Vladimir Maiakovski, biografia y poemas


Vladimir Maiakovski el poeta de la revolución




El 14 de abril de 1930, a las 10:15 de la mañana Vladimir Maiakovski se pegó un tiro en el callejón de Lubianski con el revólver que le había servido doce años antes para su papel en la película "No nací para el dinero".



Militante bolchevique, a los 13 años lo detienen por primera vez acusado de formar parte de la imprenta clandestina del Partido Comunista. Luego, será detenido otras dos veces, la última en 1909 por organizar una fuga de mujeres encarceladas, por lo que cumple un año de prisión: tenía 17 años.



Editó poesías, escribió obras de teatro, guiones cinematográficos, canciones para el Ejército Rojo y para las instituciones del Estado obrero. Participó en las batallas teóricas de los formalistas, compuso el "Manifiesto Futurista Ruso", diseñó afiches y otros objetos molestos. Fue amigo de Shklovski y enemigo de Gorki y Marinetti. En 1948 los estadounidenses prohibieron la reedición de los poemas de Maiakovski en Alemania, que estaban ya traducidos, editados y dispuestos para la venta.



Contínuamente perseguido por la burocracia revolucionaria, el 9 de marzo de 1930 el diario Pravda realiza una dura crítica titulada "Sobre los caprichos del izquierdismo" en contra de su obra teatral Los Baños. Decía: "la intelectualidad pequeño-burguesa revolucionaria, que se unió al proletariado cuando ya se había definido y establecido firmemente su victoria, comienza a sentirse la sal de la tierra. Desconectada del pasado proletario, de su tradición de lucha, la intelectualidad tiende a considerarse como más a la izquierda, más revolucionaria que el proletariado mismo. No cabe duda de que oímos una falsa nota izquierdista en Maiakovski".






«Soy poeta. Eso es lo que me hace interesante.» Escribe Maiakovski en 1922. Veintiocho años antes nacia en un pueblo transcaucasiano, Bardad, que hoy lleva su nombre. Su padre era guardia forestal y solía llevar al pequeño Vladimirovich en sus rondas a caballo por el distrito. El trato íntimo con los campesinos, el conocimiento de sus problemas y de las injusticias que tenían que soportar, desarrolló en el niño sensible y apasionado que era entonces Maiakovski, un desgarrado amor por el pueblo, que llegará a convertirse en la nota dominante de la sinfonía multicolor de sus futuras composiciones literarias. Una tarde, la bruma se abre a los pies del jinete para dar paso a un «un brillo más claro que el cielo»: la electricidad. Padre e hijo estaban en las inmediaciones de una fábrica de duelas. Tras descubrir la electricidad -Sigue contándonos-, la naturaleza perdió interés, no le pareció lo bastante perfeccionada. La precisión aplicada, la invención técnica es el puente que, más tarde, le lleva al mundo moderno y lo vincula con el movimiento literario acaudillado por el italiano Marinetti y llamado Futurismo.

La familia Maiakovski se muda a un pueblo más importante, Kutaissi, y Vladimir es admitido, tras los exámenes correspondientes, en la escuela local. También data una anécdota que, respetada muchos años después por la memoria autobiográfica, pone de relieve la índole iconoclasta y modernista de aquel iluminado por la electricidad, que, más adelante, le permitirá tutearse con la vanguardias literarias y politicas. Durante uno de los exámenes de admisión, un examinador le pregunta por el significado del vocablo «oko», a lo que el candidato contesta que es una medida de peso georgiano. Aunque correcta, su respuesta no es completa. En efecto, «oko», en antiguo eslavo religioso, significa ojo. Desde aquel momento -recuerda Maiakovski-, «odié todo lo que es viejo, todo lo que es eslavo, todo lo relativo a la iglesia». Es posible -agrega- que ello esté en el origen de mi futurismo, de mi ateismo y de mi internacionalismo.



Entre los confines de su enorme país, donde la noche es también blanca, y particularmente la Georgia natal, patria chica, por lo demás, del entonces activista Stalin, se propaga la agitación revolucionaria. En la casa Maiakovski se reciben algunas revistas (Noticias rusas, La palabra rusa, la riqueza rusa) cuyo contenido y efervescencia, simultáneamente nacionalista y revolucionario, soliviantaban el espíritu ya brioso de Vladimir. Una de sus hermanas trae de sus viajes a Moscú ejemplares de octavillas antizaristas.



Estamos en 1905. Vladimir ya no tiene la cabeza para meras tareas escolares. Sus ojos le revelan los hechos que llaman a la acción. De pronto, descubre que todo es desafío y que habita un terruño sojuzgado por el centralismo moscovita. «Para mí -escribe-, la revolución empezó de la siguiente manera: mi compañero de escuela Isidoro, ayudante de cocina de la casa del cura, saltó de contento al frente al horno: habían matado al general Alikanov, jefe de la represión unitaria en Georgia. Manifestaciones y mitines. También yo asistía. Era algo hermoso de ver. Conservo impresiones de carácter pintoresco: los vestidos de negro, son los anarquistas; de rojo, los ess-er (social revolucionarios); de azul los ess-de (socialdemócratas); los otros colores correspondian a los federales...»

Maiakovski pasa de la lectura de novelas (Cervantes, Julio Verne) a la de opúsculos de contenido político: Abajo los socialdemócratas. Charlas sobre economía, etc. Se siente atraido por la figura del socialista alemán Ferdinand Lassalle «probablemente porque no lleva barba. Parece más joven. Lassalle y Demóstenes se mezclan en mi mente. Pronuncio arengas ásperas y provocadoras». Como vemos, no es precisamente humor lo que le falta al joven agitador.



En 1906 muere el jefe de la familia y la señora Maiakovski, tras vender los pocos y modestísimos bienes que poeen, emprende viaje a Moscú con sus tres hijos, adonde llegará no sin pasar por algunas vicisitudes. La pensiñon de viudedad que recibe no es suficiente para alimentarlos a todos. «Mamá se vio obligada a aalquilar los cuartos restantes y a preparar comidas. Los cuartos son tristes. Los estudiantes que los alquilan son pobres. Socialistas. Todavía me acuerdo de uno de ellos, el primer bolchevique que conocí.» Para aumentar los ingresos familiares, Vladimir se inicia en la pintura decorativa, concretamente huevos de Pascua de madera. Sigue estudiando, a pesar de todo, y sus lecturas paralelas lo consolidan, políticamente, en su elección ética primitiva. «Ninguna obra de arte me apasionó tanto como el Prefacio de Marx y los escritos de Hegel.» Escribe por entonces sus primeros versos pero, un día, considera que eso es incompatible con su dignidad social.



En 1908 se adhiere al Partido socialdemócrata (bolchevique). Poco después es elegido miembro del comité juvenil moscovita. Acusado de redactar octavillas, lo arrestan y encarcelan en el penal de Presnia. Sale en libertad, aunque no lo estará por mucho tiempo. Unos huéspedes de su madre cavan un túnel para propiciar la evasión de unas mujeres detenidas en la prisión de Novinsk, cosa que logran. Vladimir es arrestado por supuesta complicidad con los autores del hecho y pasa once meses en la cárcel de Beutirki (que sin duda tienen relación con el paródico poema de la Cárcel de Reading que escribirá años después). Libre una vez más, Maiakovski se vuelve hacia la literatura y lee con avidez: la poesía de los simbolistas rusos, algunos «clásicos» como Byron, Shakespeare, Tolstoi y Puschkin. «La novedad formal me excitaba -recuerda en su autobiografia-. Pero lo sentía ajeno. Los temas, las imágenes de esos autores no pertenecían a mi vida. Sin embargo, traté de escribir del mismo modo, pero sobre otra cosa. Muy pronto comprobé que del mismo modo, pero sobre otra cosa era algo imposible de hacer.»

