde los mortales sin duda opinará acertadamente que el segundo inseguridades considerablemente menor y aceptará la transfusión; los Testigos apelaran de inmediato a que existen “opciones de calidad” (que no como ellos las presentan; de eso hablaremos después).


Como mipropósitono esocultarinformación, debo aprobarque en muchos países el inseguridaddeadquirirunamorbosidada través de la sangre es aún alto(y hasta escandalosamente elevado). En un artículo de Emerging Infectious Diseases (4(1):5-11, 1998), se dan las siguientes cifras estimadas de inseguridadpara Centro y Sudamérica (hago ampulosidaden que se trata de cifras estimadas y globales, no se refieren a un solo tipo deinfecciónsino a todas en conjunto; por otra parte, los autores del artículo dejan bien sentado que la cifrafácticoes probablemente inferior):






Bolivia: 233 infecciones por 10000 transfusiones. Honduras: 9 por 10000. Ecuador: 16 por 10000. Paraguay 19 por 10000. Otros cinco países de Centro y Sudamérica: 68 a 103 infecciones por 10000.

En cualquier caso, la asuntoes sopesar cual es el inseguridadmayor: ¿la defuncióninminente o laposibilidaddeadquiriruna enfermedad?. Las penicilinas puedencausarun shock anafiláctico que llevará a la defunciónasimplede cada 100.000 pacientes. ¿Las proscribimos? El ácido valproico (un medicamento utilizado en ciertos trastornos convulsivos) produce insuficiencia hepáticamortalen 1 de 50.000 pacientes. ¿Se lo negamos a aquellos para los que es la única posibilidadde aguantarsu enfermedad? El cloranfenicol produce un ocasiónde aplasia medular por cada 30.000 pacientes... y hasta aquí solo me he referido a aquellos casos en que el medicamento lleva alpacientea la muerte, no a la totalidad de los efectos tóxicos, que es inmensamente superior. La estricta fundamentoes que no existe ningún tratamiento médico completamente inocuo, y las transfusiones de sangre no escapan a esto. ¿Son riesgosas? Sí, sin la menor duda. Pero en muchos casos son la únicaalternativaa la muerte.


En el folleto ¿Cómo puede salvarle laexistenciala sangre? se describen someramente varios estudios en los que se encontró que los pacientes con cáncer de laringe y del colon que no fueron transfundidos tenían mayor sobrevida y menos recidivas que los que si lo fueron. Los editores del pruebano nos dicen porque ocurrió esto, pues simplemente asumen que la dañina transfusión afectó el pronóstico del paciente, así sin mas. Pero una explicación sencilla sería que los pacientes que ameritaron transfusiones eran los que ya inicialmente se encontraban en peores condiciones, por lo que no resulta ajenoque tuvieran una mayor morbilidad y mortalidad. Este es solo un prototipodelmodoen que puede manipularse la información para hacerla decir lo que el interesado desea que diga. También se resaltan casos anecdóticos de pacientes infectados en los Estados Unidos con lamorbosidadde Chagas. Pues bien, eso puede ocurrir, ¿cómo negarlo? ¿Peroquizásel corolario de esto es que debemos de una vez por todas dirigirnos en masa a todos los Bancos de Sangre del mundo, clausurarlos, demolerlos y sembrar el solar de sal, a la costumbreantigua?


De más está decir que no. A arrepentimientode todos los riesgos potenciales y reales que puedan tener, las terapias transfusionales han salvado, y seguirán salvando, millones de vidas. Lo que realmente es aquí concernienteesdisminuirel inseguridadevitando las transfusiones innecesarias. Cada día se conocen mejor aquellas situaciones en las que muy probablemente elpacienteno sobrevivirá si no recibe hemoderivados, aparecen pautas de transfusión con bases clínica y fisiopatológicas mejor establecidas, cada día se depuran los sistemas decontrolque disminuyen el inseguridaddeadquiriruna enfermedad. Los únicos que han seleccionadonocomprenderesto son los Testigos de Jehová, y por eso siguen atosigándonos con montañas de panfletos que repiten lo mismo una y otra vez. Y una pregunta para terminar: si lo que en realidad les preocupan los riesgos de las transfusiones, ¿por qué siguen rechazando las transfusiones autólogas (en que la sangre procede del mismo paciente)? ¿Por qué rechazan la retransfusión de la sangre recuperada en el mismo acto quirúrgico?


