Mitología épica finlandesa + libros para descargar

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Informacion:

El Kalevala es un poema épico compilado por Elias Lönnrot en el siglo XIX a partir de fuentes folclóricas finlandesas, traspasadas desde las progenies más antiguas a las generaciones posteriores, o a través de las recopilaciones de las narraciones populares hechas por los rapsodas, como son los casos de Arhippa Perttunen y Ontrei Malinen, fundamentalmente en la región de Carelia.


El Kalevala, como reminiscencia y conceptualización metafísica de la generación mítica del pueblo finlandés, a la manera de los cantares de gesta medievales, como el Cantar de Hildebrando, Beowulf, las Eddas islandesas, el Cantar de los Nibelungos, el Cantar de Roldán o el Cantar de mío Cid, es una de las epopeyas más sugestivas y notables de Europa.

Estructura

La primera publicación corresponde al año 1835 y contenía un total de 5.052 versos, congregados en 32 poemas. La reproducción final corresponde a 1849, cuando se publicó en toda su extensión actual de 23.000 versos y 50 poemas.


En su labor meticulosa de recopilación y recomposición, Elias Lönnrot logró acopiar versos provenientes de diferentes fuentes, tanto subjetivas como territoriales. Para ello recurrió a trovadores, narradores, o al examen de la tradición oral en diversas regiones de Finlandia, especialmente en la zona de Carelia.


Lönnrot, en su trabajo de recopilación, acopló y relacionó diferentes testimonios e historias para dotar a la obra de una mejor estructura narrativa. Al mismo tiempo disminuyó la cantidad de personajes y concentró los lugares donde se desarrollan los sucesos. De esta manera logró una mayor coherencia y concreción de esta obra cumbre de la mitología y folclore de Finlandia.


La leyenda, el mito y la evocación poética se enlazan perfectamente en el Kalevala, erigiendo un mundo habitado por héroes de carne y hueso, que oscilan entre lo humano, lo divino y lo esperpéntico. Por eso los actos de los personajes del Kalevala están plagados de extravagancias y deslices humanos.

Personajes
Väinämöinen, es un rapsoda excéntrico marcado por el desenfrenado amor que siente por la doncella de Pohjola; mientras que Lemminkäinen, es el galán que afronta desafíos y desgracias con un marcado desatino; de manera que en sus correrías épicas deja en evidencia su clara ingenuidad de mortal. Lo mismo ocurre, de un modo figurativo, con el pastor Kullervo, que entre andanzas y algaradas es el héroe trágico en este universo cerrado, con un irrefrenable ímpetu de vida, pero condicionado por un sino de eterno perdedor.


Ilmarinen, es un personaje de genitura repentina, ya que después de unas horas de ser parido, por la doncella Iro, (Iro-neito); al día siguiente, ya está convertido en un herrero capaz de crear el sampo, un virtuosismo maravilloso que semeja un molino mágico.


De todo estos héroes estrafalarios, Joukahainen; es el más ingenuo de todos, ya que está dispuesto a colocarse permanentemente a prueba, y así, lo hará, en un momento, al desafiar a Vainämoinen en un tanteo de sabiduría que sabe que perderá desde el comienzo. Finalmente, Ukko es el dios superior y todopoderoso, entreverado con estas figuras semidivinas, pero apoyado por otras omnipotencias menores, como Tapio, dios de los bosques; Hiisi y Lempo, del mal; o Tuoni, de la muerte, que no le facilitarán su tarea celestial, pero sí se la harán embarazosa y paradójica.


I


EL MARAVILLOSO NACIMIENTO DE


WAINAMOINEN

He aquí que en mi alma se despierta un deseo, que en mi


cerebro surge un pensamiento: quiero cantar, quiero modular mis palabras entonando un canto nacional, un canto familiar.


Las frases se derriten en mi boca, los discursos se atropellan; desbordan mi lengua, se expanden alrededor de mis dientes.