A Vladimir le pesa, pura y simplemente, la falta de una base cultural «sólida»; le pesa su falta de «experiencia del arte». «Soy ignorante -confiesa-. Tengo que buscarme una escuela seria. Si me quedo en el Partido, deberé pasar a la ilegalidad.» En aquellos momentos le parecía que en la ilegalidad no podría aprender nada. ¿Qué le hubiera quedado entonces? Escribir octavillas toda la vida, excolocar ideas extraidas de «libros justos» pero cuyo autor no era él mismo. «¿Qué me quedaría si me vaciasen de lo que leí? El método marxista. ¿Pero no había caido esta arma en manos de un chiquillo?» El problema tenía, por supuesto, su trasfondo vital para un espiritu artista como el suyo: «¿Qué puedo ocolocar a la estética de las antiguallas en circulación?» En definitiva está convencido de que la Revolución le exigirá haber pasado por una escuela seria; en consecuencia, da por terminado su trabajo de militante y se pone a estudiar.

Maiakovski no está encandilado por sus dones; no se escatima la autocrítica: como los textos que escribe le parecen pobres comparados con los poemas de los autores que admira, decide intentar la pintura, el dibujo (para lo cual muchos contemporáneos coinciden en que estaba dotado). Tras frecuentar los talleres de un paisajista y un realista, y siempre con la certidumbre de que es imprescindible «dominar el trazo» (cosa que puede también entrelíneas), ingresa en la Escuela Superior de Bellas Artes de Moscú, único establecimiento educativo donde no se exigía al alumno un certificado de «lealtad política». En esas aulas conoce un buen día a David Burliuk, un joven algo mayor que él, atrevidamente vestido, burlón, iconoclasta e inteligente, sino brillante. Congenian pronto. Juntos se aburren escuchando una tarde, por obligación, un concierto de Rachmaninov; juntos vagabundean por las calles y avenidas moscovitas; juntos critican y se mofan de la rigidez académica de la Escuela, «David, con la ira del maestro que ha superado a sus contemporáneos; yo, seguro de que el pathos del socialismo demolerá todas esas antiguallas.» De esta estimulante y osada camaradería nace, en opinión de Maiakovski, el futurismo ruso. ¿Curioso? A primera vista lo es. Pero a sólo a primera vista. La tecnología y sus creaciones, el aerodinamismo y la fascinación burbujeante del proceso rápido, musa del futurismo italiano, por un lado, y la insurrección reivindicatoria bolchevique, tenían un origen común: la certidumbre de que el progreso sacaría a la masa humana de su alienación animal y al individuo civilizado de su anacrónica torre de marfil. Claro está que Marinetti y otros vanguardistas no hacían mucho hincapié en la condición social del hombre ultrajada por las variadas formas del despotismo; pero se alzaban contra el pasado, en bloque: el continente de la opresión; su rebeldía positiva entroncaba insidiosamente con ciertas energías optimistas del naciente siglo XX. La nueva belleza de las formas nuevas entrañaba una modificación de sus contenidos sociales. El optimismo y el arrojo. El manifiesto para los unos, la cárcel para los otros. Pero ambos estaban luchando por la supervivencia de su juventud en marcha, de sus ideales rápidos, genuinos y filosos. El dios interior es el impulso, ese movimiento hacia afuera que, como el pelñicano, se alimenta de sus entrañas. En fin, de esa camaradería nace también la celebridad prematura de maiakovski. En efecto, un día, tras haberle leído a Burliuk un poema de reciente data, Vladimir le oye exclamar: «¿Eres tú quien ha escrito esto? ¡Pero eres un poeta genial!» Al día siguiente, Burliuk presentaba a Maiakovski a uno de sus conocidos de esta manera: «¿No lo conoce usted? es mi genial amigo, el célebre poeta Maiakovski». Y después, una vez a solas con él, le dice con la delicadeza soberbia de su exigencia: «Ahora, tienes que colocarte a escribir. O me pondrás en una situación absurda». Así pues, Burliuk resulta un visionario, un futurista en el sentido menos comprometido del término. Pero Burliuk no se limitó a tamaña desmesura; leía a los poetas franceses y alemanes de su elección, le hablaba sin cesar con la voz inolvidable y aguijoneante del que no necesita pararse a pensar en lo que desea. Y, por si fuera poco, le daba 50 kopeks cada día, para que pudiese escribir sin morirse de hambre... Poco más tarde publican juntos un manifiesto en el que exponen sus planteamientos futuristas «sui generis», La bofetada que quiere el público.

Vladimir Maiakovski pasa a ser pues un personaje en el ambiente literario juvenil moscovita; no tanto por lo que escribe, todavía poco seguro de su expresión, como por sus modales y declaraciones, producto de la influencia de su amigo pero también de su genio personal. Su ancha camisa amarilla, su desparpajo y su fluidez verbal producen un impacto que hará historia, y dará paso a los calumniadores de siempre. Pero Vladimir se ha tomado en serio a si mismo. Aquellos años -escribirá- estuvieron dedicados a trabajar la forma, a dominar el lenguaje.



A principios de 1914, Vladimir se siente literariamente seguro, capaz de «dominar un tema», tema que, claro está, debe ser revolucionario. La consigna puede ser una fuente de inspiración. De aquél período ha quedado su poema La nube en pantalones.



En 1915, es enrolado en el ejército soviético, pero se las arregla para no ir al frente. Conoce a Ossik y Lili Brik, una pareja que tendrá un papel protagonista en su vida. Ossik, bnuen amigo y mecenas, le compra los poemas que escribe y publica La flauta de las vértebras y La guerra y el universo, textos que Maiakovski escribiera entre 1915 y 1916. Lili se convertirá en su amante.



Estamos en 1917. La revolución toma el poder. El partido bolchevique se afianza. Como tantos otros intelectuales y artistas, Vladimir exalta y anima los nuevos viejos valores de la cruzada humana. Cree poder consolidar, ahora a la luz del día, una estética revolucionaria. En esa época empieza sus giras de conferenciante y recitador, ininterrumpidas hasta el fin de su vida. En el podio alterna charlas del estilo Los bolcheviques y el arte con poemas ofensivos como Orden nº 2 al ejército del arte, dirigidos tanto a los literatos todavía aferrados a las tablas de la salvación de la retórica aceptada como a la muchedumbre de anarquistas y semi-místicos tan abundantes en la vieja Rusia, todos ajenos al torbellino polifacético entonces, pero cada vez más embridado, de la revolución social:



¡Acabad de una vez!

¡Olvidad!, haced a un lado

rimas y romanzas, roseledas

y tantas otras merdancolías

.......................................

Hoy necesitamos maestros,

no predicadores melenudos...

Camaradas, haced un arte

que saque del fuego a la República.