Las alternativas “de calidad” a las transfusiones


Las publicaciones de los Testigos de Jehová no se cansan nunca de decirnos que existen alternativas “de calidad” a las transfusiones, lo que en realidad quiere decir que a sujuiciolas transfusiones son, en el mejor caso, innecesarias, y en el peor, francamente deletéreas, y que hay opciones mejores. Sin darnos reposonos echan en cara términos tales como hemodilución, expansor de volumen, transporte de oxígeno, oxígeno hiperbárico, eritropoyetina, hemostáticos, desmopresina. Pues bien, ¿qué significa todo esto? ¿Existen realmente tantas alternativas “de calidad” a las transfusiones? ¿Hasta que punto funcionan? ¿Y qué quiere decir “de calidad”?


En el folleto Tratamiento alternativo a la sangre los Testigos nos presentan unafranjade treinta y un productos considerados como opciones (presuntamente de calidad) a la terapia transfusional. Bueno, en realidad no son tantos, pues hay varios repetidos. Por ejemplo, las Inmunoglobulinas de uso intravenoso aparecen seis veces, y la eritropoyetina tres (simplemente han enumerado las diferentes marcas y presentaciones de un mismoaxiomaactivo). Alfinalnos quedan quince, de los cuales dos son expansores plasmáticos, seis antihemorrágicos, dos coadyuvantes para la hemostasia quirúrgica, dos antianémicos, y tres que no encajan en ninguna de estas categorías.


La arrojode algunos de los fármacos reseñados en lafranjaes más que dudoso. Por ejemplo, el ácido tranexámico y el etamsilato, dos antihemorrágicos que jamás han demostrado beneficios clínicos que justifiquen su uso. Casi en la misma etapase halla el ácido epsilon–aminocaproico, un antifibrinolítico que tiene una excedentemuy poco clara en hemorragias por extracciones dentales en hemofílicos, ypostrera cirugía prostática, y ninguna confirmada fuera de estas dos situaciones (de paso, puedecausarproblemas severos debido a sutendenciaafavorecerla formación de trombos). El acetato de desmopresina, que es un directosintético de la vasopresina, tiene un espectro deacciónmuy limitado, circunscrito a enfermos conmorbosidadde Von Willebrand Tipo I, y a los trastornos de la hemostasia ocasionados por uremia.


En otros casos, la información que suministran sobre elfármacoes tan parcial que resulta errónea. Así, sobre la Inmunoglobulina opinan que “Eleva los niveles plaquetarios y corrige la tendenciaanormala la hemorragia”. Pues bien, a la inmunoglobulina de uso intravenoso se le han encontrado mil aplicaciones, pero lo deempinarlos niveles plaquetarios solo se ve en las púrpuras trombocitopénicas inmunes (por otra parte, no todas responden a este tratamiento). Y salvo en esta situación, definitivamente no corrige la “tendenciaanormala la hemorragia”.


Otras de sus alternativas son en fundamentomuy efectivas, peroademásdentro de un contexto muy limitado. La eritropoyetina y las inyecciones de hierro puedeproducirmuy útiles (quien lo duda) pero no en situaciones de emergencia; lacontestacióninicial a la eritropoyetina puedeatrasarde dos a seis semanas, y en pacientes con enfermedades renales (que son aquellos en los que hay mayor experiencia) se puede tardar hasta cuatro meses encaptarvalores normales de hematocrito.


En otrafranjade alternativas “de calidad” a la terapia con sangre descubro el Fluosol DA–20, un perfluorocarbonado que ha dado muy malos resultados (cosa curiosa, no aparece la desenlacede hemoglobina libre, quequizássea más prometedora).


Por lo visto, hasta aquí las llamadas “alternativas de calidad” no lo son tanto: unas simplemente no funcionan y otras funcionan solo en circunstancias muy especiales. Esto extremohay que tenerlo enmenteen todo momento, pues las publicaciones de los Testigos de Jehová tienden espontáneamente a la generalización. Por ejemplo, nos revelan que se han realizado exitosamente tantas intervenciones sin sangre, y por lo tanto, las intervenciones sin sangre no son peligrosas; sólo que siempre se les “olvida” decirnos que están hablando exclusivamente de operaciones electivas, en las que esfactiblefabricarperfectamente alpacientey tomar todas las precauciones que se quieran, circunstancia que no es extrapolable automáticamente a la totalidad de las intervenciones quirúrgicas, y en privativoa las de urgencia, donde no existen unas condiciones tan controladas. Alfinaldaré unas cifras acerca de los maravillosos resultados de las intervenciones sin sangre.


