reflexiones (varias)

reflexiones (varias)

reflexiones diarias PARA TRIUNFAR Conmovedoras



Las reflexiones son una parte fundamental para todos nosotros.

aveces nos suceden en nuestra vida diaria

nos ayudan a aprender y comprender algunas cosas que nos son de gran importancia



Acá les dejo algunas de las mejores reflexiones.









Quien piensa en fracasar, ya fracasó antes de intentar



Quien piensa en ganar, lleva ya un paso adelante



Sigmund Freud




La Madurez







La Sección Vida! trajo un artículo del servicio de noticias del New York Times, quizá pasado por alto por algunos lectores, pero merecedor de una discusión seria en las aulas y fuera de ellas: “Son motivo de verguenza celulares sencillos; comparan equipos con símbolos de estatus tradicionales”.



El texto cuenta la experiencia de Chris Glionna, supervisor de restaurantes de una conocida compañía, con su viejo celular. Como el teléfono le daba el servicio necesario, no le preocupaba que estuviera fuera de moda. Pero… (siempre hay un pero) sus colegas lo molestaban y se burlaban cuando extraía su “pisapapeles” del maletín. Llegó a sentirse tan avergonzado que hace un par de meses lo cambió por un BlackBerry.



En la pasada Feria del Libro escuché una tesis muy interesante del Dr. Alejandro Morton: la Crisis de Estados Unidos se debe, entre otras cosas, a la inseguridad que los norteamericanos tienen en ellos mismos; su continua necesidad de comprar jamás será satisfecha porque esperan que la satisfacción personal venga de lo comprado, y jamás será así.



El domingo pasado, la carta de un lector, Julián Villarreal, coincide con Morton: “… a nivel social no nos hemos dado cuenta de que ese impulso descontrolado por comprar es, en el fondo, la causa profunda de la crisis económica que ha cundido ya por todo el mundo, alimentada por un sistema financiero insaciable que facilitó recursos para que compraran quienes no tenían con qué”.



Pocas cosas hay más tensionantes que tratar de mantenerse a la moda en ropa, calzado, accesorios, tecnología, viajes, comidas, restaurantes, casas, muebles, cirugías, autos y todo lo añadible. Quien tiene dinero en exceso puede comprar, usar y desechar, pero quienes vivimos sujetos a un presupuesto debemos cuidar qué compramos y entender por qué y para qué lo compramos. Y esa regla se ha olvidado.



En efecto, la presión social existe, pero debemos preguntarnos cuánto nos presiona y cuánto nos dejamos presionar. Porque es muy cómodo justificar nuestros excesos o actos absurdos transfiriendo la responsabilidad a una entidad abstracta (la sociedad), en vez de asumirla nosotros en concreto.



¿Cuál es el problema de que se rían de nuestro celular viejo? La risa es buena y si no les gusta el celular pueden bromear a costa de él y criticar el aparato, a su dueño o a ambos. El problema es de ellos, no del dueño del celular, a menos que éste lo acepte.



Cuando se estudia un guión cinematográfico se aprende a crear personajes creíbles. Debemos pensarlos y darles una personalidad con un carácter, una caracterización y una característica que los distinga de los demás.



La característica la usamos todos cuando describimos a alguien ante quienes no lo conocen: “Es un señor medio gordito, de sonrisa muy agradable” o “Es una mujerbajita, de ojos azules y muy mandona”.



Malo el cuento cuando esa característica se transfiere a una de sus posesiones: “Esel chavo del convertible rojo” o “La señora que usa puras bolsas de marca y tiene una casa enorme” o “Es el director que siempre anda a la moda”. Es decir, su personalidad no emana de lo imprescindible, sino de lo prescindible. Lo primero no se compra en ningún lado; lo segundo en cualquiera, si se tiene los medios para hacerlo.