Claro está, ningún verdadero poeta necesita de tales exhortaciones, sencillamente porque son pronunciadas por los labios empeñosos del irrealismo de fondo. Pero también es cierto que un hombre dotado como Maiakovski pueda haber creído vivamente que su arenga ayudaría a conjurar una vez por todas las diversas formas de tradición y de sabotage literarios que años después serían radicalmente substituidas por el monumentalismo estaliniano. Por el momento, la revolución se kerenskisa. Maiakovski no tiene necesidad de preguntarse si debía o no adherirse al partido: lo que está viviendo «es su propia revolución» (cosa que también se sienten los otros futurustas soviéticos). ¿Qué diferencia hay entre la mágica textura de un aeroplano y la imagen granítica de un obrero pisando fuerte y mirando al horizonte? El futurismo y la revolución rusa tienen, ya se ha dicho, un enemigo común: el inmediato pasado. En la capital proliferan todavía los cafés literarios, los salones ddonde Vladimir fascina con su ardiente oratoria e ilustra con imágenes rápidas, leves y optimistas aquellas jornadas que poco a poca entrarán en las sombras de su personalidad. Escribe su primera pieza de teatro, Misterio, representada en una sala céntrica y en muchas fábricas con el éxito suficiente para aumentar su prestigio, sobre todo entre los intelectuales comunistas... pero también le granjea nuevos impugnadores.



En 1920 termina de escribir 150.000.000. Un año después, abriéndose paso «a codazos a través de la burocracia, la envidia, el papeleo y las estupideces», logra llevar a la escena una variante de Misterio, que será representada durante el III Congreso del Komintern.



En 1923 funda, con otros colegas, la revista Lef (Frente Izquierdista del Arte), que dirigirá hasta 1925. su propuesta estética está impregnada de la ética revolucionaria: tratar un tema social con los medios del futurismo. Una de las consignas del grupo que se nuclea en torno a Lef, una de las «grandes conquistas de esa publicación, es la de desestización de las artes aplicadas, el constructivismo. Su suplemento poético es el poema de agitación económica... La técnica europea, el industrialismo, y las tentativas de juntarlas con la vieja Rusia todavía encenagada, tal ha sido siempre la idea primordial del futurismo-lefovista.» La revista tira pocos ejemplares pero se lee y comenta. El problema mayor parece ser el de su distribución, dada «la simple y burocrática falta de interés por determinadas revistas de parte del gran plácido mecanismo de las Ediciones del Estado».

Maiakovski viaja al exterior. En París vuelve a encontrarse con su antigua amiga, Elsa Triolet -hermana de Lili-, conoce a Luis Aragón, el pintor Robert Delaunay. Lo triste del caso es que la comunicación con varios de los principales vanguardistas europeos debe hacese medianamente un intermediario, ya que Vladimir no habla otro idioma que el suyo. Para una persona tan oral como él, fue una prueba muy dura. Su ira callada al sentirse incapaz de expresarse le confiere, a los ojos de los extranjeros, un aire atractivamente bárbaro. Además no olvidemos, los europeos estaban ávidos de noticias sobre la revolución de octubre, sobre todo de boca de un auténtico soviético. En efecto, escribe en las Izvestias, su aparición causaba sensación, «una sensación matizada por la sorpresa, la admiración y el interés... Uno es de inmediato blanco de la curiosidad y del interés de la gente: he notado cierta tendencia a hacer cola delante de mi persona...» Pero no todos se interesaban de esa manera por el viajero moscovita. Más de un comunista le preguntó por qué no se había afiliado al Partido. En realidad, la pregunta era plausible desde el punto de vista político, ya que, dentro y fuera de su patria, Maiakovski actuaba en nombre de la revolución institucionalizada por el Partido. Es evidente que, a pesar de las declaraciones citadas más arriba, mantenía en reserva una decisión que un «arribista» o un espíritu gregario no hubieran vacilado en tomar desde un principio. Todo lo que se mueve, paree pensar Vladimir, pertenece a la vida; pero lo que se mueve sin soltura, es peligroso. ¿Por qué no estoy en el Partido?, se pregunta por fin. «Los comunistas trabajaban en diversos frentes. En arte y educación eran conciliadores. Me habrían mandado a pescar a Astrakán.» Recuerda quien nunca comprendió que arte y educación no tuviesen que ser la vanguardia de la revolución. Pero tampoco se trataba de echarse atrás porque unos cuantos burócratas y fiscales voluntarios le mirasen con creciente desconfianza.



En el año 1924 Maiakovski comienza un nuevo ciclo de conferencias a través de la URSS, cuyo tema es Lef. Escribe y luego lee en público "Aniversario", dedicado a Puschkin. Termina su "Lenin", que lee en varias reuniones obreras; tema delicado, si lo hay, sobre todo por la facilidad con que podía caerse en la mera narración política. Pero «la reacción de los auditorios obreros me reconfortó y me afirmó en la certidumbre de que ese poema era necesario».

El futurismo imaginista que, aparente o soterrado, estaba en la base del poema maiakovskiano no era fácil de ser transmitido a un público inculto. Ese poema, sin embargo, tenía la peculiaridad, en boca de su autor, de presentarse eficazmente a su oralidad. Y oral era el conocimiento que esos auditorios tenían de la cultura autóctona, tradiciones y leyendas; en una palabra, un público familiarizado con la audición. «La tribuna y el estrado serán continuados, desarrollados por la radio. La radio es el camino (uno de los caminos) de la palabra, de la consigna, de la poesía. La poesía ha dejado de ser solamente eso que se ve con los ojos. La revolución ha dado la palabra que se oye, una poesía que se oye... Con todo, la dificultad de «comunicación» habría persistido de no ser que en los textos la expresión directa de estados de ánimo e ideales alternan sabiamente con imagenes más creadas. No es nada curioso, puesto que Maiakovski ejercía su inspiración también en el periodismo, en la octavilla. «En mi trabajo me encauzo intencionadamente en el periodismo. El articulo, la consigna. Los poetas aúllan, pero no saben hacerlo y la mayor parte de ellos colaboran en publicaciones irresponsables. A mi, sus elucubraciones líricas me dan risa, ¡es tan fácil y tan poco interesante para cualquiera que no sea tu esposa!» La poesía debía ser como el viento: oírla y sentirla; un acto verbal público, claro, rico -¡en la medida de lo posible!- que diese ese placer justo que merecían sus fuentes de inspiración: la revolución, el pueblo en marcha, los trovadores y los ministriles. Voy de ciudad en ciudad y digo mis versos.» Y esas ciudades no son pocas ni siempre soviéticas: Novotcherkas, Karkov, París, Rostov, Tifflis, Berlín, Kazán, Tula, Praga, Leningrado, Yalta, Eupatoria... Maiakovski tiene un público que cada vez se parece más al que quiere. Un nuevo viaje, en el que pensaba dar la vuelta al mundo, le lleva a los Estados Unidos, en el enemigo fascinante. Naturalmente, le reciben con euforia y con espanto. «Tengo la impresión de que, embrujadas por mi acento, arrebatadas por mi ingenio, conquistadas por la profundidad de mi pensamiento, las mujeres, con sus piernas kilométricas se quedan pasmadas, mientras que los hombres enflaquecen a ojos vista y se ponen pesimistas ya que les resulta imposible rivalizar conmigo». De este viaje data, entre otros textos su "Puente de Brooklin" donde, bastante sumariamente, se admira y se conduele del país de los rascacielos.