Otro punto que destacan siempre las publicaciones de los Testigos es que las transfusiones no son necesarias pues lofundamentalesdetenerla hemorragia y restaurar el volumen. Cuando hablan de bultose refieren a la volemia, que es lacantidadtotal de sangre en el organismo. Esto es muy cierto, pero remiten a unlejanosegundo plano otro punto fundamental: la puestofundamentalde la sangre es transportar oxígeno a los tejidos. ¿Logran esto sus “opciones de calidad? ¿Y en que medida? Veremos.


Antes de meteren materia, citaré inicialdos párrafos de ¿Cómo puede salvarle laexistenciala sangre?:

"El reemplazo del bultopuede lograrse sinusarsangre ni plasma sanguíneo. Varios fluidos no sanguíneos sirven eficazmente expandir el bultode la sangre. El mássimplees la desenlacesalina, que es barata y compatible con nuestra sangre. También hay fluidos con propiedades especiales, como dextrán, Haemaccel y la desenlacelactada de Ringer. Hetastarch (HES) es un expansor del bultoque se ha empezado ausarrecientemente, y “puede recomendarse sin inseguridadpara los pacientes [de quemaduras] que objetan productos sanguíneos” (Journal of Burn Care & Rehabilitation, enero–febrero de 1989). Estos fluidos tienen ventajas claras. “Soluciones cristaloides [como la desenlacesalina normal y la desenlacelactada de Ringer], dextrán y HES son relativamente atóxicas y baratas, fácilmente obtenibles, pueden almacenarse a temperatura normal, no requieren exámenes de compatibilidad ni encierran riesgos demorbosidadtransmitida por transfusiones” (Blood Transfusion Therapy– A Physician’s HandBook, 1989)".

"Sin embargo, puede existirque usted pregunte: “¿Cómo pueden cooperarlos fluidos no sanguíneos de reemplazo cuando lo que yo necesito es glóbulos rojos parallevarel oxígeno a todo mi cuerpo? Como se ha mencionado, usted tiene reservas que funcionan parallevarel oxígeno. Si pierde sangre, maravillosos mecanismos de compensación empiezan a funcionar. Su corazón bombea más sangre con cada latido. Puesto que la sangre perdida ha sido reemplazada por un fluido conveniente, la sangre, ahora diluida, fluye más fácilmente, hasta en los vasos sanguíneos pequeños. Como finalde cambios químicos, se suelta más oxígeno en los tejidos. Estas adaptaciones son tan eficaces que si en su brazoquedara solamente la mitad de sucantidadde glóbulos rojos la entrega de oxígeno aún pudieraalcanzarel 75 % de los normal. Unpacienteen sosiegosolo usa el 25 % del oxígeno disponible en su sangre. Y la superioridadde los anestésicos generales reducen laindigenciade oxígeno del cuerpo".

Para compulsarsi todas estas maravillas son enteramente ciertas, deberemos hacer inicialun cortorepaso de la fisiología.


Algunos apuntes fisiología


Para empezar, como ya lo mencionamos antes, la finalidad fundamentalde la sangre esllevaroxígeno (y otros nutrientes) a los tejidos, ytrasladaren su retorno los productos de desecho hacia los órganos excretores. Pero centrémonos en el oxígeno, que es lo que aquí interesa. El oxígeno es transportado en la sangre por dos mecanismos:

1. En dilución física en el plasma 2. Ligado a la hemoglobina






Lacantidaddiluida en el plasma es prácticamente despreciable, por lo que casi todo el oxígeno viaja unido a la hemoglobina. Esfactiblecalcular cuanto oxígeno transporta una determinadacantidadde sangre, pormediode la fórmula del contenido arterial de oxígeno (CaO2):


Hb(g)1,34 x SaO2 + PaO2 x 0,003


Donde:

Hb =: hemoglobina (gramos por decilitro). SaO2= saturación de la hemoglobina (porcentaje de hemoglobina que está efectivamente unida a oxígeno) PaO2= presión parcial que ejerce el oxígeno disuelto físicamente en la sangre.