Un amigo muy cercano es multimillonario, pero nosotros lo averiguamos por accidente tras años de conocerlo. Es sencillo, generoso, adaptable a todo y disfruta lo disfrutable. Jamás presume y nunca hace alarde de nada porque tiene muy claro qué cosas son importantes en su vida.



Las trampas de la presión social siempre han estado ahí. Caen en ellas quienes no se conocen a sí mismos y tienen una escala de valores centrada en lo social y en su desarrollo han tenido carencias afectivas. Las eluden quienes sí se conocen y valoran lo esencial, no lo accesorio.



El vacío personal no lo llena ni los closets giratorios, ni los carros de lujo, ni las joyas exclusivas. La satisfacción de los consumidores insaciables no viene de poseer las cosas, sino de presumirlas ante los demás.



¿Tiene usted un celular del que sus “amigos” se ríen cuando lo usa? Ríase con ellos y úselo hasta que guste. ¿Le duelen las burlas? Entonces CAMBIE de AMIGOS, no de celular. Es lo justo.





La esperanza no es un método



16

MAY

Desde hace tiempo estaba por escribir algo relacionado con este tema, aunque ya un ciber amigo se me había adelantado hace unos años atrás, y me permito citar la manera cómo empezó su artículo en su oportunidad:



Hace unos años leí un libro titulado “La Esperanza no es un Método”, donde la moraleja que ofrecían los autores era, más o menos, que si queríamos algo, debíamos trabajar por ese algo. El esperar que las cosas pasen no es suficiente. El esperar que ocurra un milagro no es suficiente.



Un profesor nos contaba en estos días acerca de un señor que todos los días le rezaba a Dios pidiéndole sacarse la lotería. Fervientemente y diariamente el señor lo hacía, hasta que murió. Cuando sube al cielo y se encuentra con Dios frente a frente, le recrimina que nunca le hizo caso a sus ruegos. A lo que Dios le responde: “¿Y cómo te iba a ayudar a sacarte la lotería si nunca compraste un solo boleto?”



Y también nos contaba el profesor, que si queríamos pasar su materia, teníamos que estudiar. Que no bastaba rezar ni hacer penitencias. Sería una versión de “A Dios rogando y con el mazo dando.”





Las dos ranas









He aquí una rana que había vivido siempre en un mísero y estrecho pozo, donde había nacido y habría de morir.



Pasó cerca de allí otra rana que había vivido siempre en el mar. Tropezó y se cayó en el pozo.



- ¿De dónde vienes? -preguntó la rana del pozo.



- Del mar.



- ¿Es grande el mar?



- Extraordinariamente grande, inmenso.



La rana del pozo se quedó unos momentos muy pensativa y luego preguntó:



- ¿Es el mar tan grande como mi pozo?



- ¡Cómo puedes comparar tu pozo con el mar! Te digo que el mar es excepcionalmente grande, descomunal.



Pero la rana del pozo, fuera de sí por la ira, aseveró:



- Mentira, no puede haber nada más grande que mi pozo; ¡nada! ¡Eres una mentirosa y ahora mismo te echaré de aquí!



*El Maestro dice: Así procede el hombre fanático y de miras estrechas.





Por qué los abrazos?





Porque los abrazos son gratis. Porque los abrazos son una gran medicina. Porque los abrazos fortalecen el espíritu. Porque los abrazos son importantes. Porque los abrazos deben darse hoy y todos los días.



Porque los abrazos no son para un momento de alegría, sino para todos los momentos difíciles. Porque ayudan a los demás. Porque se sienten y animan. Porque cuando abrazas te abrazan.

Porque los abrazos reconcilian o aumentan el cariño. Porque los abrazos no se dan por rutina. Porque los abrazos aumentan la fe y hacen que los demás sonrían.



Cuando recorro los colegios y salones, cuando hablo con docentes y padres de familia, los invito a abrazarse. Es una manifestación sincera de amistad. Muchas veces, no hay qué hablar, sino abrazar. Con el abrazo se dice todo.