Lef, que había dejado de ser publicada en 1925, reaparece dos años más tarde con el nombre de Nuevo Lef. Su posición es considerada fundamental por Maiakovski: contra la ficción, contra el esteticismo y la psicología del tres al cuarto; a favor de la obra de agitación, del periodismo de calidad, de la crónica. Mi trabajo principal está en el Komsomolskaia Pravda (diario del Komsomol (Juventudes Comunistas), en él colaboró hasta su muerte); hago horas suplementarias para escribir ¡Qué bien! Vladimir está convencido de que este poema es un manifiesto. Su método de composición: limitación de los procedimientos poéticos abstractos (hipérboles, imágenes en viñetas válidas de por sí) e invención aplicada a un material de crónica y agitación. Otro elemento: la ironía patética para describir detalles que en sí mismos son insignificantes, pero que representan un paso en la buena dirección... Casi a continuación de ¡Qué bien! (entre varios guiones cinematográficos y libros para niños), Maiakovski escribe otro poema cuyo título no es ni más ni menos que la contrapartida del anterior: ¡Nada bien! Además, prepara un nueva pieza de teatro y su biografía literaria. Como siempre a lo largo de su corta vida, la canalla oficial y semioficial le salen al paso: «Su biografía no es muy seria que digamos» amenazan. Vladimir tiene una respuesta coherente con su vida pública: «Todavía no me academicé, y no tengo por costumbre tratarme con damasiado respeto. Por lo demás, lo que hago me interesa cuando encuentro en ello un poco de alegría.»



Por eso, quizá, para no verse obligado a trabajar sin ganas, dos años después, exactamente el 14 de abril de 1930, Vladimir Maiakovski se dispara una bala en el corazón. Su extraordinaria fibra vital, cuenta Elsa Triolet, le impedía estar en un movimiento entre comillas cuando éste tendía a estancarse o a degradarse; así por ejemplo, el antiguo constructivista, hoy poeta proletario, critica duramente a los constructivistas de 1930. Sobre todo, lo que más le enervaba era ver cómo por distintos caminos, los reaccionarios, los unos adoradores de la técnica, los otros de la burocracia literaria y política, intentaban a toda costa separar su poesía de la revolución, su voz tonante del pueblo. El suyo era un idealismo encarnado.



Antes de suicidarse escribió:



¡A todos!

No se culpe a nadie de mi muerte y, por favor,

nada de chismes. Lili ámame.

Camarada gobierno, mi familia es: Lili Brik, mi madre, mis hermanas y Verónica Vitaldovna Polonskaya.

Si se ocupan de asegurarles una existencia decente, gracias.

Por favor den los poemas inconclusos a los Brik,

ellos los entenderán.

Como quien dice

la historia ha terminado.

El barco del amor

se ha estrellado

contra la vida cotidiana

Y estamos a mano

tú y yo

Entonces ¿para qué

reprocharnos mutuamente

por dolores y daños y golpes recibidos?





Obra



Su obra poética, aunque vinculada a la Revolución Rusa, supera con creces el estigma de la poética revolucionaria que, algunos críticos, le asignaron por esta relación emotiva y por la búsqueda de una nueva forma de poetizar, henchida de impresiones y emociones sensuales.



En su obra teatral La chinche (1929), ridiculizó la falsedad de la burguesía de su época, sin embargo su Hablando a gritos (1930), la gran obra épica que dejó sin concluir, se califica como su legado idealista.



Al final de su vida se desengañó de la vida soviética, los pequeños burgueses soviéticos no le comprendieron y le acosaban con crítica acerada.



Maiakovski se suicidó de un disparo en el corazón el 14 de abril de 1930 sin que se hayan podido dilucidar, con claridad, las causas de esa determinación; probablemente intervinieron factores emocionales, así como algunas críticas severas por su expresivo «individualismo».



En 1918, Maiakovski escribió el guión de la película "Закованная фильмой" (Atrapada por la Película) e interpretó el papel del gamberro en la película Bárishnia i juligán (Una señorita y un gamberro).



Las obras más destacadas



* Yo mismo, colección de versos, 1913 (Я!)

* ¡Vea Ud.!, 1913 (Нате!)

* Vladímir Maiakovski, 1914 (Владимир Маяковский)

* La Nube en Pantalones, 1915 (Облако в штанах)

* La Flauta Vertebral, 1915 (Флейта-позвоночник)

* Guerra y paz, 1917 (Война и мир)

* Hombre, 1918 (Человек)

* Misterio bufo, 1918 (Мистерия-буфф)

* 150 000 000, 1920

* Amo, 1922 (Люблю)

* Acerca de Esto, 1922 (Про это)

* Vladímir Ilich Lenin, 1924 (Владимир Ильич Ленин)

* ¡Bien!", 1927 (Хорошо!)

* La chinche, 1928 (Клоп)

* El baño, 1929 (Баня)

* Hablando a gritos, 1930 (Во весь голос)



Obras traducidas



* Misterio bufo, Cuadernos para el Diálogo, 1971

* Yo mismo, Alberto Corazón, 1971

* El baño: Drama en tres actos, con circo y fuegos artificiales, Escelicer, 1972

* La rebelión de los objetos, Fundamentos, 1972

* Poemas 1913–1916, Alberto Corazón, 1972

* Poemas 1917–1930, Alberto Corazón, 1973

* La chinche; El baño, Edaf, 1974

* Poesía y revolución, Península, 1974

* Hoja tras hoja, un elefante o una leona, Progreso, Moscú, 1978

* Vladímir Ilich Lenin, Akal, 1978

* Poesía, Akal

* Poemas (1912–1920), Laya, 1984

* La nube en pantalones, Mondadori, 1999

* ¿Qué está bien y qué está mal?, Hiperión, 1999

* Poemas, Ediciones 29, 2002

* España; Dos monjas, Editorial Límite, 2004

* Mi descubrimiento de América: 1925: en 12 poemas, Euskoprint, 2005

* Yo mismo. Cómo hacer versos, Traducción Agustín García Tirado y Eulalia Soldevilla, Editorial Alberto Corazón

* Conversaciones con el inspector fiscal y otros poemas, Ediciones 29, Barcelona, 1997





Poemas



EL POETA ES UN OBRERO



Se le ladra al poeta:

«¡Quisiera verte con un torno!

¿Qué, versos?

¿Esas pamplinas?

¡Y cuando llaman al trabajo, te haces el sordo!»

Sin embargo

es posible que nadie

ponga tanto ahínco en la tarea

como nosotros.

Yo mismo soy una fabrica.

Y si bien me faltan chimeneas,

esto quiere decir

que más coraje me cuesta serlo.

Sé muy bien

que no gustáis de frases vacías.

Cuando aserráis la madera, es para hacer leños.

Pero nosotros

qué somos sino ebanistas

que trabajan el leño de la cabeza humana.

Por supuesto

que pescar es cosa respetable.

Echar las redes.

¿Quién sabe? ¡Tal vez un esturión!

Pero el trabajo del poeta es más beneficioso:

la pesca de hombres vivos, esto es lo mejor.

Enorme, ardiente es el trabajo en los altos hornos,

donde se forma el hierro chisporroteante.

¿Pero quién

se atrevería a llamarnos holgazanes?

Nosotros bruñimos las mentes con áspera lengua.

¿Quién es más aquí?

¿El poeta o el técnico

que procura a los hombres

tantas ventajas prácticas?

Los dos.

Los corazones son también motores.

El alma es también fuerza motriz.

Somos iguales.

Camaradas de la clase trabajadora.

Proletarios del cuerpo y del espíritu.

Solamente unidos

solamente juntos podremos engalanar el universo,

acelerar el ritmo de su marcha.

ante una oleada de palabras, levantemos un dique.

¡Manos a la obra!

¡Al trabajo, nuevo y vivo!

Y a los que discursean

que se les mande al molino.

¡Para que el agua de sus discursos haga girar sus aspas!




CONVERSACIÓN CON EL INSPECTOR FISCAL SOBRE POESÍA



Ciudadano inspector,

perdone la molestia.

Gracias,

no se preocupe,

me quedaré de pie.

Quiero tratar

un asunto bastante delicado:

qué sitio ha de ocupar

el poeta

en las filas obreras.

Igual que los que tienen

tiendas y terrenos

también yo debo pagar

impuestos.