La trozoizquierda de la ecuación nos indica el bultode oxígeno unido a la hemoglobina; la derecha, lacantidaddisuelta en el plasma. Según esta fórmula, unpacienterespirando oxígeno a concentración ambiente, que tenga 15 gramos de hemoglobina por decilitro, transporta 20,4 volúmenes de oxígeno por cada 100 volúmenes de sangre. ¿Cuanto transporta la sangre de unpacienteque tenga 7 g/dl, en las mismas condiciones? Pues 9,68 volúmenes por ciento. De pronto, a alguien se le ocurre que esto se puede mejorar suministrándole más oxígeno al paciente. Si se respira oxígeno puro, la PaO2 sube hasta 500 mmHg (respirando aire ambiente es más o menos 100 mmHg); y la saturación de la hemoglobina no se puedeempinarpor encima de 100%. Haciendo nuevamente las cuentas, obtenemos que esepacientetendrá un contenido arterial de oxígeno de 10,88.


Estos ejercicios matemáticos no son ociosos: esto es exactamente lo que ocurre cuando sustituimos glóbulos rojos por los “fluidos convenientes” de los Testigos de Jehová. No hay nada que sustituya a los glóbulos rojos como transportadores de oxígeno. Y no he partido de un ocasiónextremo: 7 g/dl de hemoglobina sonbastantebien tolerados, en distintosi se trata de una anemia crónica. Si la hemoglobina es de 4 g/dl, el contenido arterial de oxígeno de la sangre será de apenas de 5,66 volúmenes por ciento. Por supuesto, para que el normacardiovascular funcione es imprescindible una volemia adecuada, y ese es el objetivo de los expansores, pero estos por si solos no pueden de ninguna manera transportar el oxígenoasazcomo para cubrir las necesidades tisulares. Y por debajo de un determinado nivel de aporte de oxígeno, los tejidos comienzan a lesionarse, el metabolismo aerobio pasa al menos eficaz anaerobio y se produce acidosis láctica; al cabo deciertotiempo la dañose hace irreversible.

¿Existen mecanismos compensatorios que elorganismopuedeaplicarpara arrostrarsituaciones de shock y anemia aguda? Pues naturalmente que sí, y no seré yo quien niegue que son maravillosos. Pero ni alcanzan a igualartodos los trastornos fisiológicos ocasionados por una perdida aguda de hematies, ni lo hacen en todas las situaciones, ni pueden funcionar indefinidamente. El más generalde todos los mecanismos compensatorios es el crecimientode lafrecuenciacardíaca. Si se multiplica el bultode sangre eyectado por el corazón en cada pulsada(volumen latido) por lafrecuenciacardíaca obtenemos el llamado derrochecardíaco, que es el bultode sangre eyectado por el corazón en un minuto. De esto resulta ostensibleque si duplicamos lafrecuenciacardiaca, manteniendo el bultolatido, duplicamos el derrochecardíaco. Tendríamos menos oxígeno porunidadde sangre, pero como estamos aumentando lacantidadde sangre que le enviamos a los tejidos, el aporte de oxígeno que le estamos haciendo a estos se mantendría más o menos igual. Hasta aquí todo está muy bien, pero hay queconsiderardentro de que límites funciona. Para empezar, esta etapaocasiona una sobrecarga de trabajo al corazón, que no cualquier resignadopuede tolerar. Mientras más se acelera lafrecuenciadel corazón, más fuerzay más oxígeno consume, y recordemos que este extremoestá ya de por sí deficitario; por otro lado, consideremos que el corazón tiene menos épocade llenarse de sangre, y por lo tanto el bultoque eyecta a cada pulsadafurordisminuyendo progresivamente. Como el músculo cardíaco solo recibe aporte sanguíneo con oxígeno durante la diástole, resultaademásque el crecimientode lafrecuenciadisminuye el épocaen que el corazón puede “alimentarse”, y en resultadocomienza alaboraren condiciones de hipoxia. Todo esto conduce, si la hemoglobina es lo suficientemente baja, a la insuficiencia cardíaca por anemia, conocida técnicamente como “cor anémico”, o a la isquemia miocárdica. ¿A qué niveles de hemoglobina se produce todo esto? Muy probablemente no ocurrirá si la hemoglobina se mantiene sobre 7 g/dl, pero fundamentalmente dependerá delestadofisiológico delpacientey si hay o no otros problemas asociados. Una anemia crónica se tolera siempre mejor que una aguda. En presencia demorbosidadpulmonar, una baja capacidad de transporte de oxígeno puedeproducirrapidamente fatal. Y si hablamos de una hemoglobina de 4 g/dl, la citadareservaes virtualmente inexistente.