Antaño, mi padre me ha cantado esas mismas palabras tallando el mango de su hacha; mi madre me las enseñó haciendo girar el huso. Yo entonces no era más que un niño, una pobre criatura inútil que se arrastraba por el suelo a los pies de la nodriza, con la barbilla goteante de leche. Pero hay otras palabras además: palabras que yo he recogido en las fuentes de la ciencia, encontrado a lo largo de los caminos, arrancado entre las malezas, desgajado de los árboles en las altas ramas y amontonado al borde de los senderos, cuando en mi infancia iba a guardar los rebaños entre los pastizales con arroyos de miel y las colinas de oro.


También el frío me ha cantado versos y la lluvia me trajo sus runas1; los vientos del ciclo y las olas del mar me han hecho oír su poema; los pájaros me enseñaron su trino, y los árboles desmelenados me han invitado a sus conciertos. ¡Sí! Yo cantaré un canto magnífico, un canto espléndido, cuando haya comido el pan de centeno y haya bebido la áspera cerveza. Y si la cerveza me falta, mi lengua seca invocará al rocío; y cantaré para alegrar la noche, para celebrar el esplendor del día. ¡Cantaré hasta la aurora para brizar la salida del sol! Érase una vez una virgen; una hermosa virgen, Luonnótar2, hija de Ilma. Vivía, desde hacía largo tiempo, casta y pura, en medio de las vastas regiones del aire, de los inmensos espacios de la bóveda celeste. Pero he aquí que un día comenzó a sentir el hastío de las horas, a fatigarse de su virginidad estéril, de su existencia solitaria en las llanuras del aire, tristes y desiertas. Y descendió de las altas esferas, y se lanzó en la plenitud del mar, sobre la grupa blanca de las olas.


Entonces un viento impetuoso, un viento de tempestad, sopló de oriente; el mar se hinchó y se agitó en oleajes. La virgen fue arrastrada por la tempestad, flotando de onda en onda, sobre las crestas coronadas de espuma. Y el viento salobre vino a acariciar su regazo. Y el mar la fecundó. Durante siete siglos, durante nueve vidas de hombre, llevó la carga de sugravidez. Y aquel que había de nacer no nacía. Y aquel que nadie engendró seguía sin ver la luz. La virgen nada; nada hacia oriente y occidente, al noroeste y al sur, por las riberas del aire. Espantosos dolores le queman las entrañas. Pero aquel que había de nacer no nace y aquel que nadie engendró sigue sin ver la luz. La virgen llora dulcemente y dice: "¡Ay, desdichada, qué tristes son mis días! ¡qué errante es mi vida, pobre de mí! ¡Siempre y en todas partes, bajo la inmensa bóveda del cielo, empujada por el viento, arrastrada por las olas en el seno de este vasto mar sin límites! ¡Oh, Ukko, dios supremo3: tú que sostienes el mundo, ven a mí, socórreme! ¡Apresúrate a mi llamada! ¡Libra a esta doncella de sus angustias, a esta mujer del dolor de sus entrañas! ¡Ven, ay, acude pronto; tu ayuda se me hace necesaria más y más!" Un corto espacio transcurrió. Y de repente un águila de amplias alas tiende el vuelo. Surca los aires con estrépito, buscando un lugar para su nido. Vuela a oriente y occidente, vuela al noroeste y al sur, pero no encuentra un rincón donde construir nidal. Vuela de nuevo; después se detiene; y piensa y medita: "¿Qué lugar elegiré, el viento o el mar? El viento derribará mi casa, el mar la tragará".


Y he aquí que entonces la virgen del aire levantó su rodilla por encima de las olas, ofreciendo así al águila un lugar para su nidal bienamado. El águila ilustre suspende el vuelo; divisa la rodilla de la hija de lima y la toma por una verde colina, por un cerro de fresco césped. Lentamente vacila en el aire. Al fin, se lanza sobre la punta de la rodilla y allí construye su nido. Y en ese nido deposita seis huevos. Seis huevos de oro y un séptimo de hierro. El águila se pone a incubar sus huevos, un día y otro día, y casi un tercer día. Entonces la hija de lima sintió un calor ardiente en su piel. Parecía que su rodilla era una brasa, que todos sus nervios se derretían. Y replegó vivamente la rodilla, sacudiendo todos sus miembros. Y los huevos rodaron al abismo y se estrellaron contra las olas.