En ocasiones, cuando se va a un velorio, es mejor abrazar a la familia sin decir palabra alguna. Cuando se saluda a un amigo o a una amiga. Cuando se va a una fiesta. Cuando hay encuentros fugaces.



Cuando se habla con los hijos, estos siempre esperan un abrazo. Los hijos sienten mucho amor cuando sus padres los abrazan, los besan, los miman. Si ello ocurriera con más frecuencia en las familias, no habría tanta soledad en los jóvenes.



Los abrazos son especiales para aquellas personas que fácilmente se deprimen. Cuando alguien está llorando, es mejor no preguntarle qué le pasa, sino abrazarla. Esa persona se siente fuerte, se vuelve optimista y hasta puede decir: “Gracias, ¡lo necesitaba tanto!”. Muchas veces requerimos de un abrazo. Sin que nadie nos pregunte, lo sentimos y recibimos fuerza, cariño, amor.



Sé que muchas veces hay personas que no están enseñadas, porque nadie las abraza. Y recuerdo a los niños en un colegio, a quienes les pregunté por qué no lo hacían y me contestaron que no estaban enseñados. Que nadie les había dado un abrazo en su vida y que eso les parecía extraño.

Abrazar es una grandiosa medicina. Transfiere energía, y da a la persona que es abrazada un estímulo emocional. Necesitamos cuatro abrazos al día para sobrevivir, ocho para mantenernos, y doce para crecer. Un abrazo te hace sentir bien. Un abrazo puede cubrir una gran parte de la piel y da el masaje que necesitas. Es también, una forma de comunicarse. Puede decir las cosas para las que no tienes palabras. La cosa más buena acerca de un abrazo es que no puedes dar uno sin recibir uno.



Por eso, mi petición sincera, sencilla es que haya abrazos por doquiera. Que no se niegue un abrazo. Porque los abrazos son como vitaminas que producen energía y llenan el alma de amistad. Para todos, un gran abrazo.





Los maratonistas





Los maratonistas aprenden varias lecciones importantes durante los años de entrenamiento. No importa lo experimentado que sea un corredor, una pequeña piedra en el camino, un paso mal dado, una distracción o miles de otros obstáculos pueden aparecer en cualquier momento, interrumpiendo el paso del corredor y ocasionando un accidente o un daño. Lo mismo ocurre en el matrimonio. El tiempo prolongado que lleven de casados no brinda inmunidad a los problemas.



Los maratonistas aprenden a regular el paso para no agotarse en los primeros kilómetros de la carrera. De la misma manera, las parejas debieran ser sabias al ver la relación como de largo alcance y así colocar a los problemas y las diferencias en la perspectiva de un cuadro mayor.



Por último, los maratonistas, a excepción de unos pocos que encabezan el torneo, corren para mejorar sus propios tiempos. Corren para terminar la carrera y tratan de hacer su esfuerzo. La competencia puede arruinar una relación. Lo mejor que cada uno puede hacer es procurar dar lo mejor de sí y esforzarse por lograr que la relación sea lo mejor posible.



La vida de casados es un maratón. No basta con un gran comienzo para un matrimonio duradero. Se necesita determinación.







El fuego, la lluvia… el granizo. ¡Como es adentro es afuera!



Nosotros, como seres con pensamiento, creamos nuestro entorno. Todos estamos conectados con el Universo. Si constantemente pensamos en palabras como violencia, guerra, sufrimiento, el agua que conforma nuestro cuerpo se afecta y mina su efectividad para mantener nuestra salud. Por ello, el calor, el fuego, aumenta. No es raro que hasta suba nuestra temperatura corporal. Si pensamos en palabras sanas: paz, amor, armonía… el agua fluye en nuestro interior y el fuego sigue equilibrado. No olvidemos que dentro de nosotros habita el fuego (en nuestro metabolismo), el agua (en nuestro sistema linfático), la tierra (en los huesos) y el viento (en nuestro sistema respiratorio). Si fuésemos un bosque y el fuego estuviera desequilibrado estaríamos incendiándonos (como Coahuila, ¿te checa?) y el agua sufriente tendría que desbordarse de alguna forma, ¿no es así? Algún día saldrá en forma de tormenta violenta por nuestros ojos, o en forma de vómito u otras enfermedades estomacales. Al fin y al cabo una crisis…