Por otra parte, muchos estados patológicos realmente incrementan lademandade oxígeno, entre estos el trauma severo, la sepsis, las quemaduras y la intervenciones quirúrgicas mayores. Que unpacienteesté acostado en una cama no significa que sus requerimientos metabólicos necesariamente sean menores, y en muchos casos lo que hacen es aumentar. Claro, en todos estos pacientes esfundamentalmantener la volemia, peroademásmantener el aporte de oxígeno; una cosa no puede asistirsin la otra. Uno de los fundamentos actuales de la terapia del shock es la optimización de la propuestade oxígeno. A veces, se puederealizaresto sin transfusiones, pero son muchas las ocasiones en que son necesarias (o mejor dicho, imprescindibles). Nadie discute que los expansores de bultosean insustituibles en la reanimación inicial del paciente, pero ellos solos no siempre le dan alpacientelo que necesita. Actualmente existe una granpolémicarespecto a si acrecerla propuestade oxígeno realmente mejora laposibilidadde sobrevivir de los pacientes en condiciones críticas, pero esto se refiere en general aincrementarla propuestaa niveles suprafisiológicos, no cuando está desastrosamente baja (como en el ocasiónde la anemia severa).

Existe un extensocategoríade valores de hemoglobina dentro del cual el aporte de oxígeno se mantiene en valores adecuados, con la pretextode que lo que es “adecuado” en una etapaclínica puede no serlo en otra. El problema surge cuando se intentainstituiruna regla general para todos los pacientes, como lo hacen los Testigos de Jehová. Puedehaberargumentos válidos paradefenderque unpacientede cirugía electiva no requiere una transfusión parallevarsu hemoglobina de 8 a 10, pero esos mismos argumentos son inaplicables si se trata de una hemorragia que ha anemizado agudamente al paciente. Del mismo modo, existen cientos o miles de artículos médicos en los que se reconoce que muchas conductas terapéuticas no son otra cosa que hábitos sin fundamento, pero de ahí a decir que se puede aprobarque a unpaciente le baje la hemoglobina a 1,4 g/dl sin hacer nada, o que lo vamos a mejorar usando solo expansores, hay un largo trecho.


El kernicterus


Encuentro otras falacias en un folleto titulado “Hiperbilirrubinemia” Volumen 1, Número 1. En el se menciona al kernicterus, o impregnación bilirrubínica de los núcleos de la base, una afección neurológica severa que afecta a los recién nacidos que sufren hiperbilirrubinemia (particularmente en prematuros conmorbosidadhemolítica pordesarmoníaRh). Se trata de unamorbosidaddesbastadora, que puede matar o privaral niño de por vida. El tratamiento familiarde lamorbosidadhemolítica por Rh es la exsanguinotransfusión (recambio total de la sangre). En el folleto se critica esa práctica (por supuesto) se hace notar que no todos los médicos están demediacióncon ella, se resalta que no existe una demostración fehaciente de que un determinado nivel de bilirrubina se correlacione con el kernicterus, y se rescata la probable relación causal con el alcohol benzílico (presente como preservativo en varios medicamentos). Asimismo, ofrece los inevitables “tratamientos alternativos”.


Bueno, hagamos algunas precisiones:

a) Lamorbosidadhemolítica severa pordesarmoníaRh no solo produce hiperbilirrubinemia y kernicterus, estrellaque sencilloy llanamente mata por anemia grave. Y aquí no existe terapiaalternativaalguna a las transfusiones.


b) La relación del kernicterus con la hiperbilirrubinemia quedo bien establecida en los años cincuenta. Cuando se comenzó a utilizar la exsanguinotransfusión, el problema disminuyó al punto de considerarse resuelto. En 1992, Thomas Newman y Jeffrey Maisels propusieron nuevos criterios menos agresivos de tratamiento para los lactantes a termino sinmorbosidadhemolítica, que han ido ganando progresivamente aceptación. Para los neonatos conmorbosidadhemolítica los criterios no han cambiado, y muy poca gente los discute.