Pero no se perdieron en el fango ni se mezclaron con el agua. Sus pedazos se convirtieron en las más bellas cosas. Así: "De la parte inferior de los huevos se formó la tierra, madre de todos los seres; de su parte superior el sublime cielo; de sus trozos amarillos el radiante sol; de sus trozos blancos la luna resplandeciente; de las cascarillas jaspeadas se hicieron las estrellas; y los trozos oscuros fueron los nubarrones del aire". Y el tiempo avanzó y los años se sucedieron, porque el sol y la luna habían comenzado a brillar. Pero la hija de lima continuaba errante todavía sobre la vastedad del mar, sobre las olas vestidas de niebla. Debajo de ella, la húmeda llanura; encima de ella, el claro cielo. Y al noveno año, en el décimo estío, levantó la cabeza sobre las aguas y comenzó la creación en torno suyo. Donde tiende su mano, hace surgir promontorios; donde tocan sus pies, cavan hoyos para los peces; donde se sumerge, hace más profundos los abismos. Cuando roza de flanco la tierra, aplana las riberas; cuando tropieza con ella su pie, nace el socavón fatal para los salmones; cuando las golpea de frente, abre los golfos. Después toma impulso y se interna en la alta mar. Allí crea las rocas, y pare los escollos para el naufragio de los navíos y la muerte de los marineros. Ya las islas emergen de las olas, los pilares del aire se yerguen sobre sus bases, la tierra nacida de una palabra despliega su masa sólida, las venas de mil colores aran la piedra y esmaltan las rocas... Y Wainamoinen no ha nacido todavía, el runoya de la eternidad 4.


El viejo, el impasible Wainamoinen, esperó en el vientre de su madre durante treinta estíos, durante treinta inviernos, sobre el inmenso abismo, sobre las olas nebulosas.


Meditaba profundamente preguntándose en su interior cómo le sería posible existir y pasar su vida en aquel sombrío retiro, en aquella estrecha mansión, donde jamás ni el sol ni la luna dejaban penetrar su luz. Y clamó: "¡Rompe mis ligaduras, oh luna! ¡libértame, oh sol! Y tú, radiante ótawa5, enseña al héroe a franquear estas desconocidas puertas, estos infrecuentados caminos, a salir de este reducto oscuro, de este abrigo asfixiante. Conducid sobre la tierra al viajero, al hijo del hombre bajo la bóveda del aire, para que pueda contemplar el sol y la luna, y admirar el esplendor de ótawa, y gozar la luz de las estrellas". Pero la luna no rompió sus ligaduras, ni el sol le dio la libertad. Entonces Wainamoinen sintió el hastío de los días y la fatiga de su vida. Y golpeó vivamente la puerta de la fortaleza, con el dedo sin nombre 6. Forzó el muro de hueso con el dedo mayor del pie izquierdo, y se arrastró con las uñas fuera del umbral, y sobre las rodillas fuera del vestíbulo.


Y ahora, helo ahí, sumergido en el abismo hasta la boca y hasta la punta de los dedos. El poderoso héroe continúa sometido al poder de la onda. Durante cinco años, durante seis años, durante siete y ocho años, se vio arrastrado de ola en ola. Al fin se detuvo en un cabo desconocido, sobre una tierra desnuda de árboles.


Allí, ayudándose con las rodillas y los codos, se irguió cuan alto era, y se puso a contemplar el sol y la luna, a admirar el esplendor de ótawa y a gozar la luz de las estrellas.


Así nació Wainamoinen, así fue revelado el ilustre runoya. Una mujer lo llevó en su seno. La hija de lima lo trajo al mundo.

Notas:


1 Runa: verso, poema y fórmula mágica


2 Luonnótar significa "Hija de la Naturaleza". Ilma es la personificación del aire.


3 Ukko es, en la antigua mitología finesa, el dios del cielo y del aire.


4 Runoya: bardo, compositor y cantor de runas. Este término implica también la posesión del


poder mágico.


5 Ótawa: la Osa Mayor.


6 El dedo anular. En el antiguo idioma finlandés sólo tienen nombre los otros cuatro dedos.

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Fuentes:

1.
2. Texto de Kalevala Trascrito por mi

Ahora les pido que sean buenitos y comenten como saben hacer siempre,eso me haria muy feliz, besos chicos



Autor: lorenitaposteadora
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