Usted me pide

quinientos al semestre

más veinticinco

por no declarar a tiempo.

Mi trabajo

es igual

a cualquier otro.

Mire

cuántas pérdidas,

cuántos gastos

invierto en materiales.

Usted sabe

naturalmente

eso que llaman rima.

Si la primera línea

termina en "ajo"

entonces, la tercera,

repitiendo las sílabas

debe colocar

algo así

como "cascajo".

Si utilizo su lenguaje

la rima es un cheque,

hay que cobrarlo alternando los versos

y buscas

con detalle sufijos y prefijos

en el cofre vacío

de las declinaciones,

de las conjugaciones.

Coges una palabra

y quieres meterla en la estrofa

pero si no entra

y aprietas,

se rompe.

Ciudadano inspector:

le juro

que el poeta paga caras

las palabras.

Hablando mi lenguaje

la rima es un barril

de dinamita,

y la estrofa es la mecha.

La estrofa se consume,

y estalla la rima,

y por el aire y la ciudad

la estrofa

vuela.

¿Dónde hallar,

y a qué precio,

rimas que estallen

y de golpe maten?

Quizá sólo sean

cinco las rimas

increíbles

y sin estrenar, perdidas

más allá

de Venezuela.

Me voy a buscarlas,

haga frío, haga calor,

atado por anticipos, préstamos y deudas.

Ciudadano,

tenga en cuenta

el pago de los viajes.

La poesía

toda

es un viaje a lo desconocido.

La poesía

es como la extracción del radio

-Un año de trabajo

para sacar un gramo.

Sacar una sola palabra

entre miles de toneladas

de materia prima verbal.

Pero ¡qué ardiente

el calor de estas palabras

comparado

con la humeante

palabra bruta!

Esas palabras

mueven

millares de años,

millares de corazones.

Claro

que hay poetas

de distinta calidad.

Muchos

de hábil mano,

como prestidigitador,

sueltan estrofas de la boca,

suyas y de otros.

Y para qué hablar

de los castrados líricos.

Meten un verso ajeno

y están felices.

Eso es

robo y despilfarro

uno más entre los que azotan el país.

Esos

versos y odas

aplaudidos

hasta la saciedad

entrarán en la historia

como gastos accesorios

de lo hecho

por dos o tres buenos versos

de nosotros.

Muchos kilos de sal

habrás de comer

como suele decirse,

y fumar cien cigarrillos

hasta

sacar

la palabra preciosa

de las honduras artesianas

de la humanidad.

Rebaje por eso

los impuestos,

quítele

una rueda

a los ceros.

Uno noventa

cuestan cien cigarrillos.

Uno sesenta

la arroba de sal.

Demasiadas preguntas

su formulario tiene:

Ha viajado

o no ha viajado?

Y si le respondo

que en estos quince años

he reventado

decenas de Pegasos,

¿qué?

Póngase usted

en mi sitio,

piense en el servicio

y propiedades.

¿Qué ha de contestarme

si le digo que soy

caudillo popular

y al mismo tiempo

trabajo a su servicio?

La clase obrera

vibra en nuestras palabras,

somos proletarios

motores de la pluma.

La máquina

del alma

se gasta con los años.

Dicen entonces:

estás gastado,

fuera.

Cada vez amas menos,

te arriesgas menos

y mi frente

desgastada

por el tiempo no arremete.

Entonces llega

el desgaste mayor,

el desgaste

del alma, del corazón.

Y cuando

este sol,

grande y redondo

se alce

en el futuro

sin lisiados ni tullidos,

ya me habré

podrido,

muerto en una cuneta

junto

a decenas

de mis colegas.

Hago

mi balance final. Afirmo,

y no miento:

entre los vividores

y actuales fulleros

seré

el único

con deudas impagables.

Nuestra deuda

es aullar

como sirenas de bronce,

entre la niebla filistea

y el fragor de la tormenta.

El poeta

siempre adeuda al universo,

paga con su dolor

las multas,

los impuestos.

Adeudo

las calles de Broadway,

los cielos de Bagdad,

el ejército rojo,

los jardines de cerezos del Japón,

todo aquello

sobre lo que aún

no pude cantar.

Al fin y al cabo

¿para qué

tanto jaleo?

¿Para disparar rimas

y atronar con el ritmo?

La palabra del poeta

es su resurrección,

su inmortalidad,

ciudadano inspector.

Dentro de cien años,

en un pliego de papel

cogerán una estrofa

y resucitarán este tiempo

Y ese día

surgirá

con fulgor de asombros,

y olor a tinta

le envolverá en su vaho,

señor inspector.

Usted, habitante convencido

del día de hoy

saque en el Comisariado de Caminos

un pasaje para la eternidad,

calcule

el efecto de mis versos,

divida

mi salario

en trescientos años.

Mas la fuerza del poeta

no estriba

en que le recuerden a usted en el futuro

y se asusten.

No.

Hoy

la rima del poeta

es caricia también,

consigna,

látigo,

bayoneta.

Ciudadano inspector,

pagaré cinco

quitando los ceros que van detrás.

Por derecho

yo

reclamo un hueco

entre las filas

de los obreros

y campesinos más pobres.

Y si usted piensa

que todo consiste

en saber utilizar

palabras ajenas,

entonces, camaradas,

aquí tienen mi pluma,

y escriban

ustedes

cuanto quieran.





VLADIMIR ILITCH, LENIN (FRAGMENTOS)



Es tiempo-

comienzo

el relato sobre Lenin.

No porque

no haya pena

más grande,

es tiempo

porque

la honda tristeza

sea ya

dolor claro y consciente.

Tiempo,

vuelve a flamear los lemas leninistas.

¿Es justo

derramar

lágrimas y lágrimas?

Lenin sigue siendo

el hombre

más vivo entre los vivos. Es

nuestra sabiduría.

nuestra fuerza

y el arma que blandimos.

Los hombres son como barcas,

aunque sin agua.

Mientras

vivimos

se nos pegan

a los costados

muchos

caramujos sucios.

Y después,

sorteada ya

la tempestad furiosa,

te sientas

bajo el rayo del sol

y te quitas

la barba verde

de las algas

y la barba lila

de las anémonas.

Yo también

me limpio

para semejarme a Lenin

y seguir remando

por la revolución.

----------------------------------------------

De noche

dormimos.

De día

hacemos las cosas.

Nos gusta lo ilusorio.

Cuando alguien es capaz

de colocar las cosas

en su lugar,

le llamamos

«profeta»,

lo llamamos

«genio».

No tenemos

grandes ambiciones,

si no nos llaman

no acudimos.

Agradar

a nuestra esposa

ya es bastante.

Pero cuando

alguien diferente

avanza

con su cuerpo y su alma

juntos,

murmuramos

«majestuosa figura»,

nos admiramos

«don divino».

Eso es lo que dice

la gente

ni demasiado ingeniosa

ni demasiado imbécil.

Las palabras aparecerán

y desaparecerán como el humo.

De esas cabezas huecas

no sacarás nada más...

Pero ¿cómo medir a Lenin

con la misma vara?

Lo vio todo

y todo el que quiso

ese «tiempo»

no tuvo que agacharse

para pasar

bajo el dintel.

----------------------------------------------

Ayer,

a las seis y cincuenta

murió el camarada Lenin.

Este año

ha visto

lo que no verán muchos otros.

Este día

entrará

en la leyenda triste de los siglos.

El horror

hizo brotar un estertor

de acero.

Una ola de sollozos

pasó sobre los bolcheviques.

¡Terrible peso!

Nos arrastrábamos

como una masa extraviada.

