Tecnología extraterreste y los militares

Tecnología extraterreste y los militares

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Tecnología extraterreste y los militaresEn noviembre de 1996 el físico nuclear Stanton Friedman, uno de los más activos investigadores del incidente Roswell, advertía en su libro Top Secret/Majic que el gobierno de los Estados Unidos habría estado aplicando tecnología punta en sus proyectos deducida de los restos recuperados en 1947.

Sus opiniones, en general, no fueron consideradas hasta que, un año más tarde, entrara en escena un coronel de la Fuerza Aérea con impecables credenciales: Philip Corso.

Todo indica que a principios de julio de 1947 un objeto de origen desconocido se estrelló en un solitario lugar de Nuevo México, cercano a la ciudad de Roswell. El debate sobre qué fue lo que ocurrió allí dura ya más de cincuenta años y está lejos de un acuerdo unánime.

Los escépticos argumentan que, de haber sido cierto un hallazgo de tales dimensiones, no pudo ser ocultado tan fácilmente y habría llevado consigo un rápido desarrollo tecnológico de la potencia que recuperara los restos. Y es, en este punto, donde acaban de producirse notables avances.

Este militar estuvo al frente de la sección de Tecnología Extranjera, en el Pentágono, entre 1961 y 1963, combatió en la Guerra de Corea y fue uno de los miembros del Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca durante el mandato de Eisenhower.

.:: Avances tecnológicos ::.

Según las revelaciones del coronel, publicadas en el libro The Day After Roswell, del que es coautor junto a William J. Birnes, a principios de los años sesenta –mientras trabajaba en el Pentágono bajo el mando del general Arthur Trudeau- fue destinado para llevar a cabo una tarea super-secreta: Estudiar a fondo el “expediente Roswell” y diseñar un programa que explotara tecnológicamente los recursos del platillo volante recuperado.

“Después del programa –dice el oficial- surgieron importantes desarrollos estratégicos, como el circuito integrado de los computadores, la fibra óptica, una tecnología avanzada en visión nocturna y el láser”.

Las sensacionales declaraciones de Corso ya han tenido sus repercusiones. Recientemente la empresa estadounidense American Computer Company (ACC) anunciaba a través de su presidente Jack A. Shulman su intención de dejar de pagar los derechos de la patente del transistor norteamericano pues, al parecer, había sido copiada de los restos de una nave extraterrestre.

La aparición del transistor en 1948 supuso una auténtica revolución tecnológica. Llevó consigo la aparición de los semiconductores para los que se emplearon materiales creados artificialmente basándose en el silicio y no, como hasta entonces, los diodos de germanio y selenio, elementos presentes en la naturaleza, o las válvulas de vacío.

Por desgracia las declaraciones de Corso no vienen respaldadas por documento alguno que acredite su veracidad. Disponemos tan solo su testimonio vivencial y éste ya ha sido cuestionado. “A pesar de que afirma haber trabajado durante dos años con los documentos –señala el especialista neoyorquino Budd Hopkins- no podemos tener una idea exacta de dónde o cuando tuvo lugar el incidente, o quiénes fueron los oficiales encargados de la recuperación de los restos” Y es que, ciertamente, Corso no precisa cuál es el lugar exacto, si Corona, si Los Llanos de San Agustín o los alrededores de Roswell ni da pistas que no figuren en la abundante literatura sobre el incidente.







.:: Llegan las contradicciones ::.

Sorprenden, en todo caso, algunas de sus recientes declaraciones. Si Corso no miente, entró en contacto con el incidente Roswell en 1961, catorce años después de su recuperación. El coronel escribe que en aquel año recibió un archivo con fragmentos y piezas de la nave así como algunos papeles relacionados con el acontecimiento. Trudeau informó al coronel que el resto del material había sido divididos para su análisis a otros departamentos. Todo lo contrario de lo que mandan las ordenanzas y el sentido común. Me explico.

Si una nave extraterrestre hubiese caído unos días después de que hubiera finalizado la Segunda Guerra Mundial ¿Quién nos dice que esta nave no era precursora de una invasión? En este caso, como ocurre en las grandes catástrofes aéreas, se desplazan los restos hasta una superficie grande y se reúnen allí, técnicos, ingenieros y científicos para reconstruir la nave y deducir, en el menor tiempo posible, la tecnología del vehículo para hallar su punto débil. En este caso el “Gobierno norteamericano” se toma la friolera de 14 años y asegura que los restos han sido dispersados en varios departamentos. Sospechoso ¿no?

.:: MAJESTIC 12 ::.

También sorprenden las alusiones al MJ-12, del que Corso asegura haber visto claras referencias. La clave para admitir la realidad de estos polémicos documentos está en determinar si la película de 35 mm. recibida por el productor cinematográfico Jaime Shandera en 1984 es auténtica. El microfilm, pretendidamente, recoge documentos secretos filtrados por agentes del AFOSI (Oficina de Investigaciones Especiales de la Fuerza Aérea) a Stanton Friedman, William Moore y Jaime Shandera y da cuenta de la existencia de un comité formado por 12 personas, constituido en 1947 para estudiar los restos del estrellamiento de platillos volantes.

Por su parte el recalcitrante escéptico Phil Klass asegura que la firma del presidente Harry Truman inserta en los documentos, coincide exactamente con la de una carta escrita por éste el 1 de octubre de 1947 y que puede ser consultada en la Biblioteca del Congreso. Por si fuera poco Klass precisa que la máquina de escribir con la que se mecanografió el memorándum MJ-12, una Smith-Corona, no apareció hasta 1963 y, a pesar de eso, el manuscrito está fechado el 18 de noviembre de 1952. Un fraude.

.:: Realidad o fantasía ::.

¿Son creíbles las declaraciones de Corso?

Antes que el coronel otros militares como John Lear, William Cooper y también civiles como Bob Lazar denunciaban la aplicación de tecnología extraterrestre en proyectos aeronáuticos como el avión invisible F117 o el bombardero B-2. Ambos proyectos habían sido desarrollados en el Area 51, en Nevada. Alberga en su interior el campo de pruebas de la base de Nellis donde se desarrollaron, además, el láser y otros ingenios que ahora son mencionados por el Coronel Corso en su libro.

A pesar de sus impecables credenciales algunos de sus declaraciones son, sencillamente, inconsistentes y otras cometen errores históricos o son pura fantasía. Con todo el libro fue bestseller en pocas semanas y ha logrado dividir a la ufología norteamericana, nos preguntamos: ¿Acaso no será este el auténtico objetivo?





fuente - http://www.complotsymisterios.com.ar/?p=215




















Autor: fernandoxrl8
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