Si todo esto pasa en nuestro cuerpo, ¿cómo no habría de pasar en nuestro mundo, en nuestro país, en nuestra ciudad? Somos capaces de reflejar en el exterior todo lo que pasa dentro de cada uno de nosotros. De ahí nuestra responsabilidad por mantener sanas nuestras emociones. ¡Como es adentro es afuera!, dicen los antiguos. La ciudad, el país, es el “gran cuerpo” de todos sus habitantes. Como constantentemente pensamos en violencia, el fuego aumenta, y por consiguiente comenzaron los incendios forestales, las temperaturas altas y los “golpes de calor”. Además, cuando comenzamos a quejarnos, dejamos de fluír con el ambiente y constreñimos aún más la función del agua. Por ello, las lluvias llegaron desbordadas… Era un cuerpo que había mantenido sus sentimientos demasiado reprimidos. Salieron las lágrimas de forma desbordada. ¿Acaso nunca te ha pasado?



¿Y el granizo? Para los antiguos vikingos, el granizo es una crisis, un final. ¡Te imaginas con tanto fuego y tanta emoción y sufrimiento contenidos! Sin embargo, después de esa crisis, viene un periodo de tranquilidad. No acaso se dice “después de la tempestad viene la calma”. El granizo fertiliza los campos y nos dice que tenemos la oportunidad de cambiar. De transformar la violencia (el fuego, el calor) de nuestro interior, de dejar fluír de forma sana nuestros sentimientos (la lluvia) para que no se desborde e inunde el Viaducto. Asimismo, de tomar el granizo como un nuevo comienzo. ¿No dicen que las crisis son grandes oportunidades? La responsabilidad es de cada uno… Basta aceptarla.



Gina Cárdenas





Cuidado con el Camaleón





Los camaleones (Chamaeleonidae, del griego chamai, ‘en la tierra’, ‘en el suelo’ y del latín, leo, ‘león’; ‘león de tierra’) son una familia de pequeños saurópsidos (reptiles) escamosos. Existen cerca de 160 especies de camaleones, la mayor parte de ellas en África al sur del Sáhara. En América se llama a menudo camaleones a lagartos de la familia de los anoles, que no guardan ningún parentesco especial con los verdaderos camaleones.



Son famosos por su habilidad de cambiar de color según las circunstancias, por su lengua rápida y alargada, y por sus ojos, que pueden ser movidos independientemente el uno del otro.



El grupo es bastante antiguo, ya que se conocen fósiles de camaleón procedentes del Paleoceno. La familia está emparentada con la de los agámidos.



En todo Occidente, el término “camaleón” se usa en el lenguaje coloquial como sinónimo de una persona voluble, que adapta su comportamiento y características a las circunstancias. No siempre el término tiene connotación negativa (de falsedad), pudiendo significar también “flexibilidad”.



Y es precisamente la última “acepción” sobre la que quiero advertir. En mi país (Venezuela), se vive una situación en los últimos años, bastante politizada, donde esencialmente hay una bipolaridad. O estás con el Gobierno, o no estás con el Gobierno. Y como el Gobierno de los últimos años es de corte socialista, han adoptado el color “rojo” como suyo.



Y entonces vemos a los que quieren estar bien con el Gobierno, vestirse de rojo de pies a cabeza. Con el pequeño detalle que así se pongan la ropa interior roja también, en su mente y pensamiento no tienen la mínima gota de rojo.