Saber-

¿cómo y cuándo?

¡Saberlo todo!

En las calles,

en las callejuelas

boga

como una carroza fúnebre

el Gran Teatro.

La alegría

es un caracol que repta.

La desgracia

es un corcel indómito.

Ni sol

ni brillo de espejo,

todo

tamizado por los diarios,

salpicado

con negra nieve.

La noticia asalta

al obrero

delante de la máquina.

Una bala en el alma.

Y es como si

se derramasen lágrimas

sobre cada instrumento de trabajo.

Y el mujik

que ha pasado por todas

y que,

más de una vez,

miró la muerte a los ojos,

se aparta de las mujeres,

pero se traiciona

por los regueros negros

que enjuaga con el puño.

Aun los hombres más duros

-de silex-

se mordían el labio

hasta sacarse sangre.

Los niños

quedaron serios como viejos,

y los viejos

lloraban como niños.

Por toda la tierra

el viento

llevaba el insomnio

sin pensar, soplando y volviendo a soplar,

que allá

en el hielo

de un pequeño cuarto de Moscú,

estaba el ataúd

del padre y del hijo

de la revolución.

El fin,

el fin,

el fin.

¡Qué difícil

creerlo!

Un vidrio-

y vemos lo que está abajo...

Es a él

a quien traen de la estación Paveletzki

y llevan por la ciudad

que arrebató a los amos.

La calle

parece una herida abierta...

Aquí

cada piedra

pisada

por los primeros ataques

de octubre,

conoce a Lenin.

Aquí

todo

lo que cada bandera

ha embellecido,

fue comenzado

y ordenado por él.

Aquí

cada torre

ha oído a Lenin

y lo habría seguido

a través del fuego y del humo.

Aquí

cada obrero

sabe quién es Lenin-

exponed los corazones

como ramas de abetos.

Nos llevaba al combate,

anunciaba las conquistas,

y así

el proletario

es dueño de todo.

Aquí

cada campesino

ha inscrito

en su corazón

el nombre de Lenin

con más ternura que en las calendas de los santos.

Ordenó

devolverles

las tierras

con que sueñan

los abuelos muertos bajo el knut.

Y los comuneros

-los de la Plaza Roja-

parecían

murmurar:

«¡Tú, a quien tanto queremos!

Vive

pues tal es

el más bello destino al que aspiramos-

cien veces

nos lanzaremos al ataque

dispuestos a morir!»

Si apareciese ahora

un hacedor de milagros,

y nos dijese:

«Para que él se levante

debéis morir vosotros!»-

La esclusa de las calles

se abriría

y los hombres

se arrojarían

a la muerte

cantando.

Pero no hay milagros;

inútil es soñar.

Está Lenin,

el ataúd,

las espaldas encorvadas.

Fue un hombre

humano hasta el fin.

Ahora,

soporta

el suplicio

del dolor de los hombres.

Nunca hubo

flete más valioso

llevado

por nuestros

océanos

que

ese ataúd rojo

bogando

hacia la Casa de las Uniones,

sobre la espalda

de sollozos y peldaños.

Mientras

hombres

del temple de Lenin

montaban guardia

de honor,

la muchedumbre

esperaba desde hacía un rato

apiñada

a lo largo

y Dimitrovka.

En en alo diecisiete,

el mismo

con su hija en la cola

para el pan-

¡mañana comeremos!

Pero en esta

glacial

y terrible cola,

todos se alineaban

niños y enfermos.

Las villas

se alineaban

al lado de las ciudades.

El dolor tintineaba,

infantil o viril.

La tierra de trabajo

desfilaba,

vivo

balance

de la vida de Lenin.

El amarillo sol

bizqueando dulcemente,

se levanta

y lanza

los rayos a sus pies.

Como

acosados,

llorando la esperanza,

doblados de dolor

desfilan los chinos.

Las noches

venían

a lomo

de los días,

confundiendo las horas,

mezclando las fechas.

Como si

no hubiese

noches ni estrellas arriba.

sino

negros de los Estados Unidos

llorando a Lenin.

Un frío

antes nunca sentido

escocía las suelas,

pero cada cual

permanecía en esa

multitud apretada.

Ni siquiera

se atreven

a frotarse las manos

para calentarse un poco,

no es conveniente.

El frío

atrapa

y arrastra

como si

quisiera colocar a prueba

el temple del amor.

Penetra a la fuerza

en la muchedumbre.

Presa de agitación

la muchedumbre

pasa por detrás de las columnas.

Los escalones crecen,

se vuelven arrecifes.

De pronto

no se oye

ni canto ni respiración,

y nadie se atreve a dar un paso más-

bajo el pie, hay un abismo,-

es el borde filoso

de un abismo de cuatro escalones.

Cortando

la esclavitud de cien generaciones,

tiempo en que el oro

tenía toda la razón.

El borde

del abismo-

el ataúd de Lenin,

y más allá,

en todo el horizonte,

la columna.

¿Qué veremos?

Nada más que su frente,

y a Nadejka Konstanstinovna,

detrás,

de una bruma...

Quizá

ojos que no llorasen

verían algo más.

Pero no eran

ojos como esos

los que yo veía.

La seda de las banderas flameantes

se inclina,

para rendir

los últimos honores:

«Adiós, camarada,

has terminado

tu honrado y valiente camino.»

Horror.

Cierra los ojos,

no mires,

como si andases

sobre una cuerda de seda.

Como si

por un instante

estuvieses

a solas

con una inmensa

y única verdad.

Soy feliz.

El agua sonora de la marcha

lleva

su cuerpo sin peso.



que en adelante

y para siempre,

ese momento

vivirá

en mí.

Feliz

de ser

una partícula de esta fuerza

que tiene en común

hasta las lágrimas de los ojos.

Imposible

que la comunión

en el inmenso sentimiento

llamado

clase,

sea

más fuerte,

más pura.

----------------------------------------------

Y la muerte

de Ilitch

fue

un gran

aglutinador del comunismo.

Por encima de los troncos

de un enorme bosque,

millones

de manos

sosteniendo su asta

-la Plaza Roja-

la bandera roja

se eleva,

arrancándose

con una terrible sacudida.

De esa bandera,

de cada uno de sus pliegues,

nos llegam

vivo de nuevo,

el llamamiento de Lenin:

-¡En fila,

proletarios,

para el último cuerpo a cuerpo!

¡Esclavos

enderezad

vuestras rodillas hincadas!

¡Ejército de proletarios,

adelante y en orden!

¡Viva la revolución

alegre y rápida!

Esta

es la única

gran guerra

de todas

la que la historia ha conocido.





YO Y NAPOLEÓN



Vivo en la Gran Presnaia

n.º 36/24

Un lugar muy tranquilo.

Muy tranquilo.

¿Entonces?

¿Acaso es asunto mío

que alguien

en alguna parte

de este tempestuoso mundo

haya provocado una guerra?



Ha caído la noche.

Buena. Insidiosa.

¿Por qué esas chicas

se estremecen así, moviendo

ojos tan inmensos como focos?

La muchedumbre callejera

humedece sus labios calientes

en el agua del cielo,

y la ciudad, agitando sus esposas enbanderadasm

implora y vuelve a implorar a la cruz roja.

Una iglesia despeinada se pega

a la cabecera de la avenida

-hatillo lleno de lágrimas-

mientras que los parterres de la avenida

pierden sangre, como un corazón desmenuzado

por los dedos de las balas.

La angustia aumenta, aumenta,

devora la razón endurecida.

Ya los invernaderos de Noev

palidecen por un gas letal.