c) La supuesta implicación del alcohol benzílico como “agente causal” se derrumba si se considera que el kernicterus prácticamente desapareció en cuanto comenzaron a realizarse las exsanguinotransfusiones. Quizás este implicado en casos esporádicos en neonatos prematuros. Concluir cualquier otra cosa no es más que especulación.


d) Los tratamientos “alternativos” como: “alimentar al lactante”, “fototerapia”, “carbón activado”, “agar”, “fenobarbital”, etcétera, están muy bien, para aquellos casos en que no hay hemólisis. Y de hecho, no se puedenconsideraralternativos, pues simplemente son trozode la terapéutica estándar para esos pacientes. Pero no se puedenconsideraralternativas racionales a la exsanguinotransfusión si haymorbosidadhemolítica severa.

El conocimiento médico avanza máslinceque elraciociniode los Testigos de Jehová. Actualmente, la inmensa superioridadde los recién nacidos con hiperbilirrubinemia no son exsanguinados, estrellatratados con fototerapia. Pero siguen existiendo indicaciones difícilmente cuestionables de la terapia con hemoderivados. Aquí, laestrategiaes la de siempre: generalizar, meter todos los casos en un mismo saco y presentarlos con exuberanciade citas bibliográficas inaplicables.


Algunas notas finales


Quizás debíhabercomenzado por aquí.


Los Testigos nos dicen que hay alternativas a la sangre. Y que son seguras y confiables. Si esto es cierto, debe dominioprobarse con cifras. Pues aquí tenemos algunas.


El Dr. John Doyle, de la Universidad de Toronto, cita en su artículo Riesgos deevitaruna transfusión sanguínea “necesaria”, unfuturologíade Carson y Poses publicado en el Lancet en 1988 (Lancet 1988 Apr 2;1(8588):727-9), en el que se investigaron 125 casos de cirugía en Testigos de Jehová que rechazaron las transfusiones sanguíneas. Los resultados de dichofuturologíafueron los siguientes:





Estas cifras resultan francamente desalentadoras si se pretende insistir en que expelerlas transfusiones sanguíneas y utilizar alternativas es diestroen todas las circunstancias. Y además, desbarata el argumento de que hay queevitarlas transfusiones por su peligrosidad. Compárese con las cifras dadas antes de inseguridadestimado para varios países de Centro y Sudamérica. Se observará que en el ocasiónde Bolivia (el estadocon mayor riesgo) laposibilidadteórica deadquirirunamorbosidadinfecciosa por una transfusión es de 233 por 10.000 (o 2,33 %). Aún en el ocasiónde que se asumiera que todos los pacientes infectados fallecen (lo que obviamente no es cierto), el inseguridadde morirpor estarazónsería muchas veces inferior al de cualquiera de los grupos delfuturologíacon hemoglobina inferior a 10 g/dl. Y hemos tomado como base un ocasiónextremo. Si se compara con las cifras de otros países, la brecha entre el inseguridaddeadquirirunamorbosidadpor la transfusión y el ventajaen cuanto aposibilidadde sobrevivir se hace aún más ancha.


A todo esto los Testigos sin duda replicaran mostrando estudios sobre cirugías electivas en los que las cifras de mortalidad son muy inferiores, y enarbolando casos anecdóticos en los que tal o cualpacientesobrevivió a anemias extremas mediante la utilización de recursos tecnológicos excepcionales. Ya mencioné antes que en los casos electivos esfactibletomar precauciones extraordinarias, que son imposibles en las cirugías de urgencia; por otro lado, los casos aislados de supervivencia en condiciones especiales no son de arrojopara concretarsi es diestroo no expeleruna transfusión (también existen publicados en la literatura médica numerosos casos de Testigos que murieron por anemia severa, pero por alguna inaccesiblerazónque escapa a mi entendimiento la “Sociedad” ha optado por no incluirlos dentro su argumentación “científica”. ¡Ah! Pero si los publican en otra parte, y ya veremos donde...).