Y son los oportunistas, que hoy se dan golpes de pecho y se rasgan las vestiduras por el Gobierno, cuando ayer despotricaban de él, o mañana manifiestan que nunca estuvieron de acuerdo con el Gobierno.



Y que lanzan loas al Ché Guevara y le echan pestes al “Imperio Yanqui”, pero que en vacaciones se van a Disney World a saludar a Mickey Mouse… Y visten Louise Vitton o Tommy Hilfiger.



Es lo que se puede llamar la “doble moral”, de haz lo que digo pero no lo que yo hago.



El que hoy llama “camaradas” a sus compañeros de trabajo, y al diga siguiente los llama colegas porque ahora trabaja con una empresa que no es Pro-Gobierno…



Y lo peor de todo es que a veces, por no decir siempre, será difícil descubrir quién es quién…





La Última Lágrima





Allí estaba, sentado en una banqueta, con los pies descalzos sobre las baldosas rotas de la vereda; gorra marrón, manos arrugadas sosteniendo un viejo bastón de madera; pantalones que arremangados dejaban libres sus pantorrillas y una camisa blanca, gastada, con un chaleco de lana tejido a mano. El anciano miraba a la nada. Y el viejo lloró, y en su única lágrima expresó tanto que me fue muy difícil acercarme, a preguntarle, o siquiera consolarlo.



Por el frente de su casa pasé mirándolo, al voltear su mirada la fijó en mi, le sonreí, lo saludé con un gesto aunque no crucé la calle, no me animé, no lo conocía y si bien entendí que en la mirada de aquella lágrima se mostraba una gran necesidad seguí mi camino, sin convencerme de estar haciendo lo correcto.



En mi camino guardé la imagen, la de su mirada encontrándose con la mía. Traté de olvidarme. Caminé rápido como escapándome. Compré un libro y tan pronto llegué a mi casa, comencé a leerlo esperando que el tiempo borrara esa presencia… pero esa lágrima no se borraba… Los viejos no lloran así por nada, me dije.



Esa noche me costó dormir; la conciencia no entiende de horarios y decidí que a la mañana volvería a su casa y conversaría con él, tal como entendí que me lo había pedido. Luego de vencer mi pena, logré dormir. Recuerdo haber preparado un poco de café, compré galletas y muy deprisa fui a su casa convencido de tener mucho por conversar.



Llamé a la puerta, cedieron las rechinantes bisagras y salió otro hombre. ¿Qué desea? preguntó, mirándome con un gesto adusto. Busco al anciano que vive en esta casa, contesté. Mi padre murió ayer por la tarde, dijo entre lágrimas. ¡Murió! dije decepcionado. Las piernas se me aflojaron, la mente se me nubló y los ojos se me humedecieron.



¿Usted quien es? volvió a preguntar. En realidad, nadie, contesté y agregué. Ayer pasé por la puerta de su casa, y estaba su padre sentado, vi que lloraba y a pesar de que lo saludé no me detuve a preguntarle que le sucedía pero hoy volví para hablar con él pero veo que es tarde.



No me lo va a creer pero usted es la persona de quien hablaba en su diario. Extrañado por lo que me decía, lo miré pidiéndole más explicación. Por favor, pase. Me dijo aún sin contestarme. Luego de servir un poco de café me llevó hasta donde estaba su diario y la última hoja rezaba: Hoy me regalaron una sonrisa plena y un saludo amable… hoy es un día bello.



Tuve que sentarme, me dolió el alma de solo pensar lo importante que hubiera sido para ese hombre que yo cruzara aquella calle. Me levanté lentamente y al mirar al hombre le dije: Si hubiera cruzado de vereda y hubiera conversado unos instantes con su padre… Pero me interrumpió y con los ojos humedecidos de llanto dijo: Si yo hubiera venido a visitarlo al menos una vez este último año, quizás su saludo y su sonrisa no hubieran significado tanto.









Pues esto ha sido todo espero les hallan sido de Utilidad





















Autor: calie229
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