¡Decid a Moscú

que se retenga!

¡Decidle

que no tiemble!

Un segundo más

e iré al encuentro

del rey de los cielos-

¡Si quiero, os mato al sol!

¡Mirad!

Lava sus banderas en el cielo.

¡Allí está!

Gordo y pelirrojo.

Hace sonar el pavimento

con sus cascos rojos,

avanza sobre el cadáver de los techos.

¡A ti!

que gritas:

«Te destruiré,

te destruiré»;

a ti, que divides la noche en las cornisas sangrientas.

te lanzo un desafío-

yo,

un alma sin miedo.



¡Avanzad, avanzad

hombres estragados por el insomnio,

hombres con la cabeza en llamas!

¡Qué importa!

He aquí nuestro último sol-

el sol de Austerlitz.

Y vosotros, los dementes de Rusia, de Polonia,

avanzad también: hoy

Napoleón soy yo.

Soy el jefe de los ejércitos y aún más.

Comparadnos -a él y a mí-

Él sólo se codeó una vez con la peste

y venció, por atrevido, la muerte;

yo, cada día visito a los apestados

en miles de Jaffa rusos.

Por uina sola vez que sin flaquear

afrontó las balas, será honrado

por los siglos de los siglos;

pero yo, tan solo en julio he cruzado

mil puentes de Arcole.

Mi grito está tallado en el granito del tiempo.

Mi grito retumbará y retumba

porque

dentro de un corazón devastado como Egipto

hay millones de pirámides.

Seguidme, hombres estragados por el insomnio

¡Subid!

Con la cabeza en llamas.

Yo te saludo

último sol de mi vida,

sol de Austerlitz!

¡Hombres!

¡Ya es bastante!

Echaos sobre el sol

¡y adelante!

Desteñidlo.

En la catedral estrangulada de la garganta

sube el estertor de una marcha fúnebre.

¡Hombres!

Cuando canonicéis los nombres

de muertos

más famosos que yo,-

acordáos:

entre los muchos que la guerra mató

está el poeta de la Gran Presnaia.





150.000.000



150.000.000 es el nombre del artífice de este poema.

Su ritmo: la bala.

Su rima: el fuego saltando de un edificio a otro.

150.000.000 hablan por mi boca.

Esta edición fue impresa con la rotativa de los pasos,

en el papel vitela del adoquinado.



¿Hay quién pregunte a la luna?

¿Hay quién pretenda que el sol le rinda cuentas?

¿Quién se atrevería a afirmar: este es el autor

más genial de la tierra?



De igual modo

este poema

no tiene autor.

Su única idea es

brillar en el día naciente.

Ese mismo año,

en ese día y hora,

bajo tierra,

en la tierra

por el cielo

y aún más arriba

aparecieron estos

carteles,

octavillas,

afiches:



«A TODOS¡

¡A TODOS!

¡A TODOS!

¡A todos

los que ya no aguantan más!

¡Salid

y marchad juntos!»



(firmas):

La Venganza -maestro de ceremonias.

El Hambre -administrador.

La Bayoneta.

La Pistola.

La Bomba.

(tres

firmas:

los secretarios)



¡Vamos!

¡Vamos, vamos!

¡Ja, ja,

ja, ja, ja, ja,

ja, ja!

¡Se caen!

¡Eh, Juanón!

¡Mete billetes en la alpargata!

¡No vayas descalzo al mitin!

¡Adiós, Rusia del alma!

¡Se acabó el pobre!

¡Ya encontramos otra Rusia!

¡La internacional!

¡Vamos!

Sentado en sillón de oro

toma té con bizcochos.

Iré a verle,

furioso.

Iré a verle

tísico.

Iré a verle

y le diré:

«Wilson, oye

Woodrow,

¿quieres un cubo de mi sable?

Ya verás...»

Llegaremos hasta el mismísimo

hasta Lloyd George

Y le diremos:

«Oye,

Jorgito...»

-Hasta él no llegas.

Hasta él hay océanos.

Con esos

no puede

el jamelgo ruso

No importa.

Iremos a pata.

Despertaba a la llamada

de los bosques

Fieras y fierecillas segregaban fuerza.

Un lechón gruñía aplastado por un elefante.

Los cachorros formaban hileras de cachorros.

El grito humano es insoportable.

Pero la fiera

se exprimía el alma.

(Os traduciré el bramido de los animales,

si no conocéis la lengua animal):

«¡Escucha, Wilson,

bola de grasa!

Si la culpa es del hombre,

castígalo.

Nosotros

no hemos firmado el pacto de Versalles.

Las fieras, sí,

¿pero por qué debemos pasar hambre?

¡Que sufran ellos nuestro dolor animal!

¡Quién pudiera hartarse una vez más!

¡Vamos a las Indias, rebosantes de hierbas!

¡A las praderas americanas!»

¡Oh! ¡Oh-uh!

Ya no cabemos en la jaula-bloqueo.

¡Adelante, automóviles!

¡Al mitin, motocicletas!

¡Lo pequeño, a la derecha!

¡Ceded el paso a los camiones!

¡Los caminos se pusieron en fila india!

Escuchad loq ue dicen los caminos

¿Qué dicen!

«Nos asfixiamos de tanto viento y polvo,

retorciéndonos en los railes por estepas hambirentas.

Por dóciles kilómetros sin empedrar,

estamos hartos de arrastrarnos tras los presidiarios.

Queremos saturarnos de asfalto,

ceder bajo el peso del expreso.

¡levantáos!

¡Basta de dormir

carreteras mecidas por el polvo!

¡Vamoooos!»

¡Vamos a las minas!

¡A por pan!

¡A por el moreno!

Sembrado para nosotros.

Sin leña

sólo los tontos pueden andar.

¡Al mitin, locomotoras!

¡Locomotoras, al mitin!

¡Rápiiiido!

¡Rápidorápido!

¡Eh,

regiones,

levad anclas!

Tras Tula, Astrakán,

una mole tras otra,

inmóviles

desde Adán,

arrancaron

y avanzan

sobre otras, con ruido de ciudades.

Llevando por delante la oscuridad rezagada,

tropezando con las frentes de los faroles,

iban al mitin legiones de luz,

con las zancadas de postes eléctricos.

Y por encima

conciliando el agua y el fuego,

pudriñendose de ahogados, fluían los mares.

«¡Paso a las olas del Caspio!»

¡No volveremos a Rusia!

No en el flaco Bakú.

en las playas de la jubilosa Niza

brincaremos con la ola mediterránea.»

Y, por fin,

tras el trueno

de correr y trotar,

respirando a pleno pulmón,

en borbotones de nubes salieron por los agujeros

los aires ya tormentosos de Rusia.

¡Vamo-o-o-s!

¡Vamosvamos!

¡Y todos

los ciento cincuenta millones de gentes,

billones de peces,

trillones de insectos

animales salvajes,

animales domésticos,

centenares de regiones,

con todo lo que hay construido,

lo que vive en ellas,

todo lo movible,

inamovible,

lo que apenas se movía,

reptando,

arrastrándose,

nadando.

Marcho en avalancha

¡en avalancha!

Y retumbaba el sitio

donde estuvo Rusia.

Lo importante

no es comerciar con sacarina,

¡El corazón quiere ser campana que doble!

Hoy

al paraíso

lanzaremos a Rusia

más allá de los irisados pozos del crepúsculo.

¡Ja, ja,

ja, ja, ja, ja,

ja, ja!

¡Vamosvamos!

¡A través de la guardia blanca de las nieves!

¿Por qué las regiones sacan sus carnosidades

de los límites que por siglos les fijaron las autoridades?