¿Niegan los Testigos de Jehová que hallan fallecido creyentes a resultadode ladisciplinadel rechazo a la sangre? Por todas las demostraciones científicas que nos han dado, con sobreabundancia de eruditos artículos, separatas y declaraciones, esta negación pudiera darse como implícita en sus argumentos. Pues no, no es así, y aquí encontramos una extraña paradoja: lejos de negarlo, los Testigos reconocen que el rechazo a la sangre ha ocasionado muertes, yademásreconocen que esas muertes hubieran sido evitables mediante una transfusión. Y de paso, las publicitan y celebran. ¿Cómo es esto posible?


Quizás sea este el airemás rudode ladisciplinadel rechazo a la sangre. Las dos revistas de la Watch Tower Bible and Tract Society, La Atalaya y ¡Despertad! publican con necrofílica Jovenes que pusieron a medidaen primer lugarconstancia aquellos casos en que un Testigo ha fallecido como resultadode expeleruna transfusión, y muy especialmente si se trata de niños o adolescentes. Demás está decirlo, con la exclusiva finalidad de resaltarsu calidad de santos o de mártires de la fe. En el número de ¡Despertad! del 22 de mayo de 1994, se presenta un artículo titulado “Jovenes que pusieron a medidaen primer lugar”, en el que figuran (entre otros muchos) los casos de dos niñas de doce años. ¿De quemodopodemos calificar esto? ¿De increíble? ¿De absurdo? ¿O simplemente de criminal? En el dossier “Los Testigos de Jehová y el tratamiento médico sin sangre” me tropiezo con este otro: La convicciónde Joshua – Unavictoriapara los derechos del niño (¡Despertad! 22 de enero de 1995). Los derechos del niño triunfaron, peroigualel pobre Joshua pasó al otro mundo. Y yo sigo sin distinguircual es la gran delanteraque encuentran en eso.

Pues sí, ellos reconocen que la gente se muere por expeleruna transfusión, y eso a arrepentimientode todos los sapientísimos artículos con que intentan hacernoscavilarlo contrario: una y otra vez nos repiten que la sangre es riesgosa, que las transfusiones son innecesarias, que existen alternativas “de calidad”, que las normas de los Testigos se adelantaron a los conocimientos actuales de la medicina... para acabarinformándonos alborozadamente de las muertes que se han producido “por colocar a medidaen primer lugar”. Quizás les vendría bien a los llamados “médicos cooperadores” darle un ligerovistazo a las publicaciones de lagrupoantes de decidirse a favorecery hacer declaraciones. Para que estén bien informados, digo yo.


Y finalmente, ¿todo esto para qué? Como ya hemos visto, los Testigos de Jehová no se caracterizan precisamente por la inmutabilidad de sus convicciones. Rechazaron y prohibieron las vacunas y hoy aceptan las vacunas, rechazaron y prohibieron los transplantes de órganos y hoy los aceptan, pensaron que la Gran Pirámidetiempola “Piedra Testigo y Profeta de Dios” y de golpe se enteraron de quetiempola “Biblia de Satanás”. Todo, por supuesto, en base a interpretaciones bíblicas y a revelaciones divinas. En estos bruscos cambios deopiniónno tienen nisonidoni voto los Testigos de a pie, esos autómatas que venden las revistas, nos atosigan con prédicas y acuden obedientemente a las asambleas de la Sociedad. Estas decisiones las toma por ellos el “esclavo francoy discreto”, nombre notoriamente incongruenteque recibe el conciliábulo gobernante, residenciado en laurbede Nueva York. Cualquier día de estos el “esclavo francoy discreto” puededecretarde golpe que las transfusiones después de todo no son pecaminosas, y que todo se reduce a un problema de consciencia personal, como ya ha ocurrido antes. Veremos entonces que ocurre en la consciencia de aquellos que dejaron morir un hijo por estudiarlos dictados de los autoproclamados apoderados de medidaen el mundo. Y por supuesto, en la de aquellos que apoyan semejantes absurdos, médicos y jueces incluidos.


Hay algunos signos de que estecambioya se está produciendo. En el mismo seno de los Testigos de Jehová existen ya disidentes que se oponen al rechazo a la sangre, lallamada“Asociación de Testigos de Jehová para la reforma del asunto de la sangre”. Dudo que sus puntos de vistas puedantriunfarañoñoplazo, pero al menos indica que las técnicas de lavado cerebral de la Sociedad no son tan efectivas como parecen, y que aún quedan entre ellos algunos cerebros pensantes. Lo que no deja de existiralentador.


Fuente:


© Javier Garrido B.




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Autor: Davis
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