¿Por qué aguzan el oído de los cielos?

¿A quién atalaya el horizonte?



Por eso

hoy

ls ojos del mundo entero

están puestos en nosotros

y todos los oídos alertas

captan el más mínimo

sonido nuestro

Para ver esto

Para escuchar estas palabras:

esto es la voluntad de la revolución,

lanzada mñas allá de sus últimos límites

esto

es un mitin

armazones de máquinas,

gentes, y cuerpos de animales,

esto

son manos

patas

pinzas

bielas

levantadas

aun donde el aire enrarecio

prometiendo una misma cosa al unísono.

Olvidad

a los poetas

que lanzan aullidos celestiales,

olvidadlos,

escuchad esta canción:

«Vinimos a través de ciudades,

nos abrimos paso en la tundra

pisamos fango y charcos.

Vinimos millones

millones de obreros,

millones de trabajadores y empleados.

Vinimos de las casas,

escapamos de los almacenes,

de las callejuelas alumbradas

por los incendios.

Venimos millones,

millones de objetos,

destrozados,

rotos,

arruinados.

Bajamos de las montañas

reptamos por bosques

y campos de cebada agostados por los años.

Vinimos, millones,

millones de ganado,

cerriles,

embrutecidos,

hambrientos.

Vinimos

millones

de impíos,

paganos

y ateos

con la frente,

el hierro oxidado,

el campo

Recemos todos

a Dios, con fervosr.

¡Aparece,

no de un mullido tálamo estelar,

Dios de hierro,

Dios de fiego

Dios, ni Marte,

ni Neptuno, ni Vegas,

Dios de la carne,

¡Dios-Hombre!

Baja de las estrellas que brillan en las arenas,

liberado de las alturas,

terrestre,

¡sal,

aparece

entre nosotros!

No el que

«estás en los cielos».

Hoy

a la vista de todos

obraremos milagros,

nuestros propios milagros.

Nos encabritamos

si en tu nombre

hay que batallar

en medio del humo

en el fragor del turno.

Nuestras hazañas

serán más difíciles que las del Creador

que llenaba

de cosas el vacío.

No sólo tenemos que construir

con imaginación nueva,

sino también dinamitar lo viejo.

¡Sed, danos de beber!

¡Hambre, aliméntanos!

Ya es hora

de llevar

el cuerpo al combate.

¡Más tupida

sea la descarga

contra los cobardes!

¡Contra el montón,

fuego de metralla!



¡Que todo venga

del mismísimo fondo del alma!

¡A fuego,

a llama,

a hierro,

a luz,

abrasa,

quema,

corta,

destruye!



Nuestras piernas

son abanicos que aventan la polvareda.

Nuestras aletas son naves

Nuestras alas son aeroplanos.

¡Caminar!

¡Volar!

¡Cruzar!

¡Rodar!

haciendo inventario del mundo entero.

Si esa cosa es útil,

bien,

sirve.

Si es inútil,

¡al diablo!

Una cruz negra.

¡Acabaremos contigo,

mundo romántico!

Basta de fe

en el alma,

¡electricidad,

vapor!

¡Basta de mendigos!

¡Embolsad las riquezas de todos los mundos!

¡Matad cuanto es viejo!

¡De los cráneos haced ceniceros!

Arrasadas

las antiguallas,

un mito nuevo

se impondrá en el mundo.

Romperemos con el pie

la barrera del tiempo

Miles de arcoiris

colorearán el cielo.



En un mundo nuevo se abrirán

las rosas y los sueños ensuciados por las rimas.

Todo estará hecho

para el placer

de los niños grandes que somos.

Inventaremos

rosas nuevas,

rosas de capitales con pétalos de plazas.

Vosotros,

los marcados con el estigma del suplicio,

ved al verdugo de hoy.

Y sabréis

que los hombres

pueden ser cariñosos,

con el amor

que la estrella trepa por un rayo.

Nuestra alma

será

confluencia de los Volga de amor.

Todo el que las aguas traigan

-tú o cualquier otro-

será bañado por una mirada luminosa.

Por las arterias más finas

boaremos

las naves faéricas de los hallazgos poéticos.

Y tal como lo escribimos

el mundo será

el miércoles

y ayer

y hoy

y mañana

y siempre,

por los siglos de los siglos.

Por el verano secular,

lucha,

canta:

«En la batalla final»

¡Coreemos un himno común!

¡Más de un millón!

¡Multipliquémonos por cien!

¡Vamos, por las calles!

¡A los tejados!

¡Tras los soles!

¡En los mundos!

¡Gimnastas de la palabra!

Y Rusia

ya no es un pordiosero

no es un montón de escombros,

no es ceniza de casas

Rusia

Rusia entera

es un solo Iván

sus brazos

son

el Neva

y sus pies las estepas del Caspio.



El siguiente fragmento narra el cuerpo a cuerpo que sostienen Iván, en harapos tras atravesar océanos y montañas, y W. Wilson, en Chicago.



Atrincherado en su palacio,

Wilson resiste,

acciona unos resortes dorados,

y de inmediato se alarga

la cadena de formaciones inhumanas.

Más terrible que tanques,

que aguerridos regimientos,

el hambre

se levanta, sin vientre,

con cien bocas,

con millones de mandíbulas,

y sale de un salto.

Muerde una ciudad -se rompe como una nuez.

Atrapa una villa -y sus huesos crujen.

A los hombres,

a los animales,

se los traga a puñados.

Precediéndola,

aguzado el oído,

abre la marcha la ruina.

La fábrica respira.

la ruina la oye.

La ruina oye. La fábrica respira.

la ruina estrecha,

la fábrica se desmorona.

Ataca, blandiendo un trozo de vía férrea.

Todo se convierte en polvo,

declina,

se hunde.

¡Prepárate!

¡Al ataque!

¡Trabaja!

¡Suda!

La garganta del hambre,

el morro de la ruina,

¡Las estrangularemos

con el nudo corredizo de las vías férreas!

Y cuando el país iba a quedar sin aliento

-cortado por el hambre-

entonces,

blandiendo el ariete hidráulico de los trenes,

el transporte se puso en marcha.

Las locomotoras, con su blanca barba al viento,

combaten,

el hambre cede,

y los trenes cargados de trigo,

empezaron a pasar por encima de su cuerpo

comiéndose los restos.



Estremecido de rabia,

Woodrow

ordena:

«Aniquiladlo enseguida»

y envía enjambres de guerreros jóvenes...

Y todos avanzan protegidos por el fango,

espiroqueta sobre espiroqueta,

vibrión sobre vibrión.

El veneno de los microbis,

las patas de los piojos,

ensucian la sangre,

hacen cosquillas a los cuerpos.

De una copa inédita

surgen las enfermedades,

de pronto,

el hombre

adormecido

se llena de manchas

se hincha, y estalla

como un hongo.

Entonces se ponen en marcha

precedidos por cierta

farmacia arcoiris,

poniendo en las troneras botellas de fenol,

lazaretosm

clínicas,

hospitales.

Los piojos retroceden

estrechando filas,

perseguidos

por el fuego

de los microscopios.

La cadena desinfectante los golpea y golpea.

Los enemigos son puestos

patas arriba.

Y abajo

blandiendo como bandera una receta,

desfila triunfalmente el Narkomzdrav del mundo entero

De Wilson sale un extraño sonido,-

Enfermedades y penurias han sido vencidas,

y envía su último ejército,

el ejército envenenado por las ideas.




















Autor: 6pav6lov6
http://libros-online-gratis.blogspot.com/

No hay comentarios:

Publicar un comentario